La reunión privada entre Kissinger y Pinochet en Chile: “Queremos ayudarlo: simpatizamos con lo que están tratando de hacer aquí”

Pinochet recibe a Kissinger en su oficina, en una fotografía con fecha del 8 de junio de 1976, en Santiago de Chile. BETTMANN (GETTY IMAGES)

ANTONIA LABORDE

Santiago de Chile – 

Henry Alfred Kissinger cumple este sábado 100 años. Con motivo de su natalicio, el Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha publicado una selección de documentos desclasificados que revelan “el lado más oscuro” del poderoso secretario de Estado estadounidense (1973-1977), y previamente consejero de Seguridad Nacional (1969-1975), durante los mandatos de los republicanos Richard Nixon y Gerald Ford. Uno de los asuntos en los que pone especial énfasis la publicación de documentos es el papel que desempeñó Kissinger en la estrategia de hostilidad y presión para favorecer el derrocamiento del Gobierno socialista de Salvador Allende. También, en el apoyo estadounidense para consolidar la dictadura militar de Augusto Pinochet en Chile (1973-1990). En la transcripción de una reunión privada sostenida en Santiago en 1976, el estadounidense, cuyos asesores le habían recomendado mostrarse crítico ante el dictador por las violaciones a los derechos humanos, le dio un espaldarazo: “Queremos ayudarlo, no perjudicarlo”.

“Simpatizamos con lo que están tratando de hacer aquí”, afirma Kissinger en representación del Gobierno de Nixon, “hizo un gran servicio a Occidente al derrocar a Allende”. Y añade su visión personal: “Mi evaluación es que usted es víctima de todos los grupos de izquierda del mundo y que su mayor pecado fue derrocar a un Gobierno que se estaba volviendo comunista”. El encuentro en Santiago se produjo cuando se estaba celebrando la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en la capital chilena. El secretario de Estado también comenta a Pinochet que retrasó su discurso de aquel día para advertirle con anticipación que en su intervención se referirá, brevemente, al informe elaborado por la Comisión de Derechos Humanos de la OEA sobre la situación en el país sudamericano. Kissinger se excusa en que lo hará para evitar que el Congreso estadounidense, donde hay “problemas” por el tema de derechos humanos, apruebe sanciones en contra de Chile. “Quería que entendiera mi posición. Queremos tratar con persuasión moral, no con sanciones legales”, agrega ante Pinochet.

Una página de la transcripción de la reunión privada entre Kissinger y Pinochet.
Una página de la transcripción de la reunión privada entre Kissinger y Pinochet.ARCHIVO DE SEGURIDAD NACIONAL EEUU

Durante la conversación, Kissinger insiste al dictador que sería “de gran ayuda” si anunciase las medidas que están adoptando en materia de derechos humanos. Lo primero que respondió Pinochet sobre el asunto fue: “[El país está] Volviendo a la institucionalización paso a paso. Pero constantemente estamos siendo atacados por los democristianos. Tienen una voz fuerte en Washington. No en el Pentágono, pero llegan al Congreso. [El diplomático Gabriel] Valdés tiene acceso. También [el excanciller de Allende, Orlando] Letelier”.

En septiembre de ese año, Letelier fue asesinado en Washingtonen un atentado con una bomba adosada a su coche. Las autoridades estadounidenses tardaron años en reconocer que Pinochet ordenó su muerte; el primer acto terrorista patrocinado por un Gobierno extranjero en la capital de EE UU. Para calmar la aprensión del dictador sobre los democristianos, el secretario de Estado le aseguró que no estaban influenciando en el Ejecutivo y que desde 1969 no había visto ninguno en Washington. “Quiero ver que nuestras relaciones y amistad mejoran. Alenté a que la OEA tuviese aquí [en Santiago] su Asamblea General. Sabía que eso le añadiría prestigio a Chile. Vine por eso”, reconoce Kissinger.

En el encuentro en Santiago, Kissinger también le recomendó a Pinochet que los anuncios en materia de derechos humanos que podría usar para obtener cierto rédito político pasaban por asegurar las garantías constitucionales, divulgar el número de prisioneros en Chile y confirmar el derecho de habeas corpus(que permite a los detenidos ser conducidos inmediatamente ante un juez si así lo piden). Además, le aconsejó comunicarlas como un paquete de acción política con la finalidad de conseguir un “mejor impacto psicológico”.

Peter Kornbluh, analista senior encargado del país sudamericano en el Archivo de Seguridad Nacional, con sede en Washington, concluye que “Chile es el talón de Aquiles de Kissinger”. “Todos hablan del legado de Kissinger por su centenario. Ese legado son las transcripciones de estas grabaciones, la verdadera evidencia del lado oscuro de su impacto en el mundo. Estos documentos nos lo recuerdan. Son como haber tenido una mosca en la pared de su oficina escuchando lo que se hablaba”, sostiene por teléfono Kornbluh, que lleva años estudiando al dictador y ha analizado los documentos desclasificados.

Tras la detención en Londres de Pinochet en 1998, a los 83 años y acusado de crímenes de lesa humanidad durante la dictadura, Kornbluh escribió el libro Pinochet: los archivos secretos (Memoria Crítica, 2003). Ahora, a finales de junio, publicará un nuevo volumen: Pinochet, desclasificado (Catalonia), donde sigue profundizando en el papel de Kissinger en la dictadura chilena, con mención a estos documentos desclasificados. El autor promete en la nueva entrega “numerosas revelaciones”: “Es uno de los hombres vivos más poderosos y cuya reputación está manchada de sangre, desde Chile hasta Camboya”.

Más de 30.000 páginas de conversaciones secretas

El Archivo de Seguridad Nacional cuenta con más de 30.000 páginas de transcripciones de las conversaciones telefónicas de Kissinger, muchas de las cuales el político grabó en secreto. El registro histórico desclasificado no deja dudas de que fue el “principal arquitecto de los esfuerzos estadounidenses para desestabilizar” el Gobierno de Allende, postula la ONG que investiga y disemina los documentos. En las semanas previas a la toma de posesión de Allende en 1970, los registros de la CIA revelan que Kissinger supervisó operaciones encubiertas para fomentar un golpe militar que condujera directamente al asesinato del comandante en jefe del Ejército de Chile, el general René Schneider. Uno de los documentos revela también que el 15 de septiembre Kissinger mantuvo una reunión en la Casa Blanca con el presidente Nixon y el director de la CIA, Richard Helms, sobre Chile. Las notas del director de la CIA registran las órdenes de Nixon de “hacer gritar a la economía” y evitar que Allende asumiera el cargo de presidente.


Una vez que el médico socialista llegó al poder, Kissinger autorizó una intervención clandestina para “intensificar los problemas de Allende”. También para que se crearan las condiciones para que el derrocamiento pudiera ser factible, según las transcripciones de una reunión con el Consejo de Seguridad, celebrada solo tres días después de que Allende asumiera la presidencia.

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