Por Óscar Domínguez Giraldo
En mayo de 2005 visitó Macondo, Garry Gasparov , el aserbaiyano que hace 27 años, en octubre de 1991, venció al mundo en una partida por internet que duró 4 meses y 62 jugadas. Las estadísticas lo mencionan como el segundo jugador con mayor ELO del mundo con 2851. El primero es el noruego Carlsen con 2882, tercero Caruana, con 2844. (El ELO es el ego de los ajedrecistas medido en puntos).
El “ogró de Bakú”, como le dice la cátedra, se convirtió en activista político que lucha por sacar del tablero del poder al inameno presidente de Rusia. En reciente declaración opinó que el actual campeón mundial, el indio Gukesh, es ligeramente favorito para retener el título frente al uzbeko Sindarov. Ambos tienen 20 años.
Kasparov ha jugado con pasión, una expresión que ama como si fuera su almohada favorita que lo sigue con fidelidad del perrito de la Víctor. O su complejo de Edipo, su madre, doña Klara Kasparova, quien solía acompañarlo en su peregrinar. Misiá Klara duerme el sueño eterno. O su novia Daria Tarasova, delgada y misteriosa como un alfil, quien en mayo de 2005 lo acompañó en su visita a la Feria Expogestión, organizada por Fabiola Morera. (El presidente Uribe les gastó tinto y 45 minutos de su agenda).
Con su forma de afrontar el jurásico juego, Kasparov dominó la pasarela ajedrecística mundial durante 20 años. Con todas las luces encendidas, anunció su retiro cuando le quedaba un lustro de pontificado. Uno de los primeros países que visitó fue Colombia.

Aspecto de la rueda de prensa que concedió en Bogotá el excampeón mundial de ajedrez, Garry Kasparov. Lo acompaña su novia Daria. De pie, a la derecha, Fabiola Morera, anfitriona del ciudadano K. Este aplasteclas también aparece en el retrato. Sin confirmar sí lo digo: K canceló unas simultáneas cuando se enteró que yo sería uno de sus contrarios…
En Expogestión el ciudadano K dictó cartilla sobre estrategias ante el estrato seis del empresariado de América Latina. Gracias a don Garry, el ajedrez empieza a prestarle sus herramientas de trabajo al homo sapiens para que mejore su rendimiento en los negocios. Días vendrán en que la lúdica ciencia ajedrecística se pueda utilizar para mejorar la capacidad de amar, hacer la paz, perdonar, olvidar, gobernar…
No en vano “la vida imita al ajedrez”, según ha dicho wildeanamente K. Que la vida imita al deporte de sus sueños quedó plasmado en uno de sus libros que le hacen compañía a “Mis antecesores favoritos” en cuya bibliografía figura un solo colombiano: el maestro Boris de Greiff con su obra “Las mejores 400 partidas”.
En su visita de médico a Colombia que visitaron otros excampeones mundiales como Alejine, Ewe, Spassky y las primeras damas del tablero Gaprindashvil, Judith Polgar y Zhu Zhen, el señor K habló sobre el poder del ajedrez como modelo de competencia en los negocios, el equilibrio entre intuición y análisis propio de los ajedrecistas, el significado de su derrota frente a “Azul Intenso”, la supercomputadora de IBM a la que solo le falta amar, derramar una furtiva lágrima, o ir por huevos a la tienda de la esquina.
En su charla que me gocé de cabo a rabo dio estas recomendaciones: los grandes campeones necesitan grandes enemigos. Kasparov se considera un afortunado al haber tenido un rival de las calidades de su paisano Anatoly Karpov. (Fue su salida más aplaudida). Hay que sacarle partido, mucho partido, a las derrotas; contienen el adn de futuros triunfos. (El poeta Victor Hugo sugiere tener enemigos que cuestionen tus certezas).
Otras recomendaciones: conviene luchar “especialmente” cuando se está ganando, no subestimes al adversario (él subestimó a Vladimir Kramnik quien lo derrotó), mantén el equilibro entre intelecto e intuición, aprovecha las ventajas sicológicas, ponte en el lugar de tu rival para derrotarlo, es fundamental tener confianza en tus posibilidades, hay que exprimir al máximo creatividad e imaginación.
Supo retirarse a tiempo. K ha dicho que decidió decirle adiós al juego de los trebejos porque ya lo había conseguido todo y es de los que necesita estar fijándose imposibles. Se marginó después de ganar el torneo más importante del calendario mundial: el de Linares, España. Luego agarró el sombrero, apagó su propia luz y entró en la penumbra con todas las luces encendidas.
Aprovecha su activo retiro para leer y escribir, dar partidas de exhibición, dictar conferencias y jugar por placer. Jugar o trabajar sin placer es como amar sin amor. “Viviré mi propia vida”, ha notificado el virtuoso de un juego que debería ser obligatorio.
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