Otraparte. Fuera de lugar

Fuera de lugar en el futbol. Ilustración Sport/Google

Por Óscar Domínguez

Como no  nací pa semilla, me apresuro a proponer cambios en el fútbol mejores que la insólita pausa para la hidratación.  Este nuevo negocio de la FIFA le quita ritmo al juego. Con razón los europeos no le jalarán al esperpento. Es tan absurdo como detener una faena kamasútrica para leer el horóscopo del arrocito en bajo que te acompaña.

El fuera de lugar u offside, por su nombre en el idioma de Shakespeare, le quita ritmo, encanto, sustancia, a ese esperanto de patadas llamado fútbol. Shakespeare critica este deporte en “El Rey Lear” y en “La comedia de los errores” (gracias, Inteligencia Artificial por permitirme posar de sabihondo).

Cuando jugaba fútbol para el olvido en los peladeros de mi barrio,  vivía  en permanente fuera de lugar, tratando de pescar en el rio revuelto de defensas distraídas. Ser palomero, güevero o huevero, como nos llama don Mario Di Filippo en su Lexicón, también tiene su encanto, es un honor que cuesta. No lo hace cualquier perico de los palotes. Éramos el palito en la u de la palabra fútbol.

Mientras llega la rectificación, diría que hueveros son  Ronaldo, Mbappé, Kane, Haaland, Vinicius, Messi, Lucho Díaz. Pero a deportistas que valen entre 100 y 200 millones de pesos da pena decirles hueveros.

Más propuestas.  No más barreras en los tiros libres que pueden dejar sirviendo para eunucos a los muchachos. Se impone cuidar las partes pudendas de los fabricantes de alegría. O que jueguen con cinturón de castidad.

Cinturón de castidad del siglo XIX que podría ser adaptado a los tiempos que corren.

¿Por qué hacer los saques laterales solo con las manos? Pueden hacerlos también con los pies.  Las manos están hechas para acariciar a la amada. Dicen que Dios hizo el tigre para que el hombre pudiera acariciar el gato. Eso  se hace con la mano.

Y entrados en gastos: cuando haya definición  por penaltis, el quinto lanzamiento lo debe hacer el presidente del equipo, o el aguatero uno de los cuales criticaba a  su equipo europeo: ¿Cómo quieren ser campeones si son incapaces de serles infieles a sus mujeres?

El cineasta Passolini propuso que el poeta del año fuera el goleador del campeonato. Se quedó corto don Pier Paolo: Cada cuatro años el  Nobel de Literatura debe adjudicarse automáticamente al mejor jugador del mundial. Sería la cereza en la copa. Hay un antecedente. El Nobel Camus era el arquero de su equipo en su Mondovi (Argelia) natal. Jugaba de arquero para no gastar zapatos. El fútbol bien jugado, es poesía con los pies, una  novela de 90 minutos. No nos quitemos más tiempo que nos esperan más goles.

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