Entre el león y el zorro político

Honorio Henriquez, elegido presidente del Senado por una sorprendente alianza política. Foto Senado

Por Jaime Burgos Martínez*

La reciente elección del senador Honorio Henríquez como presidente del Senado ofrece una lección magistral de pragmatismo. Este hecho demuestra que los actos valen por sus resultados, más allá de la ideología, y reafirma que la política es el arte de lo posible. El político arrogante, aislado por comités de aplausos digitales, ignora las demandas reales de la ciudadanía.

Este perfil confía su permanencia al espejismo de las redes antes que al verdadero olfato político. Por eso, quien sustituye el realismo por la adulación virtual fracasa al quedarse sin resultados concretos que lo sostengan. El arte de lo posible castiga la soberbia con el error y el transcurrir de los días, finalmente, condena la altivez al olvido irremediable.

Esta realidad evoca el capítulo XVIII de El príncipe, de Nicolás Maquiavelo, sobre la flexibilidad moral del gobernante. El pensador afirma: «Conviene que el príncipe se transforme en zorro y en león. El león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro de los lobos. Hay que ser zorro para conocer trampas y león para espantar lobos». 

La fluidez del poder y la ausencia de una ética estable marcan la política contemporánea. El episodio del Congreso demuestra que la dinámica moderna opera bajo la supervivencia; esto genera un desplazamiento de los principios morales en favor de resultados inmediatos. Bajo esta premisa actual, el poder no se posee de forma definitiva: se ejerce. 

Su ejercicio es un mensaje de independencia y un freno necesario a la hegemonía del futuro Ejecutivo. Las relaciones del nuevo Gobierno con el Congreso no deben teñirse de espectáculos para la galería, sino de intenciones equilibradas. Las expresiones autoritarias y absolutistas solo consiguen impedir el trámite normal de los proyectos de ley de iniciativa gubernamental. 

Si se pierde el primer año en el Congreso, la gobernabilidad del país se tornará imposible. Conviene recordar la máxima del político español Santiago Carrillo: «En la política el arrepentimiento no existe. Uno se equivoca o acierta, pero no cabe el arrepentimiento». El pragmatismo dicta el éxito, mientras que la soberbia virtual sella el fracaso. 

*Jaime Burgos Martínez 

Abogado, especialista en derechos administrativo y disciplinario.

Bogotá, D. C., julio de 2026

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1 comentario

  1. Jaimito. Que bien tu razonamiento, mejor no se pudo decir.
    Las consecuencias de los hechos políticos, sin palabra.

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