El discurso del presidente de Colombia, Gustavo Petro en la asamblea general de la ONU es la voz de un pueblo que ha resonado ante el mundo frente al escandaloso silencio de las naciones árabes, según pronunciamiento de intelectuales palestinos.
Por Alaa Al Qatrawi
(Dra. en Literatura de la Universidad de Gaza, y madre de cuatro hijos asesinados en el genocidio de su pueblo)
Tras su discurso en las Naciones Unidas, por primera vez, pude percibir y sentir el significado del potencial de la fraternidad humana universal.
Para ser sincera, nos hemos acostumbrado tanto a soportar las más amargas agonías y decepciones tras vivir bajo este genocidio durante más de 700 días, que he perdido toda esperanza de escuchar una sola palabra que calme mi larga y ardiente ira ante éste mundo sordo.
El silencio es especialmente ensordecedor, cuando proviene de aquellos que supuestamente comparten mi lengua y mi etnia. Su cobardía y sus discursos vacíos han sido cómplices de nuestra masacre a gran escala.

ONU News
Y entonces, llegó tu voz, y me alcanzó como un rayo de sol que no se deja vencer por la oscuridad.
Como una mañana que fuerza la apertura de mis ventanas cerradas y chirriantes, y una claridad que derrota las casillas negras de un tablero de ajedrez de un solo golpe.
Te das cuenta de lo que has hecho? De cómo lograste decir todo lo que dijiste?
Tus palabras fueron mucho más que simples palabras. Por qué?
Porque desde que comenzó el genocidio, los gobernantes árabes no han sido capaces de pronunciar ni una mínima parte de lo que tú dijiste.
Porque las palabras verdaderas requieren hombres verdaderos, y tú eres un hombre verdadero.
A ti te corresponde hablar, y a nosotros nos corresponde alegrarnos por ti y creerte.
Porque sentí, al fin, que hay alguien que realmente cree en la humanidad del pueblo de Gaza, y en la necesidad de terminar esta guerra, lejos de discursos cómplices que siempre culpan a la víctima, y glorifican al verdugo, buscandole mil excusas.
Tus palabras no son simples palabras, mi hermano, y permíteme llamarte hermano. Te lo digo sintiendo el peso de la palabra como el Profeta Yusuf, de qué «la paz sea con él, segun se lo dijo a su hermano Benjamín, cuando percibió su miedo:
«Soy tu hermano, así que no temas, no sufras, ten paz, porque estoy contigo».
Después de tu discurso de en las Naciones Unidas, por primera vez pude saborear y sentir el significado del potencial de la hermandad humana universal.
Como mujer de Gaza, temía abandonar ésta tierra devastada y corrompida por la humanidad, a través de la sangre y el caos, sin escuchar a un líder pronunciar una palabra de verdad ante los Estados Unidos, una potencia que apoya diariamente la opresión de mi pueblo.
Hemos pagado un precio altísimo por éste apoyo incondicional al mal, ya sea con sangre, hambre, desplazamiento forzoso, de opresión y exterminio constante.
Así que, querido Gustavo, tus palabras no son simples palabras, pues son testimonios para la historia.
Debería lamentar que Dios haya reemplazado a los líderes árabes por ti para pronunciar la palabra de la verdad? O debería alegrarme porque nos ha bendecido con un sustituto tan noble, señor Gustavo, y darle gracias a Dios por ello?
Habla, Gustavo, porque los líderes árabes tienen miedo de hablar.
Habla, Gustavo, porque tenemos sed de una retórica que nos recuerde, que aún queda un pequeño lugar en este mundo para la verdad.
Habla, Gustavo, porque, por Dios, tú te has erigido como una prueba contra los silenciosos, los traidores, los cobardes y los cómplices de nuestro genocidio.
Habla, Gustavo, porque eres un hermano para cada alma oprimida en Gaza.
Viniste en nuestra ayuda cuando la ayuda era escasa, cuando tanto los cercanos como los lejanos nos abandonaron.
Habla, hermano mío Gustavo, pues en Gaza
te queremos, como nuestro hermano.
