Los Danieles. El Espejo de Francia

Ana Bejarano Ricaurte

Ana Bejarano Ricaurte

Resulta impresionante la capacidad que tiene la clase política colombiana de proyectarse como lo que no es. Una disforia parada sobre el narcisismo criollo que impide la autorreflexión. “No se trata de su raza”, dicen. Tal vez también sirve de conveniente antifaz que perpetúa males silenciados. Y la vicepresidencia de Francia Márquez sí que ha prendido los reflectores sobre las fisuras de ese disfraz. 

En un hecho inédito esta semana la vice ofreció una rueda de prensa desde la cual rindió cuentas sobre su viaje a África. Explicó algunos de los avances obtenidos, dijo que no contaba con cifras concretas de los negocios avizorados y que la fundación Open Society financió el viaje para líderes sociales y empresarios afrocolombianos que acompañaron la comitiva. Además, tildó algunas críticas de racistas. 

Y entonces se hicieron sentir las voces que dicen estar cansadas de que “cualquier” cosa que tenga que ver con la vicepresidenta sea tildada de racismo. Que ella tiene el deber de explicar el uso que hace de los recursos públicos y que además debe hacerlo de buena gana. 

Algo de eso es cierto. Francia, como funcionaria pública, debe contestar las preguntas de la prensa, responder los derechos de petición y dar explicaciones a la opinión pública sobre su gestión. La rendición de cuentas por un viaje oficial no debería ser excepcional sino la regla. 

En cuanto a la manera en que la vice conteste, creo que se confunde la grosería con la exposición de verdades incómodas. Claro que resulta tenso el señalamiento de actitudes discriminatorias; además muchas veces implica llamar la atención sobre algo que la gente cree que no es. Pero eso es diferente a ser evasivo o irrespetuoso. El ímpetu de Francia también es una respuesta a la discriminación que enfrenta, incluso sentada en la segunda silla de la nación. 

Desde su candidatura, Francia ha soportado todas las formas posibles de racismo. Desde discursos de odio animalizándola y sancionados judicialmente, hasta las soterradas preguntas paradas sobre sesgos de raza, género y clase. Indignación y burla porque ocuparía el palacio que dibujó Salmona para los vices y lo mismo cuando decidió llevar a su familia a Dapa, donde descansa la aristocracia vallecaucana. Memes, fotos y chistes casuales por los cuales se esparce y autoriza el prejuicio.   

Claro que la función pública de Márquez evoca el tema que evitamos. Y lo pone ella misma, porque es imposible no hacerlo. Y así funciona el racismo, o cualquier forma de discriminación. Porque además de adelantar su agenda, debe andar ocupándose de la develación de sesgos. Le suma a sus tareas la de sentar a muchos frente al espejo del que huyen. La tildan de resentida por señalar la antipatía con la que la tratan. Una fórmula imposible e injusta que en nada avanza la conversación sobre el racismo en Colombia.    

Las explicaciones de la Vicepresidencia sobre el viaje son plausibles. Diplomáticos y académicos están de acuerdo en que el viaje a África tiene valor comercial y político. La apertura de vuelos directos al continente vecino, la mejoría en los procesos de visados, eventos culturales replicables y exploración de rutas comerciales. Eso, sin contar las gestiones que solo pueden ponerse en marcha con visitas oficiales a rincones no explorados, como la consolidación de relaciones diplomáticas y el compartir visiones estratégicas. 

Representantes de Open Society me afirmaron que este tipo de financiación es normal en las líneas de una organización que “busca promover la justicia racial en el mundo”. Que han emprendido proyectos similares en muchas otras ocasiones y que no costearon el viaje de la vice ni de ningún funcionario de su despacho, sino de miembros de la sociedad civil. 

Semejante escrutinio, como el costo de la gasolina que gastaría el avión oficial o por qué viajó con su pareja, no se había visto nunca antes y ejemplos de mandatarios viajeros sin rumbo es lo que tenemos. El problema es que la visita sea a África y además la emprenda una mujer negra. Caricaturizaciones del continente, de la vice y preguntas por “safaris costositos”.  

El abandono de las relaciones diplomáticas con África responde a una visión colonialista en la cual los viajes a besar el anillo del papa tienen más sentido que la búsqueda de socios comerciales en el sur global. Y además es obvio y justificado que dentro de los propósitos de Márquez, como representante de la Colombia afro, se incluya sentar lazos con el continente desde el cual se origina. Es también un acto de memoria y resarcimiento. 

Y solo basta con evidenciar lo que susurran los señores elegantísimos y las burlas repugnantes que se comparten en los grupos de los selectos baños turcos para entender la razón real de tanta indignación selectiva: racismo. Poco del escrutinio al cual se ha sometido a Francia está parado sobre una veeduría social preocupada por el interés público. Eso no quiere decir que ella no esté obligada a responder, incluso si es injusto, pero también tiene el derecho de evidenciar de dónde proviene. 

En esta Colombia patriarcal, racista y clasista una mujer que fue empleada de servicio doméstico convertida en vicepresidenta de la república es una afrenta para muchos. No soportan como habla, como se ve, ni las causas que representa. Francia lo sabe, porque ha enfrentado esa segregación toda su vida. Ojalá no desista en su tarea de contestarles, en cumplimiento de sus obligaciones, pero también de develar el racismo sobre el cual se paran tantas preguntas.     

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