Por Elizabeth Mora-Mass
“Elizabeth, soy tu amiga Beatriz, la enfermera de Mr. Stuart. Estoy en Canadá, venga a verme cuando quiera”, fue el mensaje que escuché.
Beatriz era enfermera en el Hospital Judío de North Shore, cuando a mi esposo le diagnosticaron el cáncer. Casada con un mexicano y con niños de aspecto hispano, la pareja decidió irse a Canadá “para evitarle problemas de discriminación y humillación a los niños cuando ICE llegue a Nueva York”.
Beatriz es una de los cientos de enfermeras y otros trabajadores de la salud residentes hasta hace poco en Estados Unidos que decidieron irse a vivir a Canadá, para no tener problemas en tierras del Tío Sam, debido a las batidas de ICE, al racismo que está resurgiendo a gran velocidad y al trabajo casi inhumano de los hospitales estadounidenses. Hace poco terminó una huelga de enfermeras que incluyó a los principales hospitales de la Gran Manzana y los televidentes escuchamos relatos escalofriantes sobre el exceso de trabajo y las responsabilidades.
La partida de enfermeras de USA a Canadá agrava aún más la situación de la salud en la Unión Americana, ya que el país padece un déficit de 270,000 enfermeras registradas, y por lo menos 120,000 enfermeras licenciadas en diferentes especialidades, según un informe de la Administración de Servicios y Recursos de la Salud.
Las estadísticas dicen que más de mil enfermeras entrenadas en Estados Unidos se han ido a trabajar a Canadá, entre abril y diciembre 2025, debido a la polémica nacional que hay por los recortes públicos para programas de salud, lo que tiene medio quebrados a los hospitales públicos y de recursos limitados, en las grandes urbes estadounidenses y en las pequeñas poblaciones rurales.
“Nosotros estamos felices en Canadá. No hay casi racismo y eso nos tranquiliza mucho con los niños. El sistema de salud nacional es muy atractivo y cubre las necesidades de las personas de clase media. Nuestros salarios y horarios son mucho mejores que los que teníamos en Nueva York y atendemos a casi la mitad de los pacientes que nos asignaban en Long Island ‘, afirmó Beatriz, quien solicitó no publicar su apellido.
