Los Danieles. Descertificado y sin visa

Enrique Santos Calderón

Enrique Santos Calderón

Se fue con todo el presidente Petro en Estados Unidos. Su discurso ante Naciones Unidas y sus duras críticas a Donald Trump provocaron el retiro de la delegación estadounidense y, luego, su arenga callejera en Nueva York llevo a que Washington lo despojara de su visa.  

Falta ver que más efectos se producen sobre la cada vez más tirante relación con el gran vecino del norte. Por ahora tenemos a un presidente descertificado y sin visa USA y algunos dirán que ya qué más se puede esperar. Habrá más, no lo duden.   

Petro estaba en su salsa ante el escenario mundial de la ONU. Todo de blanco hasta los pies vestido, erguido y bien peinado, dio rienda suelta a su fogosa oratoria, pero no entusiasmó a un auditorio distraído y casi vacío. Pese a que cantó verdades conocidas, como los costos humanos y ambientales de la fracasada guerra contra las drogas y el aporte y cuota de sacrificio de Colombia en esta lucha. 

No impactó tal vez porque es un discurso tan reiterado y siempre muy personalista, florido y largo (habló cuarenta minutos de los quince asignados), o porque la figura del presidente colombiano por alguna razón no transmite el carisma o la credibilidad política de un Lula o un Boric en la izquierda, o de un Milei o un Bukele en la derecha. Pero no está mal que le canten verdades a Trump. Gusta mucho en el exterior, aunque no nos traiga mayores réditos internos.  

Por otra parte, Petro ha anunciado que Colombia ya no adquirirá armas de los Estados Unidos, lo que nos lleva tangencialmente al tema de cómo se aprovisionará el Ejército, mientras Indumil produce los fusiles anunciados. Pero, sobre todo, al más actual de cómo utilizará las armas que ya tiene, en situaciones como las que está enfrentando de acelerado deterioro del orden público y delicadas confrontaciones con comunidades hostiles (“instrumentalizadas”, o no, por mafiosos o guerrilleros).   

En los largos años que llevo siguiendo los altibajos de nuestro eterno conflicto armado pocas veces he visto tan achicopaladas a las fuerzas del orden. Me impresionó la escena, televisada ante el país, de cómo un sujeto de las disidencias apresado por unidades del Ejército es arrebatado de las manos de los soldados por campesinos alebrestados, que además obligaron a la tropa a retirarse. Sucedió en una vereda de La Plata, Huila, en una de las decenas de asonadas que ha sufrido una fuerza pública sistemáticamente desbordada y humillada por comunidades que protestan. 

Hasta cuándo, me pregunto. Impresionan la moderación, paciencia y disciplina de los uniformados del Estado, pero se está llegando a extremos difícilmente sostenibles. Se ha creado un caldo de cultivo explosivo y peligroso. El país no está acostumbrado a ver a su ejército retirarse con el rabo entre las piernas ante el hostigamiento de grupos sociales sublevados. Que el MinDefensa se queje ante la Fiscalía y condene los abusos de estos grupos no es respuesta suficiente, ni la forma como el Estado pueda ejercer el monopolio de las armas o imponer la legalidad democrática. 

En regiones de conflicto armado, el Gobierno está en mora de definir y controlar zonas específicas de acceso prohibido. Y hacerlo cumplir de manera drástica. Permitir también que los soldados agredidos puedan defenderse de manera más convincente y contundente. ¿Disparar a los miembros inferiores de quienes los atacan?  Es la opción más mencionada. Como sea, cualquier acción tiene que estar precedida de una cuidadosa labor de inteligencia. Para evitar las sorpresas de siempre. 

******* 

Misiles rusos contra Ucrania. Bombas israelíes sobre Gaza. Miles de muertos, decenas de miles de refugiados. Niños, madres, abuelos… Desgarradoras escenas de sufrimiento y destrucción que hace meses, todos los días, contemplamos indignados e impotentes desde la comodidad de nuestros hogares. 

¿Para qué sirven las Naciones Unidas, que celebra su 80º período de sesiones? ¿Para qué los protocolos sobre la guerra? ¿Los acuerdos sobre derecho internacional humanitario? ¿La mediación de las grandes potencias para garantizar la convivencia pacífica entre los hombres? Mientras en el mundo muera de hambre un niño no podrá haber paz, decía Jean Paul Sartre. Pero más allá de las apocalípticas sentencias del precursor del existencialismo no es posible aceptar que en 2025, en la tercera década del siglo XXI, en un mundo que ha conquistado el espacio sideral y producido la inteligencia artificial, persista tan primitiva violencia entre naciones. 

¿Es algo intrínseco a la naturaleza humana? ¿La guerra será siempre una expresión de la política por otros medios? Solo sabemos que el ideal de una paz mundial estable y duradera sigue siendo una utopía en una sociedad planetaria cada vez más interconectada e informada. Pero donde nacionalismos, racismos y arrogancias de poder siguen mandando la parada. 

P.S.1: Ojalá prospere la demanda de la Asociación Diplomática de Colombia contra la absurda resolución del Ministerio de Relaciones Exteriores que elimina la exigencia de un segundo idioma para ser embajador de Colombia. ¿A quién se le ocurre que hablar inglés, por ejemplo, no es requisito clave para representar mejor al país en el exterior? Gustavo, un poquito de sindéresis. Please. 

P.S.2: Y como el camino del infierno está pavimentado de buenas o bobas, intenciones, la nueva ley que restringe la divulgación de sondeos y encuestas electorales es otra medida absurda y contraproducente, que facilitará la manipulación de la información política por las redes sociales. Difícil creer que se hubiera aprobado semejante adefesio.

Sobre Revista Corrientes 5443 artículos
Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com