Los Danieles. Lagrimitas que matan

Daniel Samper Pizano

Daniel Samper Pizano

Ustedes seguramente recordarán la imagen: un cuarteto de caballeros juega una recia partida de naipes en el elegante casino del Titanic mientras el trasatlántico, ya corneado por el témpano de hielo, empieza su descenso hacia el silencio abisal. 

Resulta imposible no pensar en este escenario cuando, con media Europa en llamas, los líderes internacionales siguen promoviendo citas que no producen resultados, Benjamin Netanyahu continúa asesinando palestinos a plomo y bala y Donald Trump abre dulcemente los brazos a los líderes europeos y las piernas a Vladimir Putin. 

No podría ser de otra manera, pues ni los cuatro caballeros lo son, ni juegan a lo mismo. Trump intenta hacer méritos para que le otorguen el Premio Nobel de la Paz, pues cree que, por ser rico y poderoso, merece ganarlo, aunque fomente en silencio el genocidio gazatí y vea campos de golf donde hoy arden osamentas. En cuanto a Netanyahu, incrementa cada día sus metas para acoplarlas a la histórica fechoría en que está empeñado, y los líderes europeos rodean con timidez a uno de los pocos valientes del grupo, que es el ucranio Volodìmir Zelenski. Calladito y sibilino, Putin, viejo zorro siberiano, se traga a todos mañosamente y avanza hacia su propósito final: devorarse a Ucrania.

Lo peor es que los tahúres no se han percatado de que el casino está inclinado, el barco se hunde y tarde o temprano sus delirios naufragarán en un mar de llamaradas y olas gigantescas que nos deparan la indolencia y la codicia. 

La semana que hoy termina, mientras Trump armaba conferencias pro Nobel, se producían dos hechos catastróficos que anticipan lo que ocurrirá en el planeta en un futuro próximo. Por una parte, estallaron incendios silvestres de ferocidad inesperada en la zona europea mediterránea (Portugal, España, Francia, Italia, Grecia…). Por otra, fracasó estrepitosamente la conferencia cumbre de la ONU sobre la contaminación de plásticos. Un pequeño cartel de países petroleros boicoteó el acuerdo que 180 naciones estaban dispuestas a firmar para racionalizar la producción de estos materiales de difícil destrucción que inundan mar y tierra. Todo se hundió.

Es tradicional que el verano, con sus altas temperaturas, deje una estela de incendios. Pero nunca habían sido tantos ni tan intensos como en los últimos años. Durante varias semanas de julio y agosto los espantados ciudadanos de muchas latitudes asistieron por televisión al espectáculo de bomberos sacrificados, animales muertos, casas desmoronadas, árboles quemados y campos cenicientos. En España se han convertido en humo más de 390 mil hectáreas. Esto es, diez veces el área que ocupa Medellín. 

Lo más grave es que los peritos han detectado en el fuego modelo 2025 una fuerza extraordinaria y un comportamiento extraño. Aún no se ha logrado calibrar con exactitud la influencia del cambio climático, pero se sabe que el paso del tiempo embravece las ráfagas. 

También corre peligro la Amazonia, el mayor pulmón del mundo, que pierde todos los años miles de kilómetros cuadrados por la candela que siembran manos criminales interesadas en convertir los bosques centenarios en tierras ganaderas. En Brasil, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, ocurrieron el año pasado cerca de 190 mil incendios; en 2007 habían marcado un récord de 393 mil. Dos satélites registraron entre 50.729 y 72.330 focos ígneos.

No son las únicas amenazas que nos rodean, aparte de las ya famosas. Hace tres meses, el buque carguero de bandera liberiana MSC Elsa 3 naufragó a pocos kilómetros de la India. Los contenedores que ocupaban su interior regaron más de 70 mil sacos de pequeñísimas esferas plásticas. las llamadas pellets en inglés o, con engañosa poesía, lágrimas de sirena, en castellano. Estas lagrimitas nos llorarán en la tumba, pues son microplàsticos, maravilloso veneno químico que nos ha cambiado y facilitado todo desde hace un siglo medio pero constituye un peligroso amigo.   

La cumbre de Ginebra no logró acordar cómo controlaremos los desperdicios de esta industria y, en particular, las bolitas diminutas (menos de 5 milímetros de diámetro), tóxicas y tenaces que invaden la tierra. Son más omnipresentes que el Sagrado Corazón, pues muestras suyas se han hallado en el mar, la comida, fetos y bebés, en toda clase de órganos humanos, sangre y semen, peces y diversos animales. Hablamos de un tóxico terco y dañino que en 2015 provocó 158 mil muertes prematuras en el planeta (El País, 08-03-2025).

En general, el plástico es el rey del desecho. Cada año el mundo produce 400 millones de toneladas de este material, la mayoría de las cuales se usan una sola vez. Se calcula que en 2026 los sobrantes superarán los mil millones de toneladas. Apenas se recicla el 9 por ciento de la basura.   

Lamentablemente, los pasajeros del Titanic que se juegan nuestro futuro están más interesados en las riñas y trampas de casino que en la suerte del barco en que viajamos todos hacia el fondo del océano.

El Pelé de Gaza: Q.E.P.D.

Suleiman Al-Obeid era uno de los más famosos futbolistas palestinos. Lo apodaban Pelé y su historia deportiva, acumulada a lo largo de sus 41 años, era el orgullo de Gaza. Había jugado en varios equipos de la región y gozaba de la admiración de colegas como Mohamed Salah, el egipcio del Liverpool que hace cinco días fue elegido el mejor jugador de la liga inglesa. 

Imagen columna Daniel Samper PizanoSuleiman Al-Obeid

El 5 de agosto, Al-Obeid y su familia —mujer y cinco hijos— esperaban un magro plato de comida en un punto de reparto cuando un dron israelí descargó cohetes explosivos sobre los que hacían cola. El Pelé de Gaza murió instantáneamente, junto a otros ciudadanos. La Asociación de Fútbol Palestina informó que, con él, han fallecido ya en el incesante asalto israelí contra la población civil 339 miembros del gremio. La prensa europea pudo mostrar esta vez un rostro conocido, no solo una cifra que ya pasa de 62 mil víctimas.

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