Mi glucosa OK

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Por Jesús González Barcha, MD

Hace unos meses atendí a un paciente de 51 años que vino trasladado de ciudad. “Doctor, ¿cómo va mi prediabetes?”. Solo le preocupaba su trastorno de la glucosa porque no tenía otro problema de salud. Estaba tranquilo porque su glucosa en ayunas era de 98 mg/dl —perfectamente dentro de lo que muchos consideran “normal”— y su hemoglobina glucosilada (HbA1c) en 5,9%, apenas un poco por encima del límite clásico de 5,7%. 
Si uno se quedara solo con esos dos números, podría pensar que el metabolismo estaba pasando el examen… como ese estudiante flojo que aprueba raspando. Pero cuando ampliamos los exámenes para completar lo que yo llamo el tablero metabólico personal, empezó a aparecer otra película: Lipoproteína(a) en 210 nmol/L, una partícula de origen genético que no solo puede acelerar la formación de placas en las arterias, sino también favorecer que esas placas se vuelvan más inestables y formen trombos. Y Apolipoproteína B en 132 mg/dl, que en términos simples indica cuántas partículas de colesterol potencialmente peligrosas están circulando en la sangre, es decir, cuántos “vehículos” tienen la capacidad de penetrar la pared arterial y participar en la formación de placas de grasa. Mucho riesgo para su situación en la que el azúcar aumentado (aunque sea “poquito”) ya está erosionando las paredes internas de sus arterias. 
Y el tablero siguió hablando. Triglicéridos en 160 mg/dl y HDL en 35 mg/dl: una combinación bastante típica del metabolismo que empieza a volverse resistente a la insulina. Traducido a la explicación de comadre: el cuerpo empieza a manejar peor la energía, acumula más grasa visceral y el perfil lipídico comienza a comportarse como ese carro que todavía anda… pero ya empieza a hacer ruidos raros en el motor. En otras palabras, mientras muchos pacientes miran solo la glucosa y la HbA1c como si fueran los únicos indicadores del tablero, el metabolismo en realidad funciona como la cabina de un avión: hay varios instrumentos que deben revisarse al mismo tiempo. 
Y ahí está el problema: la mayoría de personas con prediabetes solo mira dos números, cuando en realidad deberíamos revisar muchas más piezas del rompecabezas: partículas lipídicas, inflamación, porcentaje de grasa corporal, capacidad cardiorrespiratoria, incluso la frecuencia cardíaca de recuperación después del ejercicio, que dice mucho sobre la salud metabólica. 
Por eso siempre insisto en algo: debes conocer tu propio tablero metabólico. Saber qué exámenes ya tienes, cuáles te hacen falta, cuándo conviene repetirlos y, sobre todo, cuáles son las metas que deberías alcanzar con cada uno de ellos para realmente reducir el riesgo cardiometabólico. Entender ese tablero es lo que permite tomar decisiones a tiempo y no enterarse del problema cuando el motor ya empezó a fallar.
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