Petro suma a López Obrador en su reclamo por replantear la guerra contra las drogas

Andrés Manuel López Obrador recibe y saluda a Gustavo Petro en el Palacio Nacional, en la Ciudad de México, el 25 de noviembre de 2022. MARIO GUZMÁN (EFE)

SANTIAGO TORRADO

Bogotá – 

Andrés Manuel López Obrador acude al llamado de Gustavo Petro. El presidente de México, que no acostumbra salir de su país, visitará Colombia este viernes y sábado para acompañar a Petro a recibir las conclusiones de la conferencia latinoamericana sobre drogas que inicia este jueves. El Gobierno colombiano la ha convocado en Cali con el propósito de empujar el giro que reclama al mundo en los esfuerzos globales para combatir el narcotráfico.

Los presidentes de los dos países más golpeados por la violencia de los cárteles aterrizan así su compromiso de convocar al resto de América Latina a dar un vuelco a la fallida guerra contra las drogas, uno de los principales propósitos que Petro se ha fijado en la arena internacional. Cuando el colombiano visitó en noviembre Ciudad de México, en medio del avance de las izquierdas en la región, ambos mandatarios escenificaron su sintonía con imágenes sonrientes en los pasillos del Palacio Nacional, en medio de murales de Diego Rivera. Las cancillerías confirmaron desde entonces la idea de una conferencia para “rediseñar y replantear la política de drogas”, en la que Colombia y México juegan un papel central. Esa propuesta es la que va a tomar cuerpo en Cali este jueves.

El primer presidente de izquierdas de la Colombia contemporánea ha exigido reenfocar los esfuerzos antinarcóticos. En el año largo que lleva en el poder, Petro ha pedido con insistencia dejar de criminalizar a los eslabones más débiles de la cadena, los cultivadores de coca, y concentrar los esfuerzos en golpear a las grandes organizaciones criminales que se lucran del narcotráfico. La conferencia de Cali es una primera piedra. El resultado esperado es una hoja de ruta que lleve a un nuevo análisis de la política mundial de drogas, además de conformar un grupo de trabajo que más adelante lleve a una gran cumbre mundial de presidentes, ha explicado la viceministra colombiana de Asuntos Multilaterales, Elizabeth Taylor Jay.

Colombia es por mucho el principal productor mundial de hoja de coca, la materia prima para la cocaína, y ha alcanzado la mayor extensión de narcocultivos desde que se llevan registros. El terreno total se disparó de 143.000 a 204.000 hectáreas al cierre de 2021, de acuerdo con el informe anual del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de Naciones Unidas (Simci), que está a punto de publicar los resultados para el 2022. Esa tendencia al alza (que precede a Petro) incluso ha llevado a Estados Unidos, el mayor consumidor mundial, a expresar en alto su preocupación.

La cifra récord en Colombia marca el fracaso del énfasis en la erradicación del antecesor de Petro, el conservador Iván Duque(2018-2022), quien a su turno dio un giro con respecto a Juan Manuel Santos (2010-2018). Mientras que Santos abogó por cambiar la lucha global contra el narcotráfico y pidió abordarla como un asunto de derechos humanos y salud pública –como la hace Petro ahora–, Duque volvió al prohibicionismo y favoreció la erradicación forzosa en detrimento de la sustitución voluntaria pactada con los campesinos. Petro considera un error de bulto esa manera de abordar el problema. “Yo les demando desde aquí, desde mi Latinoamérica herida, acabar con la irracional guerra contra las drogas”, dijo hace un año en la frase más recordada de su primer discurso ante la Asamblea General de la ONU.

Ese llamado ha sumado respaldos. La lucha contra el narcotráfico necesita cambios profundos como los que pide Petro, pues la política de la prohibición fracasó, ha dicho la Comisión Global sobre Política de Drogas, a la que pertenecen tanto los expresidentes colombianos César Gaviria (1990-1994) y Santos (2010-2018) como el mexicano Ernesto Zedillo (1994-2000). También ha obtenido el apoyo del Grupo de Puebla, que reúne a dirigentes progresistas de Iberoamérica.

AMLO, como todos lo conocen, ha respaldado a Petro en varias ocasiones –incluso desde la campaña que lo llevó al poder–. El colombiano atraviesa un momento delicado, con sus reformas atascadas en el Congreso, su hijo investigado por la justicia y varios escándalos que rodean a su círculo más cercano. “Tengo de él la mejor de las opiniones, es un hombre de principios”, decía el mes pasado el presidente mexicano sobre su homólogo. México es también uno de los países garantes de las negociaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la última guerrilla en armas en Colombia, ya acogió un ciclo de los diálogos y se prepara para volver a recibir a las delegaciones este mes.

México es muy importante para Petro, apunta Mauricio Jaramillo Jassir, profesor de relaciones internacionales de la Universidad del Rosario. Cuando hubo una hegemonía conservadora en la región, el primer Gobierno del nuevo ciclo progresista fue el de AMLO, recuerda. “Muchos, entre ellos Petro, lo ven como un pionero de que el péndulo pudiera volver a la izquierda. Además, le da eco a reivindicaciones de política exterior que tiene Petro sobre todo en materia de drogas, de integración, de la paz en Colombia y de que Venezuela regrese a la escena internacional. México apoya las reivindicaciones multilaterales de Colombia”.

El Gobierno colombiano ya había movilizado a su diplomacia para convocar una conferencia internacional sobre Venezuela en Bogotá y otra sobre la Amazonía en Leticia (Amazonas), a la que acudió el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, otro peso pesado del eje progresista latinoamericano. Ahora parece repetir una movida que busca elevar el perfil de su política exterior. “Petro identifica al actor más visible, sobresaliente y poderoso en cada uno de esos temas, intenta acercarse y se suman los liderazgos”, observa Jaramillo Jassir. “Colombia está reclamando un lugar en la mesa para tomar decisiones en virtud de que se está asociando con otros países”, apunta el analista Sergio Guzmán, director de Colombia Risk Analysis, pero advierte que ese impulso debe ir acompañado de “acciones concretas para que no se quede solo en el discurso”.

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