Por Jesus Gonzalez Barcha, MD
Hace dos meses atendí a un paciente conocido desde hace años. Vive en Estados Unidos y cada vez que lo veo pesa un poco más. Esta vez su sobrepeso había aumentado, la hipertensión no estaba controlada y su prediabetes comenzaba a acercarse demasiado a la frontera diabética.
En Estados Unidos ya le habían formulado Mounjaro (tirzapatide) 2,5 mg una vez por semana, que es la dosis con la que habitualmente se inicia el tratamiento durante las primeras cuatro semanas. Esa presentación viene en un vial de 2,5 mg en 0,5 mL. Pero él había hecho su tarea: averiguó que también existía un vial de 10 mg en esos mismos 0,5 mL y enseguida apareció la pregunta: “Barcha, si necesito 2,5 mg cada semana, ¿puedo comprar el vial de 10 mg y utilizarlo para sacar de allí las cuatro dosis del primer mes?”. Había venido, en buena parte, para que lo asesorara sobre esa idea y para saber si realmente podía hacerlo de manera segura.
En Colombia se consigue Mounjaro de 10 mg/0,5 mL a un precio excelente comparado con la presentación de 2,5 mg. Así que no estaba tan descabellado. En Estados Unidos la tirzepatida está aprobada como Zepbound para control del peso en personas con obesidad o con sobrepeso acompañado de enfermedades asociadas, como hipertensión y/o diabetes; la dosis inicial es 2,5 mg una vez por semana durante las primeras cuatro semanas. En Colombia, a agosto del 2026 Mounjaro tiene indicación registrada para diabetes tipo 2, no específicamente para tratamiento del sobrepeso, como el caso de él.
Entonces sacamos la calculadora. El vial de 10 mg contiene cuatro veces la dosis inicial de 2,5 mg. Y ahí estaba la razón de su entusiasmo: con los precios que encontramos en Colombia, un vial de 2,5 mg costaba alrededor de US$82, de modo que cuatro dosis para el primer mes se acercaban a US$327. El vial de 10 mg cuesta aproximadamente US$153. Si uno mira únicamente los miligramos, el ahorro potencial rondaba los US$175 durante esas primeras cuatro semanas, algo más del 50%. Le expliqué la división, cómo interpretarlos y usarlos en una jeringa pequeña de insulina (de 30 unidades) para trabajar con volúmenes reducidos; ..pero se lo repetí varias veces: tenía que ser extremadamente cuidadoso con la dosis. También le advertí que estábamos hablando de una presentación que la empresa que lo produce (Lilly) lo comercializa como dosis única y que reutilizarla implica precauciones adicionales de manipulación, conservación y esterilidad. Ahorrar dinero estaba muy bien; convertir la economía en un error de dosificación, bastante menos.
Alberto regresó 45 días después y pesaba siete kilos menos. Su glucosa había mejorado ostensiblemente, también su presión arterial y, quizá lo que más me gustó escuchar: estaba mucho más contento con el proceso. Tenía menos hambre, estaba consumiendo la cantidad de proteína que le había recomendado y había comenzado a hacer ejercicio de fuerza. Como había tolerado bien la fase inicial, avanzamos a 5 mg semanales. Entonces le dije riéndome que todo lo que estaba ahorrando en medicamento seguramente se lo estaba gastando en pasajes a Colombia. Me corrigió inmediatamente: “Barcha, yo de todas maneras tengo que venir cada 60 días por negocios. Esto para mí es un plus”. Y tiene razón. El verdadero negocio no eran los dólares que había conseguido ahorrar: eran esos siete kilos menos, una presión mejor, una glucosa alejándose de la diabetes, menos músculo perdido durante la dieta y un paciente que, por primera vez en mucho tiempo, sentía que el peso iba en la dirección correcta.

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