Por Óscar Domínguez Giraldo
A Dimas le decían el buen ladrón. Era lo que hoy llamaríamos un “ladrón honrado”. Hurtaba para saciar, siguiendo el mandato de los Proverbios (6,30). Repartía entre los pobres. Fue la cuota inicial de Robin Hood. Siempre fue generoso con lo que no era suyo. Habría sido capaz de hacer la revolución con la plata ajena.
A Gestas, su colega de manos brujas, fáciles, robar se le había convertido en tic. Solo repartía lo que le sobraba. Dimas tomaba las cosas en préstamo. Eso sí, olvidaba devolverlas.
Dimas era un ladrón zen. Donde estaban las dracmas ajenas, allí estaban su corazón y sus manos: la izquierda, con la que robaba; la mano derecha la utilizaba para darle palmaditas en la espalda a quien le había robado. Exótica forma de pedir disculpas. Un gentleman.
Gestas alegaba que a sus hijos también les gustaba la ropa de marca para ir a la escuela. Y que los ábacos estaban muy caros. Quería que sus vástagos estudiaran para que no tuvieran que ejercer su arduo oficio.
Más que ladrón, Dimas era un poeta con las manos. Con sus dedos habría sido un gran pianista.
Gestas tenía manos de voyerista. Con cierto arte, hacía cambiar las cosas de dueño. Era tan bravo que en plena crucifixión le dio por regañar a Jesús. Hasta le exigió con despiadada ironía que los salvara a todos.
Dimas era un encanto de tipo. Era de los que agarraba el arpa en las fiestas y arrancaba a cantar. Era su truco favorito para que le mantuvieron la copa llena. Dimas era “todos los domingos del año”, como decían de Chaplin.
No se pisaban las mangueras. El oficio de ladrón también tiene su ética. Y su estética. Eran colegas pero no trabajaban en llave. Eso sí, cuando la suerte no sonreía al uno, el otro le prestaba. Luego no se cobraban: ladrón que roba a ladrón…
En casa de Pilato, los pillaron con las manos en la túnica de varios escribas. Y por ahí derecho los tiquetiaron para la crucifixión. Como robaban de día les cayó el Éxodo encima (22,2): el que robe de día «será reo de homicidio».
Dimas es el patrono de los carteristas decentes de antes: aquellos que aligeraban con delicadeza al dueño de su billetera sin que se diera cuenta. Si se daba cuenta, le ofrecían disculpas y hasta lo invitaban a almorzar. Encarnaban dos escuelas distintas unidas por el cordón umbilical del amor por lo que era del prójimo.
Al final, los dos se salvaron. Sólo Dimas ascendió a santo. Su día clásico se celebra el 25 de marzo. Es patrono de los prisioneros, condenados a muerte, dueños de funerarias y ladrones arrepentidos. Ambos andan arriba haciendo bellezas con sus manos.
