
- Con testimonios de tres hijas de Fabio y del pastor Darío Silva
Por Óscar Domínguez Giraldo
Fabio Rincón Tamayo, Farita, como muerte no hay sino una, gózate tu eternidad. El martes 16 de junio tu hija Carmen me escribió sobre tu partida: “Buenos días, mi querido Óscar. A las 5:15 am (de hoy, martes 16) murió mi papá de una infección urinaria. Lo remitieron de Villeta (donde vivía) a Facatativá. Excelente hospital lleno de calidad humana. Todos los días oraba desde las 3:00 am. Amaba la alabanza y hacía su santo rosario. Su conversión le alimentó el alma. Todo lo podía en manos de Dios. Me impresionaba su lucidez. CLRA”.
Te las apañaste para que todo un harén te colara el aire hasta el final. Para empezar, Catica, tu primera esposa, y “ya para terminar por hoy”, como diría tu amigo y jefe el pastor Darío Silva-Silva, la Maja Leonor. Luego vendrían tus hijas Norma, Carmen, Ana Milena, Marcela y Carolina, tu hija-nieta. Los demás nietos, bisnietos y yernos estuvieron siempre en la jugada. Comprobaste que ennietecer es mejor que comer con los dedos.
Carolina habló en tu funeral. Le cedo la palabra: “El martes, mientras sostenía tu mano y acariciaba tus dedos en tu lecho de muerte, comprendí algo que me acompañará para siempre: de tu mano conocí la vida. Tú me mostraste el mundo. De tu mano descubrí lugares, historias, personas y experiencias que hicieron de mí quien soy. Me llevaste a parques, estadios, restaurantes, viajes y aventuras inolvidables, pero también me enseñaste a valorar las cosas sencillas, esas que realmente hacen grande la vida. Fuiste mi guía, mi refugio y mi mundo.
De todos los lugares que conocí contigo, había uno que amaba especialmente: tu biblioteca. Era un tesoro escondido… Para mí, lo sabías todo. Eras como un ChatGPT. Siempre tenías una respuesta, una historia o una enseñanza. Gracias a ti aprendí a amar la lectura, la cultura, el fútbol y la maravillosa aventura de aprender.
Siempre recordaré tus manos, tu sonrisa de medio lado, tu cabello abundante y esa elegancia natural que te acompañó toda la vida. Y puedo decirlo hoy, frente a todos los que te amamos: hasta tu último día fuiste el hombre más churro que he conocido”.
Fabio, sólo el amor de una hija-nieta podría producir un texto tan bello, profundo y bien escrito. Debes estar que bailas en una sola pata con los obituarios que leyeron en tus exequias Carmen, Marcela y Caro. Sinterizaron certeramente tu andadura personal y profesional. No se perdió la platica invertida en su educación.
Soy deudor moroso y amoroso de ti, Farita. Cuando éramos novio, Gloria se bajaba en tu casa bogotana. Te chupé rueda en radio (RCN), televisión (TV Sucesos) y prensa (revista VEA y El Espacio). Te luciste en todos los medios. Con dos dedos eras capaz de escribir todo el periódico. Te agachabas y se te caían muchos libros. ¡Qué vitalidad!
Misión cumplida, Francisco Fabio. Lástima que el que baraja y da las cartas haya incurrido en el pecado de humor negro de llamarte a su diestra en pleno mundial de fútbol. Dios tenía otras formas de notificar que tiene la sartén por el mango. Te extrañaré hasta en el momento de gritar – o lamentar- un gol. (Hasta aquí la columna publicada en El Colombiano)

Óscar Domínguez, Fabio Rincón y Héctor Rincón, tres periodistas, tres plumas de Colombia en los 80 años de Fabio (Q.E.P.D.)
AGREGADOS
En las exequias, Carmen leyó un bello texto. Copio algunas de sus consideraciones:
“Gracias por tu ejemplo de vida, por tus valores, por tu trabajo incansable y por el maravilloso hogar que construiste junto a nuestra amada mamá, Catalina, quien hoy te recibe en la eternidad. Juntos nos regalaron una familia unida, llena de amor, fe y enseñanzas que permanecerán para siempre.
Hoy te acompañan tus nietos, los amigos de toda la vida, y la tía Gloria, que ha venido desde Medellín representando con cariño a toda la familia Rincón. Todos estamos aquí para decirte cuánto te amamos y cuánto significaste para nosotros”.
Marcela, otra de tus cinco hijas, te rindió tributo: “Hoy el silencio pesa distinto. Hoy, papá, dejas una ausencia inmensa y una herencia aún mayor: tu ejemplo de vida. Fuiste guía, fuiste carácter, fuiste palabra firme y fuiste caricia oportuna. En cada enseñanza sembraste valores, en cada decisión mostraste rectitud, y en cada paso nos recordaste que la dignidad no se proclama: se vive. Tu partida duele. Duele mucho. Aunque como dice el filósofo persa Rumi: «Morir no es otra cosa que mudarse a una casa más bella». La muerte es solo un cambio de casa. El alma nunca deja de SER. Dios te dio el talento de escribir. Y escribiste tu vida en todos los tipos de letras, en muchos colores de tintas, probaste todos los trazos”.
Ñapa
Del pastor Dario Silva-Silva (mensaje enviado cuando cumpliste 80 años)
«Estos, Fabio, ¡ay, dolor, que ves ahora,
Campos de soledad, mustio collado,
Fueron un tiempo Colombia famosa»
(Es una broma, claro).
Hay una «diosidencia» -vocablo neopentecostal digno del DRAE- : Los dos somos modelo 38 largo, ambos periodistas, e igualmente preocupados por esta patria que sigue siendo boba, pese a nuestros esfuerzos por aterrizarla a «cuanto Dios en su bondad nos dio»: todos los recursos para ser «el Israel de America Latina», tal y como lo profetizo Hugo Chavez (q.e.p.d.), imitando a la burra del profeta Balaam, que rebuzno en el Nombre de Dios.
«El pastor pecador» te hace llegar tres regalos:
¶ Felicitaciones
¶ Bendiciones
¶ 0raciones.
Con el cayado en la mano, yo avanzo a paso firme hacia la meta de los 80s, acompañado desde la semana entrante por Agustina, mi biznieta primogenita, quien ira a gatas por la senda que los viejos hemos trazado hacia una Colombia en paz.
Que el Gran Quiensabe -nombre que suelo darle al Unico Dios y Padre de Jesucristo- te mantenga con salud y lucidez, para que los dos podamos abrazarmos sobre la Roca y bajo la Cruz, envueltos en el «trapo» tricolor, en tanto nos canturrean el Feliz Cumpleaños numero 100, bajo la batuta del maestro Oscar Dominguez.
Un gran abrazo de tu contemporaneo y amigo de siempre
Darío Silva-Silva

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