Oficina privada de abogados y presidencia: ¿sin conflictos?

“La mezcla inevitable de los negocios particulares del presidente con los del Estado no preocupa a empresarios”: Cecilia Orozco Tascón Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos

Cecilia Orozco Tascón

El gigantesco conflicto de intereses entre los negocios particulares del abogado De la Espriella, y los multimillonarios contratos públicos que él mismo, como presidente de la República, definirá, orientará y ordenará firmar, desaparece de la discusión pública antes de iniciarla sin que nada pase o a alguien le importe. Estamos en la ética de la nueva patria en donde, contrario a los hiperdenunciados robos, corrupciones y destrucciones de los cuatro años anteriores, viviremos en medio de una ascesis absoluta.

Esto gracias a las bendiciones que desparramará Dios, a partir del 7 de agosto, en el naciente país de los elegidos. Pero, ¿existen esos conflictos? O, ¿será otro bulo “mamerto”? Califíquenlo ustedes: el bufete De la Espriella Lawyers Enterprise, pese a su jactancioso nombre, vio la luz en estas tierritas lejos de los lujos miamenses. Es una oficina de abogados fundada por el presidente electo, que le sirvió para amasar una gruesa fortuna de la que él y su esposa se ufanan, en medio del exhibicionismo impúdico que les gusta practicar. En la página digital de esa empresa se lee que fue creada hace 25 años, que ha atendido a más de 7.500 clientes y que cuenta con una cifra superior a 100 abogados en tres países. Ofrece servicios para “asumirlos como causa propia” en derecho penal, corporativo, público, tributario, laboral, de seguridad social, regulatorio, migratorio y de familia, además de otros, todos temas de la esfera estatal. En el sitio de De la Espriella Lawyers, se lee este ostentoso titular en enormes letras: “Ana Lucía Pineda, Primera Dama de la República de Colombia 2026 – 2030”. Su enlace conduce a un artículo que, como se imaginarán, no puede ser sino elogioso. “Tras sus 20 años de labor en De la espriella Lawyers como Directora Administrativa (sic), hemos sido testigos de sus extraordinarias cualidades (…) su sentido del deber, su liderazgo sereno”. Concluye con una sentencia definitiva: “Colombia contará con una Primera Dama excepcional”. En ese informe, el bufete privado de la pareja presidencial nos hace el gran favor de anunciarnos, sustituyendo la oficina de prensa de la Presidencia, el trabajo que hará la “líder extraordinaria (…) en las transformaciones que demanda el país”. De la Espriella Lawyers contará pues entre sus socios con casi nadie: el jefe de Estado y la “primera dama”. 

Pero semejante privilegio de vínculos para una oficina privada es todavía más hondo. El director general de esa firma de abogados hasta hace poco, también estará al lado del presidente de la República: Andrés Barreto es el actual jefe del equipo de empalme del gobierno en ciernes, en los asuntos del Departamento Administrativo de la Presidencia, el famoso DAPRE, que tiene oficina contigua al despacho presidencial en la Casa de Nariño. En ese escritorio se sienta quien asiste directamente al jefe del Gobierno en sus decisiones clave, y quien da soporte administrativo y logístico al aparato del Ejecutivo entre otras materias, en contratación y los negocios. La importancia decisoria de la silla que ocupará, con toda seguridad, Barreto, se dimensiona con los personajes que la usaron en administraciones pasadas: Néstor Humberto Martínez (aunque se hizo llamar “superministro”) que brincó desde ahí, a la fiscalía general; María Lorena Gutiérrez, hoy presidenta del Grupo Aval; Alfonso Prada, ex ministro del Interior; Mauricio Lizcano, ex candidato presidencial y la expoderosa Laura Sarabia.

Pues bien, Andrés Barreto, el líder de la orquesta palaciega que pronto llegará a la Octava, dirigió la firma De la Espriella Lawyers a partir de abril del 2023, cuando, ya repletas sus bolsas de dinero, su fundador decidió retirarse del manejo diario de sus clientes para disfrutar sus billetes, sin renunciar a su sociedad, pero con la excusa de ser el “presidente de su conglomerado marcario (sic), (de asumir) su nuevo papel como presidente de la Junta Directiva (sic) y (ser) consejero de expansión internacional”. Barreto no aparece al lado de ADLE por azar como tampoco es fortuita la selección de la fórmula vicepresidencial en cabeza de José Manuel Restrepo. Ambos, Barreto y Restrepo vienen de la entraña de Iván Duque, el ganador oculto de la segunda vuelta. Restrepo ocupó dos ministerios (Comercio y Hacienda) en el gobierno duquista. Y, Barreto, amigo de infancia de los hermanos Iván y Andrés, ha ido y vuelto en la vida por cuenta del expresidente: fue su cargaladrillos en la UTL del Senado, uno de sus directores de campaña y Superintendente de Industria y Comercio. Este hombre, qué vergüenza, fue rechazado por la Corte Penal Internacional con una de las peores calificaciones, cuando Duque lo postuló para ser juez de ese tribunal. Y, ahora que se habla de nombramientos oficiales de última hora, hay que recordar que Barreto tuvo que dejar el cargo en la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), en que lo empotró Duque días antes de concluir su mandato, porque no cumplía requisitos . Mientras tanto, el salvador de la patria, De la Espriella, no se cuestiona –ni hay quién se lo exija– si mantener abiertos los multimillonarios contratos de litigio con sus clientes puede configurar el gran boquete de la corrupción de su administración, que terminará irrigando sus bolsillos. La Silla Vacía encontró 36 firmas de la red empresarial que nació en De la Espriella Lawyers con intereses en los mercados de petróleo (que compiten con Ecopetrol), ganado, tierras, empresas inmobiliarias, bebidas y alimentos, además de otros comercios. La mezcla inevitable de los negocios particulares del presidente con los del Estado no preocupa a empresarios, políticos, órganos de control, Fiscalía, congresistas ni a las cortes; mucho menos a la prensa. Para la Colombia que ahora sí recuperará “la elegancia, la sobriedad y el conocimiento del sector público”, según la exvicepresidenta de Duque, Marta Lucía Ramírez, DLE es el héroe que necesitamos. Por eso, él anuncia que “creará un grupo de abogados” que se dedicará, probablemente con sus subalternos, en su oficina privada y en el marco de sus intereses personales, “a denunciar las irregularidades del gobierno más corrupto de la historia”. El suyo, sin vigilancia alguna, será prístino, desde luego.

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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