Sinderesis de la condición humana 2026                                                           

Racionalidad y sinderesis. Ilustración Francisco José Virtuoso/Yahoo

Por Mariano Sierra S.

Razón reguladora de la condición humana. Su influjo emocional constituye un intento en medio de saberes políticos que se dirigen a relacionarnos con la actividad existencial, vida en esencia donde habla la razón y los contrapesos de las circunstancias, donde tomamos caminos distintos, caminos de indiferencia, caminos que nos alejan de la finitud, bajo contextos contradictorios, de dudas escépticas, ante un radicalismo sobornable,  donde la tiranía, el fanatismo,  y una oposición irracional se convierten en contextos fuera de control,  en habladuría de oídas, ya que las razones perdieron su sentido, convertidas  en inconclusas tragicomedias politiqueras.

La civilización, ese cordón umbilical de la historia trae consigo unas diversas consideraciones que dan luces para juzgamientos humanos que encierran verdades de convivencia geopolítica. Así como la actividad política cuya conducta atraviesa la causa del des cubrimiento de América. La memoria histórica nos enseña la evolución de ideas emancipadoras que simbolizan la vida de los pueblos conducidos por vertientes esclavistas que entorpecieron el desarrollo de la nueva República, de los nuevos pueblos, ávidos de codicias y mezquinas ambiciones propias del caos.

A la vista de todos, fluye un mundo en transformación, entre sujetos coloniales e imperios, migraciones que se han convertido en sujetos de la gran geopolítica degeneradora de la raza humana afligida por el genocidio a gran escala. El gran pecado del prójimo es la insensibilidad, clave para entender la relación con el entorno, entorno que no es otro que señalar que la patria es el mundo, y de allí parte la querencia humana. Conocer la patria es principio de rigor histórico que empieza con el despertar de la conciencia histórica. Intento para construir identidad y razón de un modelo de país donde tratamos de unir la relación con el otro, ese otro, parte entrañable de lo nuestro. Ese otro que vive en un mundo simbólico. Un mundo interpretado, un mundo programado, lleno de ecuaciones y algoritmos que no nos deja vivir la finitud, ser como somos y queremos ser, por poseer la estirpe de la libertad y la justicia social.

Ascendemos, descendemos dentro de divergentes planos filosóficos, explorando la identidad humana en un dialogo absurdo pues vivimos en torres de babel, donde no hacemos unión del amor con la dinámica social de un lenguaje prístino. Orbitamos entre realidades que desconocemos dentro del complejo mundo conductual que solo inspira capacidades que eludimos, pues nos movemos dentro de la horizontalidad y la verticalidad, que nos convierte en una nueva monarquía.

Un problema de línea hoy es luchar contra la desigualdad que conforma el mayor núcleo problemático social. Ello exige que la sociedad como tal vaya al cambio con voluntad para romper hábitos y contextos ancestrales para que afronte nuevos modos de eliminar el divisionismo social, hacia una equidad, un conocimiento, una cooperación y un humanismo pleno con fuerza espiritual. Pero también exige el apoyo de la política estructural en una compenetración transformadora en unidad y sin codicia, ponderando el amor núcleo central de la vida, fuerza para transformar.

Somos sordos ante las voces solitarias de los pueblos que claman en un mundo en llamas que colapsa por la corrupción boyante. Es el hombre una pasión que vive buscando la praxis de la finitud entre el tiempo y el espacio, contrario sería la nada o el vacío que vivimos buscando. Todo ello implica la finitud de estar en el mundo y sus realidades. Dice el pensador… Hay que escribir como se habla y sobre lo que vemos…. Es el ensayo donde la realidad y lo efímero llegan a tener la finitud para que fluya la verdad sin límites, sin el despropósito del falso fluir de falacias aceptadas.

La vida se nos presenta dentro del mayor horror genocida como un desliz de angustias. Cada día el mundo cambia su historia. Los imperios no descansan con su ejército destructor donde prima la instrumentalización. La sociedad trata de interrelacionarse, pero fuerzas oscuras oprimen buscando que los hechos se desvíen en medio de una política incorrecta con mensajes en contravía a la luz de un canibalismo sesgado generado por los egos de los poderes codiciosos y por la desconexión de una sociedad que logrando recibir el beneficio para sus necesidades vitales, niega el progresismo.

Sociedad y todo actor del mundo se confabulan entre emociones y pasiones que perviven al unísono de impulsos irracionales forzando la condición humana para accionar y tomar decisiones con energías que precipitan. El hombre devora al hombre en medio de una gastronomía política, canibalismo heredado que ruge al acecho. La sindéresis, un juzgar con apremio, un pensar sin voluntad, viaja hacia el autoritarismo fabricando pulsiones asimétricas, mientras una naturaleza asoma con figuras diversas, toda una perfección de vida asociada al sentir de la existencia que hace perder todo rumbo, porque sabe amar y gobernar con pulcritud y verdad.

La vida de los pueblos evoluciona A la luz del conocimiento, aun en medio de fuerzas hostiles enemigos del orden que rechazan su desarrollo. Pensares humanistas sofocan a aquellos detractores que solo aspiran una vida díscola, flácida, fácil de controlar, como enemigos que son de la cultura y de la educación. Hechos recurrentes de los imperios preponderantes, generan para los pueblos y el mundo, incoar acciones que constituyen el umbral para llevar a cabo transformaciones bajo medidas de diáfana trazabilidad, en un decidir, donde somos un fin para las migraciones narcóticas.

La vida en su praxis enseña un existir vacío porque la existencia de dioses fuera de la espiritualidad, son los que venden el vulgo profanador, que la condición humana hace posible al retornar la pedagogía interpretativa lejos de apariencias, dando lugar a sentimientos con un fin social humanista, altruista, lleno de filosofía universal-

Nadie siente como las víctimas, la existencia explotada, ni los hechos violentos ni el marginamiento destructor de vidas. Razón le cabe al politólogo Edgar Morin cuando señala…Se requiere un nuevo tipo de política que reoriente el progreso y se ponga al servicio de la humanidad…  Estamos y no estamos, los imperios nos invaden, nos programan desde todos los campos del ser, no hay libertad, solo un relativismo conducente. No se nos permite ser lo que queremos, todo es seducción, hasta el sexo delira. Nuestra vulnerabilidad nos hace esclavos de todo. Por ello no podemos decir como Neruda….Confieso que he vivido. Pero también nos inspiramos a brindar por la dulce vita, con la amarga cicuta, por la ingratitud del mundo, un mundo ancho y ajeno que gira al unísono de la razón y el pensamiento, evitando que la vida nos niegue el sentido de amar, para que no seamos seres unidimensionales, carentes de sensibilidad social, aprendiendo que vivir es un permanente nacer para nacer.

La vida no se detiene, ella va dándonos avisos de vida, conciliándonos en una globalidad de pasiones activas que exhortan a razonar con sentido común y una ética que nos permite respetar, reconocer, entender y dignificar al otro, nuestro otro yo.

No obstante, el control ideológico y la politización aberrante, como comunidad no nos permite estar ocultos. ni propiciar asonadas a la personalidad. La identidad del que quiere el cambio y lucha por él ser, debe tener la firmeza espiritual sin apasionamientos. Elías Canetti hombre social y de percepción humana frente a la comunidad enseño que la masa y el poder conforman elementos de acción para enfrentar y defender los derechos que la razón simboliza con la historia de los pueblos que construyen la libertad con justicia social…. Con este devenir vamos buscando un vivir en un mundo incierto, que solo lo salva la resistencia y el quiebre al tiempo,

EL ser es por lo que quiere ser. Lo devoran sus instintos, así el mundo también lo condicione a ser, lo que aquel quiere. El tiempo nos conduce, nos moldea, nos lleva por sus espacios a veces invisibles. Donde moran los recuerdos, fijando esperanzas. Vivimos auras de poder positivo y negativo, es la voz de la conciencia que siempre habla en el silencio, tomando rumbos cuyo giro provoca pasiones que se enfrentan a la cosmosintesis del obrar dejando huellas, plasmando caminos de superación o de odio, o de codicia genocida que vulnera los derechos humanos.

Es la puerta de la vida un libro abierto, por donde penetra el hombre, siempre nos dice algo atinando a comprender y nos deprime cuando la revolución nos es adversa y creemos que nuestro interior nos engaña, pero no, pues el espíritu que lo mueve la fe alimentada con amor se realza para servir. Cuando animamos la palabra que es vida en acción, invocamos la conciencia que es el libro que previene tempestades. El conocimiento es vivir, no hacerlo nos lanza a la oscuridad cósmica, donde podemos sucumbir ante fuerzas visibles e invisibles de un inexistente ocaso, porque muere ante la revolución que arrolla la tiranía colonialista fugaz y sin identidad objetiva.

Y esos visibles e invisibles, somo todos los que entre paradojas vamos marcando conductas que contrastan con la condición humana, valor visible prodigo de pasiones con fe, mística y un poder natural para enseñarnos a vivir como poéticos de nuestro vivir. Como invisibles marginales somos muchas veces comodines del mundo atrofiados por odios compulsivos que vagando con las venas abiertas queremos hallar un espacio donde no prolifere la codicia que merodea en los avernos de los ultramundos, y en el fascismo constructor de odios y de políticas sin destino.

Los invisibles han perdido el retorno acosado por los perjuicios borrascosos que los llevan hacia el pantanal de los esclavismos, reducto que fluye en el mundo de los sátrapas, y los ácratas, laberintos sin salida que confina bajo espacios fascistas, terrenos que describen el revés del mundo como aquellos sepulcros blanqueados del destino, indiferentes que existieron en la historia con el espíritu pasivo y apático.

Pero surge siempre la Fe, ese obrar invisible, que, si no se vive, se enfría, se precisa parca y por ello el fuego de la vida es a veces tiránico, impidiendo que un fuego apague otro fuego, pero esa fe en nosotros forja nuestro viacrucis salvador. Siempre vivimos, nunca morimos, la nada no nos puede vencer. Los actos genocidas y el perfilar de voces mundanas hacen vibrar el sentir pascual de que no sabemos lo que decimos, ni lo que hacemos ni tampoco nos damos cuenta de que el crimen del Gólgota es un pasado, que sigue viviendo bajo los oscuros instintos de una comunitaria ceguera eclipsante, rumiando entre restas y sumas una esperanza mesiánica. Como nos lo propone la filosofía social, la filosofía de la desobediencia civil pacífica.

Hoy proliferan oscuras dimensiones de perros guardianes que merodean el destino incierto bajo parámetros irracionales al son de una libertad irresponsable que permite que la sociedad se vuelva un sin fin de esclavitudes condicionadas por el despotismo y la ignorancia crasa, cercenadora de conciencias y razones.  La condición humana que llevamos dentro nos hace ver realidades, para determinarnos que vivir muchas veces es un retroceso que solo es vencido por la esperanza.

Hemos exiliado pro tempore a la historia para sentir el candor humanista que romperá este presente ruinoso con un realismo de entereza ante voluntades indiferentes y unas voluntades criminales enceguecidas para asirse al tiempo y a la indiferencia, materia inerte que ahoga pero que sigue siendo parte de un presente de lucha. El hombre siempre ha querido desdoblar con la codicia la identidad humana, pero somos seres del olimpo radical y como tal mantendremos la espiritualidad ardiente para cambiar, no para descomponer ni hacer trizas a nadie, pues sabemos esculpir en el tiempo.

Todo acontecer humano busca responder con la verdad haciendo acopio de una praxis cuyo sentir real son los cambios hacia el pueblo sufrido, tomando partido, esto es, existir, ser ciudadano de corazón, rebelde en el amor contra lo que obstruye, contra el que lo quiere aniquilar. Gramsci dijo…Quien abdica de su voluntad, deja de hacer, deja que se aten los nudos que luego la espada o el jaguar pueden cortar, deja promulgar leyes que después la revuelta puede derogar, dejar subir a los hombres que luego solo un motín podrá derrocar…. El motín del estallido emancipador. El retorno del amor.

Con aparente sentir en este viaje de la vida, seguimos como pueblos en la pendiente llenos de pulsiones de lucha, dadas por el devenir florido que siempre marcha con el recio vigor del amor y el propósito firme de las instituciones democráticas que viven en las oposiciones con el objetivo de desentrañar las ficciones y los relatos de la imaginación aventurera convertida en procesos mentales, escepticismos aparecidos de la infecunda podredumbre humana que asocian a sus comandos todo un ejército de mercenarios que se identifican por aparecer en los grandes prontuarios judiciales. Y esos son los que van a gobernar. Vamos hacia una nueva colonización genocida.

Mariano Sierra S

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