Siguen asustados

La victoria de Gustavo Petro sobre el discurso del odio que puso a votar contra él a la mitad de los electores. Foto Infobae

Por Salvador Álvarez

Sigue el susto

Aparentemente el susto había pasado con las primeras declaraciones de Gustavo Petro como presidente electo.

La propaganda negra de la derecha que asustó en la más sucia campaña electoral hasta a  los más pobres, porque Colombia se convertiría un régimen tan malo como el de Venezuela o Nicaragua, se había ido a la basura la noche del 19 de junio.

La misma noche en que se conocieron los resultados de las elecciones, la sangre le volvió a las más apesadumbradas personas de la víspera, porque Petro celebró su victoria con un discurso en el que tendía la mano a sus detractores y convocaba a un acuerdo nacional con todos los sectores para garantizar la gobernabilidad de los próximos 4 años.

Bajo la presión de los gremios y los medios de comunicación, el presidente electo comenzó a desgranar nombres de los futuros ministros de su gabinete y cada uno, por su lado, comenzó a dar declaraciones sobre lo que haría, particularmente con la economía, desde su cargo en el nuevo gobierno.

El ya nombrado y no posesionado ministro de Hacienda José Antonio Ocampo anunció la necesaria implementación de una reforma tributaria que, para empezar, le clavaría impuestos a los “ricos” que ganen $10 millones, incluyendo a los pensionados que no solo “aportaron” para lograr el reconocimiento de ese derecho, sino que pagaron impuestos toda la vida, sin que la nación asumiera el pago de sus mesadas, como ocurre en otras latitudes.

El más reciente nombramiento Luis Carlos Reyes, futuro director de la DIAN, coherente con el que será su jefe en el equipo económico, no solo anuncia la persecución hasta con cárcel a los evasores  de impuestos que ningún gobierno anterior ha logrado cazar, sino la creación de nuevos impuestos,  aumento de tasas en algunos casos y la eliminación de exenciones tributarias que venían disfrutando los dueños y directivos de las empresas.

El panorama se oscurece aún más con el anuncio de nuevos impuestos para los servicios de telefonía celular -que incluye a todos los pobres- para financiar la cultura, según la Ministra Ariza

Para los pobres, principales consumidores de gaseosas que acompañan con un pan como almuerzo,  está la propuesta del cobro de impuestos a las bebidas azucaradas que anuncia la Ministra de Salud Carolina Corcho,  servirá para financiar los servicios de su sector a la población rural fundamentalmente.

La Ministra de Agricultura, Cecilia López Montaño, anuncia aumento en las tasas de tributación con un mayor castigo para las tierras ociosas, con el propósito de estimular la producción del campo y recuperar la capacidad de autobastecimiento que perdió el país con los tratados de libre comercio y lo convirtieron en importador neto de alimentos y bienes de consumo.

Desde comienzos del Siglo XXI, Colombia importa anualmente un promedio de 19 millones de toneladas de alimentos perecederos y procesados.

Es decir, cada ministro del nuevo gobierno trae bajo el sobaco un nuevo impuesto y falta el nombramiento del resto del gabinete.

Por eso se están celebrando reuniones en los principales clubes sociales y empresariales del país congresos y seminarios poblados de cabezas encanecidas cuyos conferencistas en su mayor parte son ex ministros y altos ex funcionarios del Estado que examinan, analizan y diagnostican la catástrofe económica del país.

Y, para acabar de completar, el telón de fondo es la recesión mundial, la devaluación de todas las monedas occidentales y una crisis que incluye fugas de capital y disparada el precio del dólar en Colombia, que también se le atribuyó localmente al presidente que todavía no se ha posesionado.

Bancos y fondos de inversión colombianos que organizan estas conferencias o seminarios contribuyen de gran manera a que los asistentes vayan consultando de una vez a las más acreditadas compañías y fondos de inversión del exterior “por si acaso”.

En esos grupos hay exfuncionarios corruptos que pretenden resguardar sus patrimonios en otros países.

Falta  que Gustavo Petro le ponga orden a su gabinete y señale cuál es la dirección correcta.

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