Colombia: El patio eléctrico más grande del continente

La presentación de la prueba piloto de movilidad sostenible con hidrógeno en el transporte público este martes, en Bogotá. / ALCALDÍA DE BOGOTÁ

Para los colombianos el hecho pasó desapercibido, pero desde afuera reviste especial importancia, en particular así lo ve el diario El País de Madrid

NICHOLAS DALE

Muy buenos días, lectores,

Mucho se ha hablado a nivel teórico sobre la transición energética en Colombia en los últimos meses. La ministra de Minas y Energía, Irene Vélez, ha expuesto planes de largo plazo para hacer de la colombiana una economía sostenible. Pero, a veces expuestos en unas cortas declaraciones o en documentos cuestionados públicamente, han hecho que su tesis sea criticada o ridiculizada. Para sus críticos, esos planes, derrumbarán la economía e incluso destruirán el desarrollo logrado en el país en los últimos años. Sin embargo, este lunes en Bogotá la alcaldesa Claudia López ha dado muestras de que la transición no es un compromiso únicamente del Gobierno nacional y que sí se está avanzando de manera concreta en buscar la sostenibilidad. Aunque falta muchísimo más, es un comienzo alentador y una exposición de intenciones.

Bogotá cuenta con el parque de buses eléctricos más grande de América Latina y -esto es lo más novedoso- con su primer autobús de hidrógeno, con su planta de carga. Todos saben que el transporte contamina, pero el dato exacto estremece: el 78% de la contaminación en Colombia es causada por automóviles, buses y camiones, según Greenpeace. Por eso, desde la alcaldía de una ciudad tiene sentido empezar por ahí las medidas concretas, como el reemplazo de una flota de buses antigua y altamente contaminante por una nueva y más verde. En la capital ya hay más de 1.500 buses eléctricos y varios patios construidos o habilitados especialmente.

El impacto, más allá de la reducción en el carbono liberado, se puede ver en la salud de la población -la alcaldía estima que se ahorran más de $30.000 millones de pesos en tratar enfermedades asociadas a la contaminación gracias a todos los cambios que ya se han hecho-, en los empleos generados y el impulso que se le da a la industria a partir de estos proyectos. Por ejemplo, la alcaldía señala que el bus de hidrógeno fue ensamblado en Colombia. Si se apuesta por ese sector, el país podría convertirse en productor de una tecnología de punta con un muy alto valor añadido, algo inusual en una economía que se sustenta en lo extractivo. Esto, añadido a las alianzas público-privadas que lograron producir el vehículo, demuestran que la transición no tiene por qué ser un lastre económico, y que por el contrario pueden dinamizar la economía.

A nivel nacional el potencial es todavía mayor, pero significa que también hay más trabajo por hacer y más inversiones necesarias. Cuando ya no se habla de una ciudad los frentes abiertos se multiplican. Ya no es solo el transporte lo que hay que tener en cuenta, sino la generación eléctrica -en Colombia las fuentes renovables, principalmente hidroeléctricas, producen alrededor del 70% de la energía, un muy buen dato, pero el potencial del país en eólica y solar está muy lejos de ser aprovechado-, en la conservación – se puede llegar a la sostenibilidad si se retiene más CO2 del que se produce- y, sí, en el modelo extractivista en el que actualmente casi la mitad de todas las exportaciones son de petróleo y carbón –productos altamente perjudiciales para el medio ambiente.

Este es uno de los retos más grandes a nivel global y Colombia no es una excepción. Sin embargo, por los rasgos geográficos y económicos del país está mejor posicionado que muchos otros para dar el salto. Y Bogotá, bajo el mando de la alcaldesa Claudia López, está dando un ejemplo.

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