Antonio Navarro Wolff, el político de izquierda que se ganó la admiración del Estado

Antonio Navarro Wolff en una marcha contra el terrorismo en Bogotá, Colombia, el 20 de enero de 2019. ANADOLU (GETTY IMAGES)

El líder progresista cosechó el respeto de todo el espectro político colombiano tras lograr diálogos y consensos diferentes, incluso en medio de la violencia, una virtud en tiempos de polarización

CAMILA OSORIO

Bogotá – 

Antonio Navarro Wolff, un histórico político de la izquierda colombiana que ha fallecido este fin de semana a sus 78 años, representa para los colombianos lo que la polarización política no le ofrece actualmente al país: conseguir la admiración y el respeto de millones sin tener que movilizar rabia o odio con la ayuda de algoritmos. Navarro logró la admiración de millones promoviendo el diálogo y el respeto entre quienes piensan distinto. Cuando se conoció la noticia de su muerte, se pronunciaron con dolor decenas de quienes han militado en su esquina ideológica, a la izquierda, pero también líderes del centro político y sobre todo de la derecha con quienes tuvo profundos desacuerdos. Para todos, Navarro Wolff representaba un político decente.

El expresidente Álvaro Uribe, un líder clave de la derecha desde el 2002, fue de los primeros en pronunciarse. “Su pensamiento contrario no afectó una relación respetuosa especialmente cuando coincidimos”, dijo. Le siguió el expresidente Iván Duque, con más cariño: “Apesar de nuestras diferencias políticas, fuimos capaces de llegar a acuerdos y construir una amistad en la que primaron siempre la sinceridad, la franqueza y el respeto por el otro”. También lo reconoció el senador del uribismo Rafael Nieto: “Demostró que es posible que personas con profundas diferencias ideológicas pueden trabajar en conjunto para mejorar el nivel y la calidad de vida de los colombianos”. 

Pero los alagos llegaban de todas partes. Mauricio Cárdenas, exministro de Hacienda en el Gobierno de Juan Manuel Santos y también más a la derecha que Nararro, reconoció que cuando el líder de izquierdas fue senador desarrollaron “una relación cercana basada en la respeto mutuo y el compromiso con Colombia”.

Antonio Navarro Wolff, quien fue un comandante de la guerrilla del M-19 en los años ochenta, no es recordado generalmente por su pasado en las armas. Se ganó el respeto de los colombianos en dos momentos claves en la historia reciente del país. Primero, cuando no llamó a retomar las armas tras el asesinato del comandante del M-19, Carlos Pizarro, en abril de 1990. Pizarro y Navarro acababan de acordar la paz con el Gobierno, pero este último pidió un espacio en televisión nacional tras el asesinato para llamar a la calma y exigir solo un entierro en paz. 

“Le dio a Colombia una paz que todo este país debe agradecerle”, recuerda el político liberal Rafael Pardo, quien en su momento lideró las negociaciones con el M-19. Era una época en la que cientos de militantes de izquierda fueron asesinados, pero Navarro fue quien reconoció que era momento de apostar a la paz en medio de la violencia. Así lo destacó el expresidente Gustavo Petro en sus redes sociales, quien era entonces un joven militante del M-19. “Surgió con voz moderada y tranquila Antonio Navarro Wolff mi compañero, convenciéndome y convenciéndonos, que había que proseguir con la paz y que debíamos que cumplir con la palabra empeñada”.

El segundo momento en el que Navarro se ganó la admiración de miles ocurrió poco después, cuando fue copresidente de la Asamblea Nacional Constituyente y lideró allí a las fuerzas progresistas que supieron trabajar en conjunto con conservadores y liberales. En un momorable discurso del 4 de julio de 1991, celebró no su victoria sino el “trabajo colectivo más impresionante del que ha sido testigo nuestra generación”. Le dió el crédito a todos: indígenas, cristianos, católicos, ateos, exguerrilleros, representantes de la aristocracia, sindicalistas y políticos tradicionales. “El mosaico del país”. 

Izquierda y derecha lo conocen desde entonces como uno de los padres de la Constitución de 1991 que reconoce a Colombia como un Estado social de derecho, y en el que Navarro fue clave para esa palabra social. “Puedo testimoniar sobre su vocación de servicio, sus miras afincadas en la búsqueda del bien común, su inteligencia y su liderazgo constructivo. Mucho de la Constitución, que recoge un enorme consenso nacional, se le debe a él”, dice Humberto de la Calle, liberal que era entonces ministro delegado del Gobierno de César Gaviria.

“Fue también ejemplo de resiliencia”, añade el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, cuyo padre liberal fue asesinado en la misma época de Pizarro. “A pesar de las secuelas de la guerra en su cuerpo, siguió apostando por la democracia y nunca perdió la capacidad de reírse de sí mismo”, destaca. Navarro perdió su pierna izquierda tras una granada que también le afectó el habla, algo de lo que aprendió a hablar siempre con humor. “Mi mayor orgullo es bailar como un trompo”, dijo en una entrevista a la revista Soho. 

Con el mismo humor se acercaba a la política. “¿Qué ha habido?”, dijo con tranquilidad Navarro cuando se coló a un debate presidencial televisivo, de 1994, al que no fue invitado porque no aparecía punteando en las encuestas. ”Un hombre de paz, constructor de consensos, con buen humor. ‘¡Mataron a Gaitán!’, decía cuando le decíamos una obviedad”, recuerda la exsenadora Ángelica Lozano, con quien trabajó en el partido Alianza Verde.

Navarro pasó a ser alcalde de su ciudad, Pasto, al sur del país, y también gobernador de ese departamento, Nariño, donde los políticos locales reconocen con admiración esa misma vocación por el consenso. “En Nariño es el político más querido”, dice el actual gobernador, Luis Escobar, quien también viene de la izquierda. Navarro arrancó allí una política de cabildos para democratizar la creación de presupuestos, y permitió así “la vinculación directa de la comunidad y los diversos sectores del desarrollo territorial en la toma de decisiones”, recuerda Escobar.

No solo la para la izquierda sino para la derecha, Navarro fue un ejemplo de un gobernante eficaz, que redujo la pobreza de Nariño e impulsó su economía. Y sobre todo, que lo hizo sin un escándalo de corrupción. “Gobernó Nariño con transparencia, sin que jamás se le señalara comportamiento anómalo en el manejo del presupuesto”, reconoce la senadora uribista María Clara Posada.

Menos visibles han sido las voces de reconocimiento del nuevo Gobierno de Abelardo de la Espriella. Una pequeña excepción es Carlos Alonso Lucio, quien es cercano al nuevo presidente y fue miembro clave del empalme, pero también fue miembro del M-19. “La vida de Antonio Navarro fue una vida ejemplar. Ejemplo de paz. Ejemplo de integridad. Ejemplo de liderazgo”, reconoció en sus redes sociales. Un liderazgo carismático que no necesitó de la polarización para ser visto.

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