
Daniel Coronell
El mayor desafío de la vida pública del presidente Gustavo Petro está por ocurrir. La reunión con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciada para la primera semana de febrero, pondrá a prueba la capacidad de reacción del mandatario colombiano. Petro ha sido un parlamentario articulado y elocuente, especialmente en los debates de control político. También es un orador persuasivo e inspirador en la plaza pública. Todo eso le servirá, pero no lo suficiente. La reunión con Trump será algo diferente y quizás definitivo para su legado.
Petro jugará de visitante en un espacio controlado por su interlocutor, que es un bully profesional. El encuentro se desarrollará en un idioma que no domina. Tendrá que entrenarse como un atleta, pero ese día debe llegar descansado y con el nivel máximo de atención. Necesita anteponer la inteligencia a las emociones y tener claros los límites de lo que quiere decir y de lo que puede negociar.
Trump sabe poco de Colombia, y lo poco que sabe lo ha recibido de aliados de los enemigos de Petro. Lo que sí es claro es que quiere terminar todas las reuniones autodeclarándose ganador y diciendo que logró un deal, un acuerdo, favorable a él.
Dos ejemplos recientes, que el presidente colombiano tendrá que estudiar, muestran el rumbo inesperado –y en algunos casos demencial– que puede tomar una conversación con el presidente de Estados Unidos.
En febrero del año pasado, cuando Trump apenas llevaba unas semanas de su segundo gobierno, invitó a la Casa Blanca al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. La reunión era crucial para un país que libra una guerra desigual con Rusia. Se anticipaba que tocaría temas complicados, pero importantes para Trump, como la explotación de minerales en Ucrania, conocidos como tierras raras. Nadie previó que podría volverse hostil para el mandatario visitante.
El escenario fue la Oficina Oval, el despacho más poderoso del mundo. Allí, rodeadas de adornos dorados, dispusieron dos poltronas iguales para los jefes de Estado. En los sofás laterales estaban los equipos de cada uno. Trump se hizo acompañar del vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio (casualmente los mismos funcionarios que estuvieron esta semana con él, mientras hablaba con Gustavo Petro).
La reunión con Zelenski se hizo frente a decenas de cámaras y periodistas. Bueno, periodistas es un decir. La administración Trump ha llenado la Casa Blanca de activistas que amplifican su propaganda.
Brian Glenn, corresponsal de la ultraconservadora Real America´s Voice y prometido de la entonces congresista partidaria de Trump Marjorie Taylor Greene, le preguntó al mandatario ucraniano:
- ¿Por qué no viste un traje formal? ¿Alguna vez ha usado traje? Usted está en la oficina más importante del país ¿Usted tiene un vestido? Muchos americanos tienen problemas con el hecho de que usted no respete esta oficina.
- Usaré traje cuando esta guerra termine ––respondió un desconcertado Zelenski– Tal vez use uno como el suyo, o tal vez algo mejor. Veremos, si es algo más barato.
Quizás el instinto matoneador de Trump intuyó una oportunidad en la provocación de su copartidario:
- Me gusta tu ropa, hermano –y señalando al autor de la pregunta, agregó– No obstante creo que él es una gran persona. No sé si ustedes dos se caen bien, pero sabes…
- Creo que me cae bien este tipo –interrumpió Zelenski tratando se salir de la discusión absurda– Creo que viste bellamente, pero tengo cosas más serias para responder.
A partir de ese momento, la reunión entró en barrena. El vicepresidente JD Vance calificó a Zelenski de desagradecido e irrespetuoso por querer discutir las garantías del cese al fuego con Rusia, propuesto por Trump:
- Creo que es una falta de respeto venir a la Oficina Oval a tratar de litigar esto frente a los medios estadounidenses –y luego dijo– ¿Y crees que es respetuoso venir a la Oficina Oval de los Estados Unidos y atacar a la administración que está tratando de evitar la destrucción de tu país?
Humillado ante la prensa, Zelenski tuvo que oír nuevos ataques de Trump:
- No estás en una buena posición. No tienes las cartas ahora mismo. Con nosotros, comienzas a tener cartas.
- No estoy jugando cartas –replicó el presidente ucraniano– Soy muy serio, señor presidente. Muy serio.
- Estás jugando cartas –insistió Trump– Estás apostando con las vidas de millones de personas. Estás arriesgando con empezar la Tercera Guerra Mundial. Y lo que estás haciendo es muy irrespetuoso hacia el país, este país que te ha respaldado mucho más de lo que muchos dijeron que debería haberlo hecho.
Minutos después, el presidente Trump acabó la reunión diciendo que no había resultados, pero que, al menos, había producido “muy buena televisión”, y el secretario Rubio invitó al presidente ucraniano a irse de la Casa Blanca.
Zelenski, deponiendo su orgullo personal, empezó a trabajar desde esa noche en recuperar su interlocución con el gobierno de Trump. Estaba en desacuerdo con lo que le habían hecho, pero sabía que su país necesitaba preservar la relación con Estados Unidos.
Muchos esperaban que pasara algo muy parecido en el primer encuentro entre Trump y Zohran Mamdani, el nuevo alcalde de Nueva York. Durante la campaña, el presidente había invitado a votar contra él, diciendo que era “un comunista”. Mamdani, por su parte, había calificado a Trump de “fascista”.
La receta perfecta para un desastre pero, contra cualquier previsión, la conversación salió bien.
Al final de la reunión, los dos atendieron a la prensa. Trump sentado en la silla presidencial detrás del imponente escritorio Resolute y Mamdani, de pie a su lado.
En otra circunstancia, la primera pregunta al presidente habría hecho saltar la reunión por los aires:
–Usted se refería al señor Mamdani como un comunista ¿Puede decirnos por qué se siente así y también si hará algo para impedir que el primer ministro israelí (Benjamín) Netanyahu sea arrestado si visita Nueva York?
–Bueno, no discutimos la segunda parte de su pregunta. Sobre la primera parte, usted sabe que él tiene su visión allá afuera. Vamos a ver cómo funciona. Quizás él va a cambiar, todos vamos a cambiar. Yo cambié mucho desde la primera vez que llegué al cargo.Ya ha pasado algún tiempo. Mi primer mandato fue fantástico, tuvimos la mejor economía en la historia de nuestro país y ahora vamos aún mejor. Lo estamos haciendo mejor que en el primer semestre. Y puedo decir que algunos de mis puntos de vista han cambiado. Tuvimos discusiones sobre algunas cosas. No voy a decir cuáles fueron, pero estoy seguro de que hará un buen trabajo.
Mamdani reiteró que era un socialdemócrata. Dijo que las diferencias ideológicas eran claras con Trump, a quien había llamado déspota, pero que la reunión se había concentrado en buscar puntos de acuerdo para solucionar problemas reales de la gente.
–Yo creo que los dos, el presidente Trump y yo, hemos tenido muy claras nuestras posiciones y puntos de vista. Lo que realmente aprecio del presidente es que la reunión no se centró en nuestros desacuerdos, que son muchos, sino que estuvo enfocada en los propósitos compartidos para servir a los neoyorkinos.
Una periodista le insistió al alcalde que si reiteraba, como lo había dicho, que el presidente es un fascista. Cuando el alcalde se disponía a responder, Trump salió al quite:
- Está bien, puedes decirlo. Es más fácil decirlo que explicarlo. No me importa –y dio un golpecito amistoso en el brazo de Mamdani.
Que la reunión con Trump concluya de una u otra manera no depende exclusivamente de Petro. Lo que es seguro es que solo saldrá bien si el presidente de Colombia maneja su parte con lucidez y pragmatismo. Con toda seguridad, Trump no quiere hablar de Habermas, ni saber si la esposa del zar era fea.

Dejar una contestacion