Lo que la visita de Trump a China no puede arreglar

En el aeropuerto de Pekín, a la llegada del presidente Trump. Kenny Holston/The New York Times

Por Alexandra Stevenson

En las semanas previas a la cumbre que comienza este jueves con Xi Jinping, Donald Trump se ha mostrado notablemente más conciliador hacia China. Xi es “muy respetado”, dice Trump. Su relación es “extremadamente buena”. Su reunión será “monumental” y estará repleta de acuerdos para productos estadounidenses como la carne de res, la soya y los aviones Boeing.

“Van a pasar cosas buenas”, dijo Trump antes de partir.

Se trata de un gran cambio respecto al enfado que Trump expresó durante la campaña electoral y durante su primer mandato, cuando dijo que no permitiría que China “viole a nuestro país” y prometió hacer pagar al país por los empleos y las industrias que Estados Unidos ha perdido.

Sin embargo, las expectativas para la cumbre siguen siendo bajas. Trump será recibido con todos los honores. Es probable que se produzcan algunas ganancias transaccionales a corto plazo. Pero es poco probable que esto conduzca a un cambio significativo en una relación que desde hace tiempo está en crisis.

En Busan, Corea del Sur, el año pasado. Haiyun Jiang/The New York Times

Lo mejor que se puede esperar, dicen los expertos, es que ambos líderes den señales de estabilidad. Porque a pesar de todo el énfasis que pone Trump en su “amistad” con Xi, casi todo lo que está haciendo el gobierno de Trump ha encaminado a los dos países hacia una relación peor, no una mejor.

Una carrera hacia la autosuficiencia

El Partido Comunista que gobierna China lleva mucho tiempo enfocado en aislar al país de las crisis geopolíticas. Utiliza subsidios y ayudas estatales cuando puede para dar prioridad a la autosuficiencia en energía, tecnología y cadenas de suministro y, cuando no puede, para asegurarse de que recursos críticos como el petróleo, la soya y los chips de última generación estén disponibles de forma fiable.

El gobierno ha redoblado estos esfuerzos desde que Trump puso a Pekín en la mira durante su primer mandato presidencial. Como lo expresó Xi en un ensayo de 2020, el objetivo es atraer “las cadenas industriales internacionales a una dependencia cada vez mayor de China” para “formar una poderosa capacidad de contrarrestar y disuadir cualquier interrupción deliberada del suministro por parte de agentes externos”.

Puede que Trump haya moderado su retórica. Pero de cualquier forma su segundo mandato se ha caracterizado precisamente por este tipo de alteraciones, algunas más deliberadas que otras. La guerra comercial de Trump, su derrocamiento del líder de Venezuela y su campaña militar en Irán han golpeado a China donde más le duele.

La guerra comercial ha sido el ataque más directo a los intereses chinos. Aunque Trump retiró algunos aranceles sobre productos chinos antes de la cumbre de esta semana, sus funcionarios de comercio buscan algo más antagónico. Han utilizado sanciones y acuerdos comerciales para obligar a empresas y países a eliminar a China de sus cadenas de suministro y prohibir la exportación de recursos críticos que China necesita, como los chips estadounidenses.

Un puerto en Ningbo, China. The New York Times

China ahora amenaza con emprender acciones legales contra quienes cumplan con las exigencias de Estados Unidos, y avanza más rápido hacia la independencia en áreas como la inteligencia artificial.

Desde la perspectiva del gobierno de Trump, el principal propósito de la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no era afectar a China. Sin embargo, de todos modos enfureció a Pekín. La operación no solo se llevó a cabo horas después de que el enviado especial de China para asuntos latinoamericanos se reuniera con Maduro, sino que China la vio como un ataque a una fuente de petróleo barato que lleva utilizando por años y una amenaza para otras materias primas de Latinoamérica como el cobre y el litio. (Aquí puedes leer por qué, en español).

Por último, el ataque estadounidense-israelí contra Irán, y la muerte de su líder supremo, pusieron en peligro la otra fuente de petróleo con descuento de China. El consiguiente bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del suministro mundial de petróleo, ha hecho subir los precios del petróleo y ha perjudicado a la ya tambaleante economía china (lee cómo, en español). Actualmente China depende mucho menos del petróleo extranjero que hace una década, pero sigue siendo el mayor comprador del mundo.

En los tres casos, Pekín ha condenado las acciones en conferencias de prensa diarias y semanales, y las ha calificado de actos de “intimidación” y violaciones del derecho internacional.

¿Un círculo vicioso?

La frágil tregua entre Estados Unidos y China se ha mantenido, pero la presión crece por todos los frentes. La mayoría de los expertos espera una nueva ronda de escaladas y de aranceles recíprocos poco después de esta reunión.

Con Trump, las predicciones son siempre difíciles, por supuesto. Pero el peligro es que los dos países se encaminen hacia una espiral interminable.

Las medidas tomadas por Washington para socavar la seguridad económica china han encendido las alarmas en Pekín, lo que ha llevado a China a acelerar sus esfuerzos para asegurar las cadenas de suministro (y también a prepararse para utilizarlas contra sus enemigos). Está haciendo esto, en parte, mediante más fabricación en el país. Eso, a su vez, llevará a las empresas chinas a exportar más, lo que aumentará las tensiones geopolíticas, lo que detonará una nueva reacción en cadena de rechazo político.

Una vez que se han puesto en marcha, estas fuerzas son difíciles de detener. Sin duda hará falta algo más que palabras amistosas y unos cuantos acuerdos sobre soya y aviones.

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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