Coja oficio

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Por Carlos Alberto Ospina M.

De generación en generación, la tradición oral resalta las costumbres y abre el camino a la formación de valores sociales y familiares a punto de amorosa cantaleta. Aquel que hacía caso omiso al llamado de autoridad aguantó el castigo y escuchó la ineludible sentencia de ‘estoy hasta la coronilla’.

Por lo general, las travesuras juveniles producían distintas laceraciones que contenían la ambigua sensación de triunfo y consecuencias recogidas: ‘Vio, eso es una enfermedad buscada, piernipeludo’. No obstante, ingresar de forma sigilosa a la habitación en busca de alcohol y una venda para encubrir el tortazo derivado de la caída del árbol, tal discreción no evitaba el acertado olfato de la mamá: ‘Ahí, hay gato encerrado, culicagado’.

‘Este muérgano se comió el pedazo de torta que había guardado para la tía Ceferina. Le voy a dar en la jeta para que aprenda a respetar’. Del golpe y el porrazo no se libraba el muchacho que arrimaba con la barriga llena y el corazón agitado consciente de su error por tragaldabas. A nadie le quitan lo bailado.

Ella, no es la horma de su zapato con lo culipronta que es’. Esta ligereza se constituida en la frase capital de varias vecinas que, minutos antes, disfrutaban del chisme fresco sobre la señora de la casa de la esquina que, día por medio, se bajaba de un carro diferente. ‘Esa india sí es muy de buenas. Con lo papito que es el marido’. En medio de conjeturas, cizaña y envidia apelaban a la doble moral de anhelar que ‘¡ojalá! hoy la dejen con los crespos hechos’.

Pocos acataron la advertencia a pesar del dictamen definitivo: ‘Ojo, se va a caer, antes seque ese charco para que no se resbale nadie, entre la ropa que van a caer hasta maridos y cuidado dejan quemar el arroz’. La experiencia con semblante premonitorio, a la fecha, no se ha podido refutar. En un santiamén comenzaba a diluviar, a la par que el mal viento se llevaba los calzones de la abuela y la sábana blanca oreada en el patio de la casa. ‘¡Se los dije! Me dejaron mojar la ropa’. ‘¿Cierto, mijo que a usted le gusta el arroz quemado?’Entonces, tocaba comerse el cereal carbonizado, puesto que la mitad de la papa capira reposaba encima del chichón del indisciplinado ‘mucharejo’. 

‘Me van a enloquecer con esa música a todo taco’. ¿Quién de los roqueros de antaño no vivió la repentina desconexión del cable a causa de pasar por alto el grito de auxilio de la desesperada madre? ‘Pero, má, ya le había bajado un poquito al equipo de sonido’. La respuesta contundente no tenía atajo: ‘Sí, cómo no, usted me cree boba. Me va a enloquecer con ese ruido. Fernando, te vas a arrepentir el día que yo me muera. Me vas a volver más loca de lo que estoy’. El rebelde, seguidor de heavy metal, años después llegaría al funeral con grabadora en mano. ‘¡El colmo! ni muerta la dejas descansar en paz’.

La lúdica iniciaba con un empujón que, el otro, respondía con una tira de pelo. Desde la cocina se escuchaba la voz insinuando ‘juego de manos, juego de villanos. Póngale la firma, pelaos’. Al cabo de segundos, la situación terminaba a empujones u ofensas mutuas. A disgusto, los hermanos se sentaban a la mesa sin pronunciar palabra. ‘No están ni tibios que los voy a dejar salir a la calle. Están castigados por desobedientes’. Transcurridos unos minutos, los dos ‘pelietas’, iban a suplicar la especie de boleta de libertad. ‘Ni alcahueta que fuera. La próxima vez les doy bien duro con la correa mojada. Le voy a contar a su papá, ténganse fino’. Nadie sufrió un daño duradero a causa de la reprimenda formativa.  

La lista de expresiones coloquiales y aforismos es interminable. De la misma manera que los recuerdos, las enseñanzas y las memorables pericias cotidianas. No faltará una caranga resucitada que se sienta aludida.

Enfoque crítico – pie de página. En presencia de la caída de más de diez puntos la imagen positiva y, por ende, el aumento del porcentaje desfavorable, Petro corre a pedirle a Maduro la deportación de la prófuga y condenada, Aida Merlano, con el fin de poner otra cortina de humo mediático a la falta de legitimidad de su gobierno. 

Algunos medios de comunicación más interesados en el espectáculo de frivolidades y unos cuantos ineptos periodistas siguieron el juego al líder del cuestionado ‘Pacto Histórico’ que, pretende imponer sesgos, para ocultar las investigaciones sobre la entrada de dinero del narcotráfico a la campaña, la desbordada inseguridad, la expedición de decretos sin pesos constitucional, los 200 líderes sociales asesinados durante los siete meses de su gobierno, los gastos suntuosos, los acuerdos con delincuentes, los actos podridos de Nicolás y Juan Fernando Petro; entre infinidad de ilicitudes.

Todo debe y saldrá a la luz pública, así cueste los ojos de la cara de los corruptos, por más que sea presidente de la República.

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