Salud. ¿Examina la planta de los pies? …y la siesta engorda?

Las plantas de los pies también merecen un examen. Foto copomur.es

Por Jesús González Barcha, MD

Hay partes del cuerpo que uno revisa con lupa… y otras que tratamos como si fueran el sótano de la casa: sabemos que existen, pero casi nunca bajamos. La planta de los pies suele vivir en esa categoría. Y sin embargo, ahí también puede aparecer uno de los cánceres de piel más agresivos: el melanoma. Sí, en la planta. No solo en la espalda del surfista australiano ni en la nariz del agricultor caribeño.

Hace unos meses atendí a una señora que consultó por dolor en la planta del pie; todo sonaba a fascitis plantar clásica. Al examinarla, encontré los puntos dolorosos típicos… y un lunar oscuro, asimétrico, de bordes irregulares y que no combinaba con el resto del paisaje. La fascitis estaba ahí, sí. Pero también había un melanoma creciendo silenciosamente. Y mira, hay tumores traicioneros… y luego está el melanoma..

Aunque representa apenas alrededor del 1–2 % de los cánceres de piel, es responsable de la gran mayoría de las muertes por cáncer cutáneo. A nivel mundial se diagnostican más de 320.000 casos nuevos cada año y ocurren cerca de 60.000 muertes anuales. No es el más frecuente, pero sí uno de los más agresivos. Y cuando hablamos del melanoma acral (el que aparece en palmas y plantas) el problema es que suele diagnosticarse más tarde, porque nadie está pendiente de mirarse la planta del pie con el mismo entusiasmo con que se mira una arruga nueva en la frente.

Por eso, además de revisar cara, brazos, piernas y espalda, hay que convertir la planta de los pies en territorio de inspección obligatoria. Buscar manchas nuevas, cambios de color, bordes irregulares, lesiones que crecen o que no cicatrizan. Revisar también entre los dedos y debajo de las uñas. Puede sonar exagerado, pero no lo es: dedicar un minuto al mes a mirar la planta de los pies puede cambiar una historia clínica… y una vida. Y créeme, prefiero mil veces que me digan “Barcha, vine por un lunar…. que resulta ser nada”, a volver a encontrar, por casualidad, otro melanoma escondido en la “suela” de alguien que nunca pensó en mirarse ahí.

Hey!, la siesta engorda?

Esta es una de esas preguntas que aparece cada vez que alguien se despierta con culpa después de 25 minutos de gloria horizontal a la 1 pm. La evidencia actual es bastante tranquila: la siesta corta (20–30 minutos) no se asocia con aumento de peso ni con deterioro metabólico. De hecho, múltiples estudios muestran que mejora la atención, el estado de alerta y el rendimiento cognitivo. Ahora bien, cuando hablamos de siestas largas (más de 60 minutos) algunos estudios observacionales encuentran asociación con mayor riesgo de síndrome metabólico y diabetes tipo 2. Pero aquí viene la parte importante: asociación no significa causa. Muchas personas que duermen siestas largas ya tienen obesidad, mala calidad de sueño nocturno o problemas metabólicos previos.

La siesta corta ayuda a poner orden en el cerebro y a dinamizar el organismo. Foto comercio.pe

Ahora, si tu “siestecita” empieza a las 2 de la tarde y termina cuando ya están dando las noticias de la noche… eso ya no es siesta, eso es flojera, depresión, desidia, holgazanería (ponle el sustantivo que quieras, sin embargo la verdad es que a mi me da envidia).

La siesta breve es como un espresso cerebral ☕, te despierta, te ordena las neuronas y te devuelve al mundo con dignidad. Pero la siesta de dos horas ya es otra cosa: uno se levanta desorientado, con la marca de la almohada en la cara, preguntándose si Frank Sinatra vive… o si ya es domingo. Y no, la glucosa no sube porque cerraste los ojos 20 minutos; así que duerme con dignidad científica: si es corta, estratégica y no reemplaza el sueño de la noche, la siesta es aliada. Si necesitas siesta de tres horas diarias para funcionar… el problema es otro, es el metabolismo pidiendo cita.

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