Por Jesus Gonzalez Barcha, MD
Ernesto es un joven de 60, saludable, pero con poca actividad física diaria. “Barcha, no tengo tiempo.. del quirófano al consultorio y de allí al apartamento”, es lo que siempre me decía. Y precisamente por eso vale la pena hablar de esto desde los 50 y no esperar a los 65.
A partir de esa edad, más de 14 millones de estadounidenses (1 de cada 4 mayores de 65), se caen cada año. De quienes caen, alrededor del 37% sufre una lesión que requiere atención médica o limita sus actividades. En estos muchachos mayores de 65 hay 300.000 hospitalizaciones por fractura de cadera y alrededor de 41.000 mueren al añopor complicaciones relacionadas con las caídas.
La caída que a los 30 terminaba con una carcajada y un pantalón sucio, después de cierta edad puede terminar con traumatólogo, tornillos o despedida con corona de flores.
¿Pero, por qué empezamos a perder estabilidad? Porque mantenernos de pie es una operación sofisticada: el cerebro debe integrar lo que dicen los ojos, lo que informa el oído interno (sentido de equilibrio), lo que sienten los pies y articulaciones (propiocepción) y, además, ordenar a los músculos que corrijan el cuerpo antes de que la gravedad gane la discusión.
Con los años aparece la pérdida de la fuerza y la potencia muscular, las alteraciones de la marcha y del equilibrio, los problemas visuales, las neuropatías, las enfermedades de los pies, hipotensión al levantarse y medicamentos que producen mareo o somnolencia, y claro, luego agregamos una alfombra suelta, los antojos del pan fresco de la esposa y una acera con poca iluminación, o unas chanclas traicioneras o un baño mojado y ya tenemos organizada la emboscada.
¿Qué podemos hacer? Entrenar el equilibrio como entrenamos la fuerza o la resistencia. Un programa sencillo puede incluir:
- Sentarse y levantarse de una silla: 8–12 repeticiones, idealmente sin usar las manos.
- Elevaciones de talones: 10–15 repeticiones, subiendo sobre las puntas de los pies.
- Subir y bajar un escalón: de forma lenta y controlada.
- Caminar talón-punta: avanzar en línea recta colocando el talón justo delante de la punta del otro pie.
- Practicar giros y cambios de dirección: hacia ambos lados, con control.
- Mantenerse sobre una sola pierna: 10–30 segundos por lado, cerca de una pared, mesa o silla firme (si existe riesgo de perder el equilibrio).
- Añadir fuerza para piernas y caderas: 2–3 veces por semana. Porque cuando tropezamos no nos salva únicamente el equilibrio, también necesitamos reaccionar rápido y tener suficiente fuerza para recuperar la posición.
Caminar sigue siendo extraordinario para la salud, pero caminar solamente no entrena todas esas respuestas. Después de los 60, unos minutos de equilibrio y fuerza pueden resultar bastante más útiles que descubrir, demasiado tarde, que la gravedad también entrena todos los días.

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