
Daniel Samper Ospina
Soy tibio. Soy retibio. Únicamente me sobra vehemencia para definir mi medianía, mi tembloroso punto medio. Cuando convocan a una marcha no sé si salir a la calle o quedarme en la casa, y generalmente parto por la mitad y monto un plantón. De ese tamaño es mi tendencia a los grises, mi espíritu de privilegiado por siempre en modo de titubeo.
Así que, en medio de la polarización de estas elecciones, en las que los candidatos de centro están más devaluados que la acción de Ecopetrol en tiempos de Ricardo Roa, siento una angustia especial por lo que viene. Llevo varias noches sin conciliar el sueño. No tengo por quién votar. En las tardes puedo durar horas abrazado a un cojín, sin emitir palabra alguna, mirando a lontananza con los ojos ausentes, mientras mi cerebro se desboca a escenarios catastróficos en los que el país es devorado por alguno de sus extremos. Si es el de la izquierda, visualizo el ascenso de Iván Cepeda con su arrume de firmas en favor de la constituyente bajo el brazo. Las desempolvará el 8 de agosto, cuando ya haya obtenido la victoria y no necesite disimular: esa misma semana, vestido de verde oliva y con la barba súbitamente poblada como la del dictador de Bananas, el compañero Iván tomará el micrófono y leerá en un papelito lo siguiente:
Camaradas:
No pudimos lograr un acuerdo nacional. Dijimos que la constituyente no era nuestra prioridad, pero ahora sí lo es. En adelante, artículo primero: el único partido legal en Colombia será el Pacto Histórico. Artículo segundo: Iván Mordisco será ministro de Defensa. Artículo tercero: salvo las del conjunto Santa Ana de Chía, se derogará la propiedad privada. Artículo cuarto: quien tenga giba y vista camisas sin cuello podrá ser presidente de forma indefinida. Comuníquese y cúmplase.
Los que nos resistamos al régimen seremos confinados en colonias instaladas en islas, semejantes a los gulags soviéticos. Con gran sentido semántico, a Fajardo lo enviarán a la de Roncador. A mí, a la isla de Malpelo. Mi vecino de celda será el exmagistrado Valencia Copete. Allá nos someterán a todo tipo de torturas que van desde analizar la entrevista de Westcol a Berto, hasta aprender poemas de Roy Barreras.
Para contener semejantes pensamientos, quise ventilar mis temores con el sicólogo al que dejé de consultar hace algunos años, cuando en una sesión señaló con vehemencia cuál era mi problema:
—Es que usted no sabe soltar —me regañó.
Me lo dijo cuando salí del baño. Desde entonces no regresé.
El hecho, pues, es que estas elecciones me tienen al borde del manicomio. Para evaluar las condiciones del centro, hablaría con Claudia López y su fórmula, el señor Huerta, el verdadero candidato de los nadies, pero ahora mismo están dando la vuelta a Colombia en una camioneta bautizada como “La imparable”, acaso como diagnóstico del estado de los frenos; o llamaría al mismísimo Fajardo. Pero me da vergüenza despertarlo.
No queda remedio diferente al de sortear el momento con lo que hay: encontrar el antídoto comunista del camarada Cepeda —que, dicho así, parece una acusación escatológica digna de mi viejo terapeuta— en el Bukele de Montería, el doctor Abelardo de la Espriella, aquel candidato que esta semana sacó a la venta un reloj que costaba veinte millones de pesos, y la gente lo compró. El colombiano -vean- invierte su dinero en verse distinguido. Abundan las personas que sueñan vestirse con ropa ya no digamos Pierre D’Agostiny, sino Abelardo’s: salir a la calle con el reloj del tigre en el pulso, con unos tenis de diseño en cuyo empeine sobresalga la efigie del tenor del Caribe en el saludo de firmes. Hacer buches con su marca de vino para medir el buqué. Ingresar, en síntesis, en un mundo de distinción en el cual la elegancia sea la norma y el espíritu nacional se funda en esa estética tan italiana que emana del candidato Papucho, todo él puro mármol y neón.
Pero las últimas jugadas de la campaña de Abelardo parecen hacerla flaquear. En las encuestas más recientes aparece tan estancado como el agua misma de la Fontana di Trevi frente a la cual sueña entonar un aria el cantante Papuchini. Por si fuera poco, la elección del doctor Restrepo, su compañero de fórmula, que en un principio iba a aportar lo que le falta a Abelardo —mesura, academia y calcetines— no solo no le ha sumado seriedad al candidato, sino que se la ha restado a él: desde que ingresó a la jaula del tigre, el otrora profesor universitario y ministro ortodoxo baila canciones de merengue como si estuviera en el bazar del Gimnasio Campestre y saluda en posición de firmes ante las cámaras como si fuera un boy scout.
Solo en Circombia puede suceder que Paloma Valencia —la mujer que grita con histeria que Uribe es su papá, en lugar de viajar al Ubérrimo para exigir, de forma discreta, una prueba de paternidad— empiece a ser vista como la fórmula de salvación para ahorrar al país un incierto y delirante gobierno de Abelardo y a la vez evitar despeñarse hacia el insondable abismo del chavez-cepedismo: ¿es eso lo que nos espera? ¿En qué momento el uribismo es el nuevo centro político del país? ¿El hermano de Duque es mamón? ¿Esa es la paz de Santos?
No me quedan uñas por comer, almohadas por abrazar. Observo el diseño del tarjetón publicado por la Registraduría y me duele el pecho y me hace falta mi mamá. La primera vez que miré el collage de candidatos, confundí al candidato Balín con Roy Barreras, a Claudia López con Leonardo Huerta, a Luz María Zapata con Sondra Macollins. Al señor Karam Helo le dejaron los dos apellidos, acaso como un gesto de dulzura. E Iván Cepeda aparece en el número uno, ay, como si fuera una premonición.
Qué destino. A veces sueño con dejarlo todo atrás y huir a la isla de Malpelo en compañía de Valencia Copete (y construir una nueva vida con él).
Pero me cuesta trabajo soltar.
Y eso lo sabe mi antiguo sicólogo. Y sobre todo su plomero.
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BOGOTÁ
Martes 14 y 21 de abril – Auditorio Orígenes de la Universidad EAN
PEREIRA
Sábado 25 de abril – Teatro Santiago Londoño
BARRANQUILLA
Sábado 2 de mayo – Teatro José Consuegra
CALI
Sábado 9 de mayo – Teatro Calima
BUCARAMANGA
Sábado 16 de mayo – Teatro UNAB
MEDELLÍN
Sábado 23 de mayo – Teatro Universidad CES
