Los puentes de los suicidas

El puente Golden Gate en Estados Unidos es el que registra el mayor número de suicidios. Foto Notierd

Por Orlando Ramírez Casas, (Orcasas)

El conocido actor francés Gérard Depardieu ha estado en el ojo del huracán por cuenta de algunas actrices que trabajaron a su lado y son de las que antes comían calladas y sufrían en silencio, pero después de la estrepitosa caída del productor Harvey Weinstein en Hollywood resolvieron salir del closet y denunciar con un clamoroso #metoo. La actriz referida es Emmanuelle Debever, quien se suicidó la semana pasada en París, lanzándose al río Sena desde un puente. Pasó una semana hospitalizada, pero la noticia no dice si murió por traumas sufridos en la caída, por la hipotermia del frío invierno, o por sobredosis de bacterias en el contaminado río. 

[La actriz francesa Emmanuelle Debever, una de las primeras mujeres en acusar públicamente al actor Gérard Depardieu de agresión sexual, falleció en París el pasado día 6 de diciembre después de haber saltado desde un puente del Sena hacia el agua y posteriormente haber pasado una semana hospitalizada…]

LOS DEL PALACIO NACIONAL 

Y DEMÁS PLAGUICIDAS, INCLUIDO 

EL METRO DE MEDELLÍN

En todas partes se cuecen habas, y durante un tiempo en Medellín los suicidas se subían a la terraza del 5° piso del Palacio Nacional (donde antiguamente estaban los juzgados y oficinas de la rama judicial), lo que hacía mucho más seguro para uno caminar por la acera del frente, la del Almacén Caravana, que por la del Palacio, para evitar sorpresas caídas del cielo. Después los suicidios pasaron a tener las marcas propias de los plaguicidas Folidol y Matarratas Guayaquil, con el argumento de que si esos productos son capaces de matar las ratas, cómo no lo van a matar a uno. Luego los suicidas han cambiado su amañadero para las estaciones del Metro, y aunque las autoridades y los administradores de este sistema han hecho un pacto de silencio para no divulgar esos eventos, me ha dicho un pajarito que ya van más de 200 cruces en el cementerio por cuenta de esa otra “Cultura Metro”.

LOS DEL PUENTE DEL VIADUCTO EN BUCARAMANGA

Bucaramanga semeja una mano, con una meseta central como palma, y unas prolongaciones montañosas como dedos separados por cañadas. Para sortear el paso de la meseta hacia la ciudadela de Real de Minas, hacia el municipio cercano de Floridablanca, y hacia los barrios Mutis y Provenza, la ciudad construyó un puente viaducto a 130 metros de altura, y debajo del puente quedaron los humildes barrios de San Pedro Claver, Quebrada de la Iglesia, y San Martín de Porres. Este último, en particular, recibe sobre sus techos las filtraciones de agua lluvia que escurren por entre las ranuras del puente.

El puente inicialmente recibió el nombre de Benjamín García Cadena, pero algunas gentes prefirieron llamarlo “Puente de la novena”, otros le dijeron “Puente Provincial”, la municipalidad lo cambió por “Puente Alejandro Galvis Ramírez”; y los taxistas, que son la vox populi, le dicen simplemente “Puente del Viaducto”. Así se conoce.

El puente del viaducto se volvió el sitio de moda para los suicidas lanzarse sobre los techos del barrio San Martín de Porres, y las autoridades tuvieron que ponerle barandas de más de dos metros de altura para impedir el acceso. Cuando una persona decide suicidarse, no hay baranda que la ataje.

Un hombre quería suicidarse y los bomberos que fueron avisados por la comunidad acudieron a rescatarlo de su propósito. Mientras un bombero se encontraba ocupado en esa labor, vino un sujeto que sin previo aviso procedió a despojar al bombero de su reloj de cuatro millones de pesos. La culpa del robo no la tuvo el frustrado suicida sino el bombero, porque ¿Qué hace un bombero con un reloj tan costoso cuando está acuartelado y disponible para apagar incendios?

EL PUENTE DE LA QUEBRADA LA FLORIDA EN ARMENIA

No sé mucho de este suicipuente, pero no viene al caso porque es el que menos cantidad de muertos carga a las costillas. Pasemos a otro.

PUENTE DEL VIADUCTO CÉSAR GAVIRIA 

TRUJILLO EN DOSQUEBRADAS

Une a Pereira con el municipio de Dosquebradas, y debajo del puente no estoy seguro si quedan los barrios Alcázares y Nacederos pero, lo cierto es que cuando yo lo conocí cerca del año 2000 estaba recién inaugurado y ya para ese entonces se habían tirado del puente 28 personas… ¡Y una vaca! De las personas no sé nada, pero la vaca iba en un camión de estacas rumbo al matadero municipal. Cuando resolvió saltar del puente y caer sobre el barrio que queda debajo, el conductor del camión no pudo hacer nada. Para cuando las autoridades fueron a ver, cuchillos caseros habían dado buena cuenta de la res y su carne ya se encontraba echando humo en los asaderos.

PUENTE DE OLIVARES EN MANIZALES

Desde este puente se han lanzado al vacío varias personas en Manizales.

Cuando los colonizadores antioqueños llegaron por esos lados, la quebrada tenía en sus orillas un buen número de árboles de laurel de cera (Morella Pubescens), de cuyo fruto sacan un aceite viscoso del que se hacen luminarias o velas de cebo. A esos árboles dichos colonizadores les dijeron, erradamente, “olivos”; y a los sembrados silvestres de olivos les dijeron “olivares” –erradamente, claro–. De ese error le viene el nombre a la quebrada que hay en el camino de Manizales a Neira, y de ahí le viene el nombre a ese puente de unos 100 metros de altura que en la actualidad está en cercanías del barrio Galán en la Comuna de San José. Según cuentan eran tantos los suicidas que escogían el lugar para lanzarse al vacío, que un avisado comerciante resolvió poner al pie del puente un negocio de cantina de esos que suelen bautizar “La última lágrima” o “La última copa”, y no le fue mal con el negocio.

EL SALTO DEL TEQUENDAMA

Está ubicado en el municipio de Soacha, en las afueras de Bogotá, y es una cascada de 157 metros de altura alimentada por las aguas del hoy en día supercontaminado río Bogotá.

Con la impetuosa corriente que tenía el río en otros tiempos se convertía en una fuerza impulsadora atractiva para los que querían convertir su cabeza en caldo de cucaracha.

El río al parecer perdió su encanto para los suicidas de ahora que prefieren no ir tan lejos y donde huele tan maluco a buscar lo que no se les ha perdido. Hay, en la actualidad, una Casa Museo del Salto del Tequendama con un balcón terraza desde el que se contempla la cascada.

El periodista José Joaquín Jiménez García, que publicaba sus crónicas en el periódico El Espectador con el seudónimo de Maín Ximénez (el poeta Miguel Ángel Osorio Benítez usurpó ese nombre para utilizarlo como su primer seudónimo entre los varios que tuvo, antes del seudónimo definitivo con el que fue enterrado: Porfirio Barba Jacob). 

Maín Ximénez, el reportero, nació en Bogotá el 19 de diciembre de 1915 y falleció allí mismo el 6 de febrero de 1946 a los 30 años recién cumplidos, pero al morir ya había hecho historia en el periódico como reportero de crónicas muchas reales y muchas inventadas. La que sigue es una historia real.

En el libro “Las famosas Crónicas de Ximénez” de la Editorial Planeta hay una compilación selecta de muchas crónicas suyas, y entre ellas está la última que publicó poco antes de su muerte cuando viajó a Soacha, Cundinamarca, lugar de los hechos ocurridos a finales del año 1945 o principios de 1946.

El Salto del Tequendama en los años 40 se convirtió en el lugar preferido por bogotanos desesperados para poner fin a sus vidas, como María Puerto que pidió le tomaran la foto antes de lanzarse desde «la piedra de los suicidas». Fotos Las2orillas.co

Hizo ese viaje en compañía de cuatro periodistas de la planta del periódico que fueron Enrique Santos Castillo, Luis Camacho Montoya, Alfonso Morales, y el propio Maín Ximénez. 

Armaron ese viaje de manera precipitada al tener noticias de un accidente ocurrido en el salto cuando un taxi se precipitó al vacío y fallecieron el conductor y los cuatro ocupantes. Se barajó la posibilidad de que tal hecho hubiera sido un fortuito accidente… o de que tal vez hubiera podido tratarse de un suicidio en el que perdieron la vida cinco cristianos ¡Y un taxi! El taxi ya no volvería a rodar ni sometiéndolo a cuidados intensivos. Fue pérdida total.

Esto se sabe porque al periodista le prestaron unos binóculos y pudo constatar:

… La confirmación de las ruinas. Indudablemente las manchas rojas eran sangre y entrañas humanas. El vehículo ´patasarriba´ era un informe montoncillo de escombros. A su lado el tremendo chorro golpeaba la roca, y el agua esparcida en vapores por la fuerza del golpe viajaba de la mano del viento… Nos acercamos a una rueda, desbaratada y suelta. Recogimos unos restos metálicos, y llegamos hasta donde había un mayor arrume de escombros. Allí, reventado contra las rocas, los ojos fuera de órbitas y las facciones de la cara sobrecogidas en un gesto de indefinible angustia, encontramos el primer cadáver. Lo removimos, y notamos que tenía todos los huesos fracturados. El cuerpo era un saco de carne repleto de huesos rotos y de entrañas reventadas y sanguinolentas. Grandes cangrejos habían comenzado ya a ejecutar un fatídico festín… la hipótesis del suicidio no puede desecharse…”. 

LAS TORRES GEMELAS DE NUEVA YORK

No puede desecharse”. En los atentados del 11 de septiembre de 2001 a las torres gemelas de Nueva York hubo más de 3.000 muertos pero indudablemente hubo por lo menos cuatro suicidios: los de los terroristas que a conciencia obligaron a los aviones a desviarse y estrellarse. Ellos bien sabían a lo que iban y bien sabían lo que les esperaba.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

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