Claves de Redacción
Fundación para el español urgente/RAE
Con motivo de la Copa Mundial de la FIFA, que se celebra en Canadá, México y Estados Unidos, entre el 11 de junio y el 19 de julio, se ofrecen una serie de claves de redacción al respecto.
| 1. Mundial, mayúscula y minúsculaEl nombre oficial de esta competición es Copa Mundial de la FIFA 2026, por lo que, como mención abreviada, emplear el Mundial, con mayúscula, es adecuado. En cambio, le corresponde minúscula en usos genéricos: «No participa en un mundial desde 2014». 2. Fútbol y futbol, acentuaciones válidasEl nombre de este deporte admite dos acentuaciones: la llana fútbol, con tilde por acabar en l, y la aguda futbol, de uso normal en México y el área centroamericana. 3. Extranjerismos con equivalenciasAlgunos extranjerismos de uso común en las informaciones futbolísticas cuentan con alternativas o adaptaciones en español, que resultan preferibles:— box to box: todocampista— fixture: calendario/programación (de encuentros deportivos)— goal average: golaveraje— hat-trick: triplete— pressing: presión 4. Nombres alternativos de las seleccionesLos nombres alternativos por los que se conoce a las selecciones se escriben con mayúsculas en los términos significativos, como señala la ortografía académica, y sin comillas ni cursiva: la Albiceleste (Argentina), la Roja (España)… 5. Lesionarse el tobillo, mejor que su tobilloEn la lengua general, en expresiones como se torció el tobilloo se lesionó la pierna derecha, lo recomendable es usar el artículo definido el/la, mejor que el posesivo su, aunque en algunas zonas, sobre todo México, Paraguay y otros países, se emplea a veces el posesivo. 6. Penalti o pénalti, mejor que penaltyLo apropiado es emplear las adaptaciones penalti o pénalti, esta última propia de países como México, y no la forma inglesa penalty. Otras opciones son penal y pena máxima. 7. Córner y club, pluralesLos sustantivos córner y club cuentan respectivamente con dos plurales: córners y córneres (ambos con tilde), por una parte, y clubs y clubes, por otra parte. No es apropiado mantenerlos invariables en plural (los club, los córner). 8. Los fuera de juego y los fueras de juego, ambos válidosLa expresión el fuera de juego puede emplearse en plural como los fuera de juego, invariable, o como los fueras de juego. 9. Por la banda izquierda/derecha, mejor que por banda izquierda/derechaEs aconsejable mantener el artículo la en la expresión por la banda izquierda o derecha. 10. Videoarbitraje, todo junto y sin tildeEn referencia a la tecnología de apoyo del árbitro, puede usarse videoarbitraje, todo junto y sin tilde, o la sigla VAR. 11. Jugar al fútbol o jugar fútbol, pero no jugar a fútbolA la hora de expresar el deporte que se practica, jugarpuede construirse con la preposición a y un artículo (jugar al fútbol) o sin preposición ni artículo (jugar fútbol). No es apropiado, en cambio, jugar a fútbol. 12. Tiempo de descuento y tiempo añadido, formas válidasPara el tiempo que el árbitro añade al juego para compensar el ya perdido, son igualmente apropiadas las formas tiempo añadido y tiempo de descuento; este último sustantivo lo define el DLE como ‘período de tiempo que, por interrupción de un partido u otra competición deportiva, añade el árbitro al final reglamentario para compensar el tiempo perdido’. 13. Los onces, no los onceEl sustantivo once cuenta con el sentido de ‘equipo de jugadores de fútbol, dicho así por constar de once individuos’ y hace el plural de forma regular (los onces). Así, en frases como «No se esperan muchas modificaciones en los onces iniciales de ambos equipos», no habría sido adecuado escribir los once iniciales. |

Ortografía para todos: Haz y has
Por Juan David Villa, El Colombiano
Claudia Restrepo. “Haz patria”. Cuando vi la palabra haz, de inmediato pensé en un haz de luz. Consulté y está correcto en el imperativo. Pero me parece que se ve tan raro. ¿Por qué no has patria?
Claudia, en cuestiones lingüísticas, todo aquello que no usamos nos aparece y parece raro. Y asociamos lo raro con la incorrección. El hablante está muy habituado a su lengua. Si algo tenemos propio, y difícilmente lo perdemos, es nuestro idioma, el cual, además, nos signa con una manera de entender la vida. El hablante siempre busca aquello que le es familiar. Pocas cosas son tan raras como un idioma ajeno. La sensación que produce estar en un lugar donde hablen otro idioma, uno que yo no comprenda (todos los demás idiomas del planeta, en mi caso), es especialmente agresiva y emocionante al mismo tiempo.
Ya que hablamos de la patria, el idioma ajeno es el elemento que principalmente nos hace sentir en patria nueva, el elemento que nos hace sentir extranjeros…
Dicho todo lo anterior, carreta va, carreta viene, Claudia y queridos lectores, en efecto, el imperativo del verbo hacer es haz. Recuerden que el imperativo es el modo del verbo que nos sirve para dar órdenes o hacer peticiones. Pero también son parte de este modo verbal haga, hagan y hacé. Bueno, y haced. Haz tú, hacé vos, haga usted, haced vosotros, hagan ustedes.
Como lamentablemente los paisas usamos la forma vos para la segunda persona singular, es decir, voseamos, insisto, lamentablemente, la forma haz, propia del bello tuteo, no está en nuestro repertorio. Es rara. Y más rara aún se ve escrita. De oídas no se siente tan rara, especulo yo.
Y eso que realmente los paisas no hablamos de vos: ese es uno de los tantos mitos sobre el paisa, sobre Antioquia. Aquí, realmente, hablamos de usted, y toda la vida ha sido así. Más preciso aún: hablamos de usted, metemos un vos por ahí de vez en cuando, sobre todo para pedir favores, y, como escribió el maestro Fernando Vallejo, le tuteamos a la novia en las cartas de amor o desamor.
Por otro lado, tenemos haz en versión sustantivo. Sin mucho que ver ahora con el verbo hacer. Dice el Diccionario de la lengua española:
1. Atado de mieses, lino, hierba, leña o cosas semejantes.
2. Conjunto de partículas o rayos luminosos de un mismo origen.
3. Conjunto de fibras musculares o nerviosas agrupadas en paralelo.
4. Conjunto de rectas que pasan por un punto, o de planos que concurren en una misma recta.
5. Fasces de cónsul romano
Y fasces, plural de fascis (de donde nos viene haz), se refiere a una insignia que usaban los viejos cónsules romanos.
Has es el verbo haber, por lo cual has patria no dice nada. Ese nos sirve para “Haz la tarea que no te has puesto a hacer”.

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA
por Efraim Osorio López
Hiedra-hidra, rociar, entre, ley
Son muy comunes las frases que empiezan con la locución equivocada ‘entre más’.
La ‘hiedra’ (del latín ‘hedera-æ’) es un arbusto trepador que se aferra a las paredes y a los troncos de los árboles. En su artículo ‘La fiesta electoral colombiana’, el columnista de LA PATRIA Eduardo García Aguilar la menciona descuidadamente. Esto escribió: “La corrupción es la esencia del sistema, una hiedra de siete cabezas…” (31/5/2026). Descuidadamente, porque estoy seguro de que fue solamente un error de digitación, común en los que por oficio tecleamos, pues él –lo supongo– debe saber muy bien la diferencia entre esa planta trepadora y el mito de la Hidra de Lerna (hija de Tifón y de Equidna), que es, según los que saben, “un monstruo acuático del inframundo con forma de serpiente de múltiples cabezas y aliento venenoso. Según el mito, el héroe Heracles (Hércules) tuvo que derrotarla como parte de sus doce trabajos” (Google). Tenía la particularidad de que las cabezas cortadas brotaban de nuevo. Pero el héroe logró por fin matarla, y cuenta el mito que mojaba la espada en su sangre para hacer mortales las heridas con ella causadas. ***
En las noticias de RCN del mediodía del 26 de mayo, al describir un acto violento contra una mujer, el presentador Felipe Arias dijo que el agresor ‘le roceó gasolina’. ‘Le roció gasolina’, castizamente. No sé si estaba leyendo o improvisando. Si lo primero, inaceptable, ¡cómo no! Le achaco el error a la pronunciación que hacemos de verbos como ‘pelear’ y ‘chantajear’, que decimos ‘peliar’ y ‘chantajiar’. El verbo es ‘rociar’ (del latín vulgar ‘roscidare’, derivado de ‘roscidus-a-um’, -‘lleno de rocío’), que significa ‘esparcir agua u otro líquido sobre alguien o algo’. Se conjuga como ‘desviar’, así: presente de indicativo, ‘rocío, rocías, rocía; rociamos, rociáis, rocían’. Presente de subjuntivo, ‘rocíe, rocíes, rocíe; rociemos, rociéis, rocíen’. Imperativo, ‘rocía, rocíe; rociemos, rocíen’. ***
Como el de todas las preposiciones, el oficio de ‘entre’ es introducir complementos (‘entre la espada y la pared’, ‘entre bomberos no se pisan las mangueras’), no, modificar adverbios, oficio propio del mismo adverbio. Son muy comunes las frases que empiezan con la locución equivocada ‘entre más’, que, a pesar de su extendido uso, debe ser rechazada en el lenguaje culto. Lo mismo debe aplicarse a la locución ‘entre mejor’, utilizada por la columnista Sania Salazar en esta oración: “…pues entre mejor conozcan los problemas y necesidades que tenemos van a tener más claro cómo atenderlos” (LA PATRIA, 3/6/2026). Se refería al conocimiento que los candidatos deben tener de las necesidades del Eje Cafetero. En esas oraciones, la preposición debe ser sustituida por el adverbio ‘cuanto’ o, coloquialmente, por ‘mientras’: “…pues cuanto mejor conozcan…”. Si ‘más’ va seguido de un sustantivo, el adverbio se convierte en adjetivo, por lo que debe concordar con él en género, así: ‘cuantos más peligros, más decisión se requiere’; ‘cuantas más adversidades, más fuerza de voluntad’. O ‘mientras más…’. ***
En su columna del 13 de mayo, el señor Augusto Morales escribió: “En este sentido, el Artículo 90 de la Constitución (…) de la Ley 1437 del 2011…”. En estas frases no tienen justificación alguna las mayúsculas iniciales de ‘artículo’ y ‘ley’, porque son ‘nombres comunes’, a saber, ‘que designan individuos de una misma clase’, como los glosados y ‘decreto’, ‘inciso’, ‘numeral’, etc., que deben escribirse con minúscula inicial. A propósito, son también nombres comunes los de cargos públicos, como ‘presidente’, que muchos escriben con mayúscula inicial: “…tanto que el Presidente llegó a pensar en la posibilidad de renunciar…” (El Tiempo, Pedro Medellín Torres…”, 4/6/2026). “…el presidente…”, como ‘el rey’, ‘el emperador’, ‘el ministro’, ‘el concejal’, ‘el senador’, etcétera. Todos, sustantivos comunes.

Leila Guerreiro y el oficio de escribir
POR QUÉ ESCRIBE UNO
Por Leila Guerriero
Ayer conocí a un niño que no conocía el mar. Era un niño pequeño, de seis o siete años, que en dos días más marcharía a la costa. Cuando le pregunté si estaba contento —¡el mar, el mar!—, me dijo: “¿Por? Si ya lo vi mil veces por la tele”.
Hoy llueve una lluvia fina que se descuelga de un cielo gris y lácteo. Hace calor. Hay una luz verde y serena. De pronto, recordé una tarde exactamente igual a esta, con esta misma luz. Con una luz que da, a la vez, ganas de morirse y de amasar un pan. Una tarde de cuando yo tenía nueve años y era una niña que no había visto nunca el mar, y formaba parte de una familia que tampoco lo había visto nunca.
Por esa época, mi padre hizo un viaje de trabajo a una ciudad de la costa. No recuerdo el día en que se fue, pero recuerdo perfectamente el día en que volvió. Llovía. Y había, como hay hoy, una luz verde y serena. Yo estaba tejiendo un macetero en la cocina, los hilos ásperos y gruesos anudados a la falleba de la ventana —porque la lluvia no me permitía hacerlo afuera, como lo hacía siempre, descalza y debajo de la higuera, descalza y debajo de la parra—, cuando de pronto escuché un auto que se detenía. Segundos después, se abrió la puerta y, en medio de la luz suave de la tarde, apareció mi padre: el primero de todos nosotros (mi hermano, mi madre, mis abuelos, yo) en conocer el mar.
Corrí, lo abracé, le pregunté: “¡¿Cómo es, cómo es?!”. Él no me respondió. Sólo levantó la mano, la acercó a mi cabeza, me dijo “escuchá”, y me apoyó un caracol blanco y enorme, como un alien de yeso, sobre la oreja. Y yo escuché.
Pasaron todavía muchos años hasta que pude conocer el mar. Pero durante todos esos años tuve algo mucho mejor: tuve a mi padre, que me lo contaba. A veces preguntan por qué uno escribe. Supongo que por cosas como esas.
En pocas palabras
Mantente hambriento, mantente insensato (Steve Jobs).
Si buscas la perfección jamás estarás contento (Tolstoi).
Hacía tanto tiempo que no alzaba la cara que me olvidé del cielo (Juan Rulfo).
Es excelente ser viejo. Es la mejor edad. Es la época en que el entendimiento ve con más claridad (George Sand, Aurora Dupin).
Escribo sobre la gente común porque sus vidas son las más extraordinarias (Raymond Carver).

Foto (Los segundos de a bordo)
“Este es un estudio histórico y constitucional sobre la figura de los reemplazos presidenciales tratados con la seriedad que el tema merece, sin que a veces falte un toque de humor, como es característico en los escritos de su autor. El libro consta de dos partes: en la primera, la historia se remonta a los orígenes de la vicepresidencia en Estados Unidos, en donde los padres fundadores de su Constitución se la ingeniaron para garantizar un ejecutivo de período fijo. En la segunda, el libro hace un repaso de episodios de nuestro país, en donde las suplencias presidenciales han dado lugar a un sinnúmero de anécdotas que sucedieron desde los primeros años de nuestra República…”. (Intermedio editores).
