Por Carlos Alberto Ospina M.
En lugar de caer una lluvia de fuego y azufre sobre el autor intelectual del desenfreno y la corrupción, Gustavo Francisco Petro Urrego, al parecer todo tiene una explicación: no existen pruebas. El descontrol absoluto de su gobierno es el argumento irrebatible y la comprobación fáctica por sí misma, sin necesidad de darle vueltas al asunto.
Es de público conocimiento que los indicios relacionados con la inmoralidad están en la campaña presidencial y en las formas de recaudo de dinero ilícito implementadas por la alianza denominada Pacto Histórico. «El todo vale» con tal de llegar al poder fue uno de los objetivos estratégicos a cargo de Armando Benedetti, cuya adicción fue confesada por él mismo ante los medios de comunicación.
Benedetti, en un transitorio estado de lucidez, reveló sobre qué estaba sustentado el proyecto de la extrema izquierda: «Nos hundimos todos. Nos acabamos todos. Nos vamos presos… con tanta mierda que yo sé, pues nos jodemos todos» (audios filtrados en junio de 2023). Han pasado más de tres años desde entonces y, a juzgar por el silencio del personaje, la tormenta parece contenida. A la fecha, ninguno de los implicados está encarcelado.
Nada se saca con rasgarse las vestiduras o hacer un listado interminable de los actos de podredumbre, cuando los aforados y los otros comunes siguen «como Petro por su casa», sin imputación de cargos ni medidas cautelares. A la fuerza y por sentido de supervivencia, ellos esconden las evidencias o las guardan por debajo de la mesa, en caso de que alguien decida colaborar con la justicia. Lo cierto es que el castillo de naipes se caerá con el primer soplo de algún iluminado.
En el fondo, estamos una vez más en manos de la depravación, el vicio, el desenfreno, la corrupción, el abuso y la inmoralidad. ¿Cuándo hablarán los escoltas, las prostitutas contactadas por plataformas para adultos, las mujeres sobornadas con contratos estatales a cambio de favores sexuales y los distribuidores de drogas? Estos eventuales testigos, si deciden presentar la verdad, deben entrar al programa de protección para preservar sus vidas y acceder a un cambio de identidad.
Acá no hay un nudo gordiano, sino un nudo en la garganta de todos los exfuncionarios de la anterior administración que les impide hablar, explicar y entregar la información a la justicia; de lo contrario, se desmoronaría la pandilla petrista, comenzaría el plan pistola para silenciar a los testigos, seguirían los montajes de suicidios, volvería el cartel de la toga y las cortinas de humo serían motines de diferente intensidad.
Ese desorden intencional apunta a la distracción para impedir que se conozca el robo del siglo del erario y que la connivencia con el narcoterrorismo sean investigadas o juzgadas a nivel internacional, debido a que en Colombia suena la música destemplada de la impunidad.

Dejar una contestacion