¿Qué es una mamá?

El oleo de mi madre es obra de su nuera, Gloria Luz, esposa de este aplastateclas.

Por Óscar Domínguez Giraldo

Mamá se escribe con eme que es la letra o el esperanto de la ternura. Quizás por eso mamá arranca con eme en muchos idiomas.

Es mae en portugués; mère, en francés; mother, en inglés. “Mutter”  grita el alemán cuando lo muerde un perro. “Mamma”, dicen los italianos cuando la lasagna está rica.

“¡Mamá!”, grita el varón domado en plena calle cuando la vida le pone alguna zancadilla existencial.

La mamá también es papá (Krammer vs. Krammer), maestra, amiga, cómplice, amante, sicóloga, siquiatra, plomera, electricista, doctora corazón, médica, financista, enfermera.

Como ama de casa es una ejecutiva que realiza todos los oficios domésticos. Todos por el mismo salario:  Ningun. Una mamá tiene el estado físico de un atleta del decatlón.

Las mamás están hechas de una misteriosa tela, fabricada a base de moléculas de amor, que no se venden en la tienda de la esquina. 

Las mamás se tutean con Dios, tienen línea directa con la Virgen y son amigas personales de la mitad más uno del santoral. Las mamás van directo al cielo sin pagar peaje en el purgatorio.

“En la maternidad, la mujer deja su cuerpo a su hijo, a sus hijos. Están sobre ella como sobre un colina”, escribió la francesa Margarita Duras.

Y agregó: “La comen, tamborilean sobre ella, duermen sobre ella y ella se deja devorar. Duerme a veces mientras están sobre su cuerpo”.

Según José Asunción Silva, en la mesa de soltera de las bellas se puede ver “un vaso raro y frágil, do expiran unas flores; el iris de un diamante, la sangre de un rubí”. De casada, en la mesa de noche de la mamá aparecen “un libro de oraciones, dos cucharas dulceras, un reverbero viejo, y un chupo y un pañal”. 

En libro “Casa de Estrellas”, de Javier Naranjo, editado por la Universidad de Antioquia, se lee que Ana Milena Hurtado, de cinco años, definió así a su mami: “La madre es la piel de uno”. Para Yamile Gaviria, siete años: “Es para mí un corazón, es una tierra para mi”. Y para John Freddy Agudelo, seis años: “Es como una bicicleta, cuando se desocupa juega con el perro”.

A las tres de la mañana, una mamá reciente puede recibir un codazo de su marido somnoliento que le dice: “Mija, se despertó el niño”. Y el pechugón macho alfa, olímpico rey de la comodidad, sigue roncando.

Una mamá actúa sin cobrar intereses. Su mano izquierda ignora lo que hace su mano derecha. La mamá resiste el uso y el abuso. Es un ser de lavar y planchar.

Felices los árbitros que tienen 90 minutos para que les recuerden a su mamacita. La mamá es el ángel de la guarda suplente de todos nosotros.

Una mamá arregla la casa, pone orden en la cocina, se agacha 70 veces siete, se enfrenta a las telarañas, pone en fuga a los ladrones. Suele perdonar y encimar olvido que es más curativo.

Está pendiente de que su infiel costilla no salga a la calle con un botón fuera de lugar. Es una especialista en repicar y andar en la procesión. Y los maridos decimos que no hacen un carajo.

La mamá puede ser suegra complicada o abuela pacífica. ¿Quién no ha sentido que cuando se cierra la puerta de su casa le llueve enseguida una bendición echada a mansalva y con los ojos cerrados para que le vaya bien?

Una mamá no se enferma de lo que quiere si no de lo que puede. Siempre saca tiempo para seguir siendo femenina, delicada, dulce….

Y para plagiarle un verso a un poeta: “Las mamás no mueren. Quedan encantadas”. 

Elegía por una flor (A mamá Geno)

¡Cómo te recuerdo, hortensia silenciosa!

Ni una sonrisa me regalaste cuando besé tu mejilla fría.

Comprendí entonces que la muerte es para toda la vida.

Viendo cómo te apagabas, le retiré el saludo al orfebre de estrellas.

Nos reconciliamos (¿¡) cuando te llamó a su izquierda mano.

Fue un guiño coqueto a tu zurdera.

Dios no tiene presa mala. Dirías.

Discreta como un salmo

Te gastaste todo el protagonismo en tu prole.

Amabas la vida. Las arrugas te dañaban la comunión.

No rimaban con tu coquetería de todos los semestres.

Si no podías contemplar los sietecueros

Tampoco tenía gracia continuar en la pasarela.

Disfruta tu sabático eterno.

Desde allí sigue alumbrando nuestro ocaso.

Y celebrando otros amaneceres surgidos de tus entrañas.

En cada flor estarás tú, hortensia.

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