Los Danieles. Fiscales sin sospecha

Enrique Santos Calderón

Enrique Santos Calderón

Que un presidente de la República solicite que se investigue a un exfiscal general de la nación por declaraciones de un antiguo jefe paramilitar no es cosa de todos los días. Pero así fue la petición de Gustavo Petro a la Comisión de Acusaciones de la Cámara para que indague sobre un complot que habría urdido Néstor Humberto Martínez Neira cuando fue fiscal para “destruir” la imagen del hoy primer mandatario, según sostuvo la semana pasada alias Macaco ante la JEP.

Martínez Neira denuncia por su parte un “acoso sistemático” de Petro contra él y exige del presidente rectificaciones que no se han producido. El polémico exfiscal ha sido abogado y cerebro jurídico del grupo Aval de Luis Carlos Sarmiento, primer grupo económico del país recién multado por Estados Unidos con setenta millones de dólares por prácticas corruptas cuyo pleno alcance aún no se conoce.   

Sé de buenas fuentes que don Luis Carlos no está contento —no podría estarlo— con la difusión noticiosa que este hecho ha tenido, ni con el eco que le dio Caracol TV, canal informativo del otro gran conglomerado económico colombiano (Grupo Santo Domingo), a los coletazos del escándalo Odebrecht en lo relacionado con la tristemente célebre Ruta del Sol. Habría, pues, tensiones latentes entre grandes, aunque no creo que conduzcan a un “choque de cacaos” que a Petro le serviría como bienvenido elemento distractor de sus afugias actuales.  

Pero volviendo al tema de fiscales controvertidos, el caso de Francisco Barbosa es especial. No he conocido —y desde Gustavo De Greiff a todos los he conocido— a un fiscal que asumiera la dirección del primer ente investigativo del Estado (23 mil funcionarios) con tanto protagonismo político y tan persistente exhibicionismo mediático. No entro a calificar la escandola que suscitó su denuncia sobre un plan del ELN para asesinarlo, pero llama la atención que el Ministerio de Defensa dijera que no lo conocía y que aún no haya pruebas ni testimonios fehacientes.   

Me pareció entre preocupante y pintoresco que el fiscal haya sido la aclamada estrella de la clausura de la asamblea de la Andi en Cartagena y salido entre aplausos y gritos de “¡Barbosa presidente!”. Petro tampoco asistió a esa importante cumbre del sector privado y, ni corto ni perezoso, su más mordaz crítico del momento aprovechó a fondo el escenario. Me asalta la duda de si las ovaciones que recibió eran un mensaje indirecto contra Petro o un aval a su candidatura presidencial. Hay empresarios que no se destacan por su sagacidad política.

En cualquier caso la actitud del doctor Barbosa no contribuye a construir confianza ciudadana en la poderosa institución que él preside. Un fiscal saliente debería estar por encima de toda sospecha.

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Apabullante el bombardeo cotidiano de lúgubres noticias sobre el cambio climático. Desaparecen mil personas por incendios en una isla de Hawái, arde Grecia por fuegos incontrolados, el sur de Europa sofocada por ola de calor sin precedentes, en la Florida la temperatura del mar llega a 35 grados… El año más caliente de la historia nos dicen y desde París hasta Pekín, de Miami a Manila, de Bagdad a Bogotá, a todas partes llega la implacable cuenta de cobro que la naturaleza está pasando por los maltratos recibidos.

Sin remedio pronto a la vista. Dejar de consumir gas, petróleo y carbón —serios causantes del calentamiento global— no será de la noche a la mañana y menos aún en los países pobres donde la transición energética resulta más costosa. Hay expertos que sostienen que no existen evidencias científicas para tanto pesimismo y quienes hablan de “terrorismo ecológico” para soslayar el problema. La crisis climática se presta, no hay duda, para utilizaciones políticas de uno y otro lado, y no faltan los que por razones económicas no quieren desmontar prácticas depredadoras o industrias contaminantes.
 

A mí no me choca la carreta ecológica de Petro. Al margen de imprecisiones científicas o histrionismos políticos acierta en el diagnóstico sobre la crisis que se le viene a la humanidad con el tétrico futuro ambiental que se vislumbra. Pero, como todo en la vida, se trata de pasar del dicho al hecho. De la visión a la acción. A medidas concretas que frenen aquí y ahora, en nuestro propio terruño, una destrucción del entorno natural que ocurre todos los días y en las mismas narices de las autoridades.  

Por la selva del Guaviare, según desconcertante informe reciente de El Espectador, fue construida hace poco una carretera de 22.4 kilómetros que casi llega hasta el límite con el Parque de Chibiriquete. Nadie se dio cuenta y ya forma parte de las miles de vías ilegales que existen en la Amazonía. Mientras estas cosas puedan suceder sin explicaciones ni sanciones, la bonita retórica ambientalista suena cada vez más hueca.     
 
P.S.(1): Sentí una perversa satisfacción viendo a Donald Trump retratado y reseñado en una cárcel de Georgia. La pregunta es si será penalizado este detestable personaje que aún no reconoce que perdió las elecciones y aspira a regresar a la Casa Blanca. Con posibilidades, me temo. La democracia made in USA está lejos de ser perfecta.

P.S.(2): Vicky Dávila descubrió a una venerable y lejana parienta de 93 años, a la que bautizó como “decana de la familia Santos”, para que dijera algo contra su odiado Juan Manuel. Y lo logró. Uribe se le queda corto.

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: [email protected]