Los Danieles. ¿Constituyente a la Petro?

Enrique Santos Calderón

Enrique Santos Calderón

¿Delirio o cañazo? ¿Maniobra de distracción o cortina de humo? ¿Advertencia o amenaza? La propuesta de Petro de una Asamblea Constituyente generó una previsible avalancha de reacciones y una polémica sin fin a la vista.

No importa que la mayoría de las reacciones sean negativas. Arrevolverar al país político era lo que quería. Abrir otros frentes de discusión diferentes al de su desempeño en el gobierno. Radicalizar las bases petristas contra un Congreso “entregado” y un sistema “oligárquico” hostiles a sus reformas. Y promover al mismo tiempo cabildos abiertos en todo el país como vehículo de expresión de una democracia paralela, de sabor plebiscitario.

Petro puede ser arrogante, soberbio y testarudo pero bruto no es. La estrategia tiene la  lógica de su eterno discurso  contestatario —el Estado podrido, la economía quebrada, la salud agónica— tan reiterado que podría pensarse, como ya lo he dicho aquí, que es el jefe de la oposición pese a que lleva casi año y medio con la riendas del poder en la mano. 

Quizás el reciente repunte en las encuestas lo haya envalentonado para soltar audacias como la de la Constituyente, aunque él sabe que no cuenta con mayorías en el Congreso ni el respaldo en la opinión (estable en cerca del 35 %) para avalar semejante aventura. Pero la promueve porque lo suyo es la polémica y la confrontación dialéctica.

Germán Vargas Lleras es partidario de cogerle el cañazo, aunque la mayoría de líderes políticos no creen que por ahí sea la cosa. Algunos calificaron la salida de Vargas incluso de “irresponsable” y De la Calle dijo que era una “fanfarronada”. Pero Petro logró la polémica deseada, y advirtió, eso sí, que su propuesta no es para cambiar la Constitución del 91, ni para “prolongarse en el poder”. Él no podría reelegirse, claro, y su obvio propósito es el de repetir el triunfo del Pacto Histórico en las presidenciales de 2026 porque durante su mandato los “poderes constituidos” no dejaron gobernar en favor del pueblo.

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Se iniciará pues una nueva fase de agitación política aupada por el Gobierno con el caballito de batalla de una Asamblea Constituyente, que para muchos sería abrir una caja de Pandora que una vez destapada no se puede cerrar. Y que poco tiene ver con el proceso que hace treinta y tres años condujo a la Constitución del 91, en un país agobiado por el narcoterrorismo, el acoso guerrillero  y el clientelismo político (peores que ahora, si cabe), que  sintió que esa iniciativa era la  posibilidad de reforma y cambio que no llegaría a través del Congreso.

Es así como, al impulso estudiantil de la «séptima papeleta», el  27 de mayo de 1990 se produjo una abrumadora votación a favor de la Constituyente y en un histórico acuerdo las principales fuerzas políticas  del país pactaron las bases y temas de una gran reforma institucional. Hubo un revolcón hacia el futuro como lo definió el entonces presidente Gaviria, que abrió el sistema político y permitió, entre otras cosas, la elección de un presidente de izquierda, que ahora dice que se necesita  otra  Constituyente  para realizar los cambios  que el pueblo reclama y necesita.

Pero este camino hoy no es viable ni recomendable y mientras el presidente insiste en proclamarse como el vocero auténtico del constituyente primario, vale la pena preguntarse en qué van sus reformas. La laboral no está agendada, la pensional no ha comenzado a debatirse, de la educativa nada se sabe y la de la salud agoniza en el Congreso. 

Mientras tanto la «paz total» anda a tropezones. Petro le recordó al Clan del Golfo, que se rebautizó ahora como «Ejército Gaitanista de Colombia», que «Gaitán era un revolucionario no un traqueto». Y al jefe de las disidencias Farc, Iván Mordisco, también le dijo «traqueto disfrazado de revolucionario». En ambos casos acierta, pero también surge la pregunta de cómo piensa implementar un proceso de negociación y/o sometimiento a la justicia con estos grupos traquetizados.

Si a este panorama se le suman la caída de la inversión, producción y confianza en el futuro, se entiende por qué el presidente suelta el globo distractor de la Asamblea Constituyente. O por qué le dedica una hora en televisión al tema ya resuelto de la primera línea del metro de Bogotá. Solo falta un cara a cara suyo con Mordisco y Mancuso sobre paz y guerra, que tendría gran sintonía.   

P.S.: A María Corina Machado, hostigada sin cesar por el dictador venezolano, le tocó nombrar a la filósofa Corina Yuris como candidata sustituta. ¿Cuánto demorará Maduro en matonear y descalificar a esta nueva opositora?

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