¿Qué pasó con Jaime Bateman?

Jaime Bateman, comandante máximo del M-19 en conferencia con periodistas. Foto movimientojaimebateman.org

Por Óscar Domínguez Giraldo

El 26 de abril de 1983 lo entrevisté en un apartamento de El Rodadero en Santa Marta. No me secuestraron. Me preguntaron si quería salir fuera de Bogotá  para recibir una información importante que quería dar el M19. De una dí el sí de las casadas.  

Dos días después, el 28 de abril, Bateman murió en un accidente aéreo cuando volaba de Santa Marta a Panamá. Lo acompañaban el político conservador Atonio Escobar Bravo, quien piloteaba una avioneta monomotor Piper PA-28 Cherokee con matrícula colombiana HK 2139P, y los guerrilleros Nelly Vivas y Conrado Marín.

Abril ha sido  mes de buen y mal agüero para la hoy desmovilizada cofradía del Eme. Su fundador, Bateman, nació y murió en jurisdicción de abril. El Movimiento surgió en protesta por lo sucedido el 19 de abril de 1970 (robo  en las urnas del triunfo del general Rojas Pinilla).

Otro carismático comandante, Carlos Pizarro, quien condujo el proceso de desmovilización hasta el final, fue asesinado en pleno vuelo,  el 26 de abril de 1990. También en abril  fue asesinado el “viejo” Afranio Parra, conocido como el “guerrero total” del Eme. El 19 de abril cumple años el presidente Gustavo Petro.

La última entrevista que convocó en la clandestinidad Jaime Bateman, fundador del M-19, el abril 26 de 1983, fue para desmentir que estuviera en coqueteos con el fallecido coronel Gadafi, de Libia.

Dos días después, Bateman y su pequeño sanedrín viajarían a Panamá a explorar caminos de paz con el visto bueno del gobierno del presidente De la Espriella. El contacto contaba con el aval del presidente Belisario Betancur y del más ilustre paisano de Bateman, el Nobel García Márquez. Nunca llegaron. La avioneta se estrelló.

La charla con este reportero se realizo en un apartamento de El Rodadero, en Santa Marta. Por cuenta de las finanzas del Eme despachamos dos cervezas frías a manera de aperitivo, y un delicioso sancocho de sábalo.

Una foto bien malita por cierto, aparecemos Bateman, Conrado Marín y yo

“Hacer bien la política es como hacer bien el sancocho”, solía predicar el chef  Bateman. Su forma de hacer el sancocho consistió en regresar a sus “guerrillos” a la civilidad en tiempos de Virgilio Barco.

Cyrano abre la puerta

Ese día en El Rodadero, el propio líder subversivo me abrió la puerta. Que el hombre más buscado de Colombia, con su nariz a lo Cyrano de Bergerac,  con estatura de basquetbolista y un sutil estrabismo, celebrara su cumpleaños en su tierra natal (había nacido el 23 de abril de 1940, día de los santos Jorge, Adalberto y Aquiles) era algo insólito.  Tal vez su madre, doña Clementina, lo mantenía en circulación a punta de cadenas de oración.

En la entrevista que me concedió dos días antes de su muerte, le interesaba aclarar  que el C-130 libio retenido por esos días en Recibe, Brasil, con el buche lleno de armas, no era para la “guerrilla chévere” del Eme. Del asunto había hablado por esos días el general Fernando Landazábal, ministro de Defensa, blanco de las diatribas del “Flaco” o “Pablo”, dos de sus alias.

El tauro Bateman iba  soltando su artillería pesada, en presencia de Conrado Marín, un desmovilizado que había vuelto a la lucha armada:

“Yo creo – dijo  Bateman- que está bien que eso lo diga el general Landazábal. Ya los colombianos nos hemos acostumbrado a ese estilo mentiroso, calumnioso, del ministro. Con él y con los que están detrás de él no se podrá llegar a acuerdos nunca, porque son tipos que ponen demasiados obstáculos”.

Marin, alias “Efrén”, y la guerrillera Nelly Vivas, la “Negra”, también abordaron la avioneta que fue encontrada destrozada ochos meses después. Al mando del aparato iba el exparlamentario conservador Antonio Escobar. No se encontraron rastros de sabotaje o atentado en la avioneta accidentada. Al parecer, las malas condiciones atmosféricas provocaron la tragedia. Así lo admitió otro de los fundadores del M-19, José Yamel Riaño, en entrevista-libro con el fallecido asesor de paz de Antioqua, Jaime Jaramillo Panesso (“La Espada de Bolívar”, editorial ITM). Riaño estuvo al frente de las investigaciones que adelantó por su cuenta el Eme.

Aterrizaje forzoso

El extrovertido Bateman Cayón, luciendo bluyines y cómodo en su ciudad natal Santa Marta, siguió dándole con todo:

“… lo inmoral, por parte del gobierno, es eso de echar a rodar la bola y que el país asimile que estamos dependiendo del régimen libio. Así es como se construye la paz en Colombia. Así es como se nos quiere colocar en un rincón para que no podamos hacer política en este país. Pero se equivocan porque la realidad muestra que no había tal cargamento para nosotros”.

“La imaginación del ministro – agregó- pecó por exceso. Yo no creo que el poder del M-19 sea tan grande como para que un Estado como el libio, se comprometa en una aventura infantil, pendeja, como es la de aterrizar un avión en la selva del Caquetá. Es no se lo cree nadie al señor Ministro de defensa, ¿cierto?”.

Tal vez el C-130 del coronel Gadafi no hubiera aterrizado en las selvas del Caquetá. Pero el mismo Conrado Marín, aquejado de amibiasis que Bateman le sugirió combatir tomando Coca-Cola, sería el responsable de aterrizar en el río Orteguaza un avión de Aeropesca “cundido” de armas para el Eme.

Marín, caldense de Ansermanuevo, quien apenas sabía firmar debido a que su familia era de escasos recursos, según contó, mantuvo un bajo perfil durante la entrevista.

Solo interrumpió a su comandante para explicar que estaba de regreso a la organización  en protesta porque 25 guerrilleros de los 240 que se habían acogido a la amnistía habían sido asesinados. Recordó los nombres de Sigifredo Rojas, Luis Clavijo, Miguel Díaz y Paula Álvarez.

Mientras arreglábamos el país, alguien que no figuraba en el libreto tocó la puerta. Bateman y Marín, tomaron posiciones y sacaron sendos fierros. Nadie se atrevía a abrir.  El valor no es mi fuerte, pero hice de tripas corazón y me ofrecí. “Diga que el doctor no está”, me sugirió el comandante Bateman cuando iba camino de la puerta.

Abrí la puerta pero las dos damas que aparecieron no preguntaron nada. Siguieron derecho rumbo a la cocina. Eran las encargadas de preparar el sancocho, explicó otro de los asistentes. La charla siguió.

Dándole fresco a la lengua

Al encuentro con Bateman llegué en avión desde Bogotá. La guerrillera que me contactó en Colprensa, donde laboraba, me preguntó si aceptaba la charla. Dije sí. No hubo la prosaica pistola en la nuca, ni el secuestro aburridor, para que aceptara.

Bateman se las traía en eso “echarle fresco a la lengua” como dicen los samarios como su paisano, el general ® Manuel José Bonett Locarno, quien sería gobernador del Magdalena.

– ¿No es dar papaya andar así no más en El Rodadero?, le pregunté. “En el M-19 no damos papaya”, dijo con voz de quien habla ex cátedra. Y a lo que vinimos.

A una pregunta sobre los aviones libios, uno de los temas centrales, respondió el antiguo secretario de Tirofijo en las FARC:

En la otra foto, tomada en las montañas del Tolima, Javier Darío Restrepo,  Rafael Galves (¿), a la sazón presidente del CPB y este servidor de tintos, entrevistamos a Carlos Pizarro, en presencia del Consejero de Paz, Rafael Pardo.

“La prensa ya da como un hecho que yo estuve en Libia. Y que yo se lo dije a la prensa. Eso es falso. Ustedes –el otro invitado era un periodista de Radio Nederland que no intervino en la charla y se quedó con Bateman, – tienen que pedirle los casetes a los otros periodistas a ver si yo he dicho eso. Yo nunca he estado en Libia. Yo creo que en Libia hay una revolución y es una revolución que merece respeto. Es una revolución con sus tópicos religiosos que hay que respetar”.

Nunca pedí ese casete a los colegas pero el que contenía mi entrevista con él tuvo tratamiento excepcional: Bateman y Conrado Marín le dedicaron 20 minutos de sus vidas a meterlo de nuevo entre el papel celofán original, para darle apariencia de que estaba virgen.

Se turnaban en esa delicada tarea. Sus manos estaban hechas para disparar, no para estas frágiles minucias de artesano.

Al fin, Marín lo logró. Aplausos de Bateman quien lo graduó de “mejor guerrillero que yo”.

Luego me dio la orden de partir. “Si quiere, lleve sancocho para el camino”, deferencia gastronómica que rechacé. El regreso ya no era en avión. Había que despistar al enemigo. Viajé de noche, en bus entre Santa Marta y Bucaramanga, y de allí a Bogotá en avión.

Bateman me despachó en la puerta del apartamento, deseándome “mucha suerte”. La que no tuvieron él y sus compañeros de ruta. Yo sigo en circulación.

Clandestinidad sin pueblo

A los postres la conversación derivó hacia asuntos menos explosivos:

– ¿Cuáles son los peligros de la clandestinidad?

Bueno, la clandestinidad de por si es una situación que a nadie le gusta. Es un estado obligatorio que hay que asimilar como tal. La clandestinidad a nivel urbano, es un complejo de actividades, de relaciones humanas, sicológicas, políticas, sociales, que si no se tiene un objetivo claro, sobre todo de para qué es la clandestinidad… A nuestro juicio la clandestinidad sirve par enfrentar un sistema que no permita una participación legal. No  significa dejar la política de un lado. Todo lo contrario. Significa un mayor esfuerzo, una mayor dedicación y un alto espíritu. Una alta moral para poder sortear las dificultades que se le presentan a cualquier político que se meta a la actividad clandestina. Lógicamente que en ese procesos se presentan los traumas: el delirio de persecución, el delirium tremens… Bueno, toda una serie de situaciones que se le pueden presentar a una persona cuando pierde el objetivo, es decir, el pueblo. Una clandestinidad sin pueblo, no es clandestinidad. Nosotros le decimos a eso “aparatismo”. La agente que se encierra en un apartamento a esperar a que se libere el país, no tiene sentido, ¿cierto? Para nosotros la clandestinidad tiene sentido siempre y cuando que eso proteja la organización, proteja los planes políticos y militares que elaboramos. Nosotros tenemos la ventaja del campo donde la mayoría de nuestros militantes que se “queman”, como se dice en el argot popular, o sea,  que son detectados por el enemigo, sencillamente los trasladamos al campo, a hacer trabajo político,  entre el campesinado o trabajo guerrillero normal. Más o menos es una de las terapias que nosotros tenemos. Claro que ésa no es la terapia para todo el mundo…

  • ¿La suya cuál es?
  • Una alta moral (carcajadas). Yo creo que es la terapia de la mayoría de nuestros dirigentes. Porque una buena moral con un buen criterio del papel que uno debe jugar en este proceso, llena ese vacío. El vacío existencial de que hablan en un guerrillero es cuando ha perdido el objetivo de su lucha. Gente que pierde la meta.
  • ¿Decía que una clandestinidad mal manejada puede llevar a la gente a la locura?
  • Exactamente. Así se vio en las experiencias vividas en Venezuela, en el Uruguay. Primero, porque perdieron el objetivo de su lucha y segundo porque se encerraron en sí mismos, creyendo que la liberación de sus pueblos les iba a llegar a los apartamentos. Nosotros somos enemigos de ese criterio. Ahora, la clandestinidad es todo un mecanismo técnico, digámoslo así, de compartimentación,  de guardar el secreto, de que la gente no sepa realmente cuál es la actividad de uno. De que al mismo tiempo, la gente que está con uno sepa lo que uno está haciendo, ¿cierto? Hay mucha gente que ha guardado su total identidad como miembro del M-19 y, sin embargo, está en los sindicatos, en el Gobierno, en la diplomacia, dentro de los militares y gracias a un gran esfuerzo mental y a una gran disciplina y una alta moral, se ha mantenido en esos puestos que para nosotros son claves.
  • ¿Usted cómo mata el tiempo?
  • Leyendo literatura, mucha literatura. Escuchando música. Pero más que todo hablando con los compañeros. A mi, por lo general, no me queda tiempo para diversiones. Además de que las diversiones en estos campos son fatales ¿cierto? Pero siempre que hay oportunidad las aprovechamos a fondo.
  • ¿Cómo se evita el culto a la personalidad? ¿O usted es de los que dicen: aquí el que manda soy yo y no hay nadie más…?
  • En primer lugar, con un colectivo de personas que son las que en definitiva se juegan la vida y, por lo tanto, deben tomar también las determinaciones. Estas determinaciones del M-19 por lo general son tomadas en colectivo. No todas las determinaciones las toma un aparato que nosotros llamamos la Dirección Nacional de la organización que son 41 compañeros que representan sectores diferentes de la organización y toman unas determinaciones. Las estratégicas las toman las conferencias nacionales del M-19. Entonces, el papel realmente del jefe, en el caso mío, es realmente el de privilegiar, controlar, estimular, pero nunca el de que hacer la función de un dictador. Además, la personalidad no ayuda para eso.
  • ¿Nunca le han intentado dar un golpe de estado en el M-19?
  • Nooo. No es necesario porque no hay dictaduras. Los golpes de Estado se dan cuando hay dictaduras. Mientras no haya dictadura, no hay golpe de Estado.
  • ¿Es decir que no hay motivo para el “codazo” en su organización?
  • Por ahora no. Ni creo que se presente… Siempre y cuando mantengamos ese espíritu de colaboración, de  dirección colectiva y de lucha. Porque lo que más perjudica a las organizaciones no es ni eso, sino cuando la gente pierde la perspectiva del triunfo y la perspectiva de la lucha, ¿cierto? Para mucha gente es duro que el triunfe no se logre en dos meses. Esos son los malos revolucionarios. Nosotros no le ponemos fecha a las cosas. Preferimos que la gente esté consciente de lo que está haciendo y reconozca las inmensas dificultades que nosotros encontramos para hacer la revolución en este país. Dificultades de todo tipo: desde las económicas, las familiares, políticas, militares.
  • ¿Los miedosos también tienen asiento en la guerrilla?
  • (Risas) Alguien decía que la valentía es el miedo controlado. Pero es mentira: quien no sienta miedo está diciendo una mentira. Todo el mundo siente miedo. La cobardía es el miedo que uno dejar correr.
  • ¿Ente  ustedes cuál es más frecuente entre la valentía y la cobardía?
  • Bueno, yo creo que uno siempre siente miedo. Siempre. Pero también siempre sabe por qué está en esto y por qué debe mantener la altura frente a cualquier circunstancia.
  • ¿Y cuál es su reacción frente a una situación de miedo?
  • El relajamiento. Relajarse y razonar. La dificultad del miedo es que no lo deja razonar a uno. Entonces  uno utiliza más la reacción inmediata, Yo prefiero pensar.
  • ¿Pero es posible pensar en una situación de esas?
  • Claro, depende de los acontecimientos. Cuando a uno le asaltan un campamento, por ejemplo, la primera reacción de uno es escapar. Pero esa es la peor reacción. El que escapa le está dando blanco al enemigo. La primera reacción es tomar posición.  Mirar dónde está el enemigo. La primera reacción, lógico, es tirarse al suelo. Para eso se necesita entrenamiento. Muchas cosas. Eso no se hace así no más. Mucha gente prefiere  correr, y en la carrera los que corren son los que caen primero.
  • Usted tiene conciencia de que es el más buscado de Colombia: ¿no le da miedo?
  • Claro que me da miedo. Pero tampoco como que me voy a poner a temblar. No, no. El enemigo también tienes sus puntos débiles, ¿cierto? Que es lo que hay que aprovechar. Pero tampoco jugar con candela. Tampoco ponernos de “papaya” al enemigo para que nos joda. Pero lo importante no es eso. Eso lo puedo hacer yo, lo puede hacer otra persona. Lo importante es que haya un grupo de personas, ojalá bastante numeroso, que enfrente el estado de las cosas que vive el país. Eso es fundamental para nosotros. El aparato para nuestros es cuestión segundaria.
  • Algo que le puede parecer secundario: ¿el hecho de que no puedan tener vida familiar cómo influye?
  • Bueno, pero es que nosotros tenemos vida familiar. Compartimos una vida familiar con altibajos. Por lo general, procuramos que la gente tenga su casa aparte. Ahora: la realidad es que esta lucha exige sacrificio. Por eso no todo el mundo puede estar en estos trotes. No se puede exigir a todo el mundo que haga sacrificios. Por eso no hacemos distinciones entre revolucionarios buenos y revolucionarios malos. Para nosotros, revolucionario es aquella persona que piensa que en este país debe haber un cambio y debe haberlo a favor del pueblo. La persona que piensa así es miembro del M-19. Ahora, a esa persona no le vamos a exigir que se vaya para el monte. Nunca. Ni vamos a decir que el guerrillero que está en el monte, es mejor revolucionario que el burócrata que está en un escritorio acumulando información para la organización. O simplemente haciendo una labor sindical. Para nosotros no hay escala de valores. Las escalas las tenemos en los grados militares. Todo eso es formal. Hay gente nuestra que no ha estado en una reunión de dirección nacional, por ejemplo.  Gente que maneja secretos porque está dentro del Ejército. Esas son personas que sufren más que nosotros. Se angustian más que nosotros. Porque su información de la organización es muy poca. Es la información que da la prensa. Hemos sido enemigos de poner al soldado guerrillero como el súmmum del revolucionario. Hay muy buenos revolucionarios  en las ciudades que nunca han tocado el monte. Y ha  hecho operaciones increíbles. Hay ancianos, que son miembros del M-19 que hacen tan buen trabajo como cualquier muchacho.
  • ¿Qué hacen los ancianos?
  • Nos colaboran en documentación, toda esa cosa. Hay gente que hace inclusive  acciones militares. Nosotros tenemos un gran respeto por ellos. La experiencia enseña bastante. Un buen consejo a veces sirve más que cien acciones miliares.
  • Y dentro de esos consejeros ¿a quienes mencionaría?
  • (Carcajadas) Hombre, no los puedo mencionar. Son personalidades políticas de este país.
  • No hablemos de los vivos. Remitámonos a los muertos…
  • Nosotros preferimos nombrar  a Simón Bolívar, a José Antonio Galán. A Jorge Eliécer Gaitán. No necesitamos importar ideologías. Las tenemos aquí. Aunque los señores de El Espectador digan que nosotros dependemos del señor Gaddaffi.
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