La filial del EI vinculada al atentado de Moscú tiene ambiciones globales

Los daños a la sala de conciertos Crocus City Hall en Krasnogorsk, Rusia, el domingo. El jefe del Comando Central del ejército estadounidense dijo la semana pasada que el Estado Islámico de Jorasán “conserva la capacidad y la voluntad de atacar los intereses estadounidenses y occidentales en el extranjero en tan solo seis meses con poca o ninguna advertencia”. Foto Nanna Heitmann para The New York Times

Por Eric Schmitt

Reportando desde Washington

Este mes se cumplen cinco años desde que una milicia kurda y árabe respaldada por Estados Unidos expulsó a los combatientes del Estado Islámico de un pueblo del este de Siria, el último reducto territorial del grupo.

Desde entonces, la organización que en su día se autoproclamó califato en Irak y Siria se ha convertido en un grupo terrorista más tradicional: una red clandestina de células que, desde África Occidental hasta el Sudeste Asiático, se dedican a cometer atentados de guerrilla, ataques con bomba y asesinatos selectivos.

Ninguna de las filiales del grupo ha sido tan implacable como el Estado Islámico de Jorasán, que tiene operaciones en Afganistán, Pakistán e Irán y ha puesto la mira en atacar Europa y más allá. Las autoridades estadounidenses afirman que el grupo realizó el atentado cerca de Moscú del viernes que mató a decenas de personas e hirió a muchas otras.

En enero, el Estado Islámico de Jorasán, o ISIS-K, por su sigla en inglés, llevó a cabo dos atentados en Irán que causaron decenas de muertos y centenares de heridos en un servicio en memoria del exgeneral iraní Qasem Suleimani, quien cuatro años antes fue blanco de un ataque estadounidense con drones.

“La amenaza del EI”, dijo Avril Haines, directora de inteligencia nacional, ante un panel del Senado este mes, “sigue siendo una preocupación significativa contra el terrorismo”. La mayoría de los atentados “realizados globalmente por el EI se han producido en realidad por partes del EI que están fuera de Afganistán”, dijo refiriéndose al Estado Islámico, conocido en inglés como ISIS.

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Avril Haines, directora de inteligencia nacional de EE. UU., declaró este mes ante el Congreso que la mayoría de los atentados “realizados globalmente por el EI se han producido en realidad por partes del EI que están fuera de Afganistán”. Foto Kent Nishimura para The New York Times

Michael Kurilla, general jefe del Mando Central del ejército, declaró el jueves ante una comisión de la Cámara de Representantes que el ISIS-K “conserva la capacidad y la voluntad de atacar intereses estadounidenses y occidentales en el extranjero en un plazo de tan solo seis meses sin apenas previo aviso”.

Especialistas estadounidenses en antiterrorismo rechazaron el domingo la insinuación del Kremlin de que Ucrania estuviera detrás del ataque del viernes cerca de Moscú. “El modus operandi era clásico del EI”, dijo Bruce Hoffman, un estudioso del terrorismo en el Consejo de Relaciones Exteriores.

El asalto fue el tercer lugar de conciertos en el hemisferio norte que el Estado Islámico ha atacado en la última década, dijo Hoffman, después de un ataque contra el teatro Bataclan en París en noviembre de 2015 (como parte de una operación más amplia contra otros objetivos en la ciudad) y un atentado suicida en un concierto de Ariana Grande en el Manchester Arena, Inglaterra, en mayo de 2017.

El Estado Islámico de Jorasán, fundado en 2015 por integrantes insatisfechos de los talibanes paquistaníes, irrumpió en la escena yihadista internacional después de que los talibanes derrocaron al gobierno afgano en 2021. Durante la retirada militar estadounidense del país, ISIS-K, llevó a cabo un atentado suicidaen el aeropuerto internacional de Kabul en agosto de 2021 en el que murieron 13 efectivos militares estadounidenses y hasta 170 civiles.

Desde entonces, los talibanes luchan contra el ISIS-K en Afganistán. Hasta ahora, los servicios de seguridad de los talibanes han impedido que el grupo se apodere de territorio o reclute a un gran número de antiguos combatientes talibanes, según funcionarios estadounidenses de antiterrorismo.

Pero la trayectoria ascendente y el alcance de los atentados del ISIS-K han aumentado en los últimos años, con ataques transfronterizos en Pakistán y un número creciente de complots en Europa. La mayoría de esos complots europeos fueron frustrados, lo que llevó a los servicios de inteligencia occidentales a considerar que el grupo podría haber alcanzado el límite de sus capacidades letales.

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Funeral de una víctima del atentado suicida llevado a cabo por ISIS-K en el aeropuerto internacional de Kabul en 2021. Foto Victor J. Blue para The New York Times

El pasado mes de julio, Alemania y los Países Bajos coordinaron las detenciones de siete individuos tayikos, turcomanos y kirguizos vinculados a una red del ISIS-K sospechosos de planear atentados en Alemania.

Tres hombres fueron detenidos en el estado alemán de Renania del Norte-Westfalia por presuntos planes para atentar contra la catedral de Colonia el último día de 2023. Las redadas estaban relacionadas con otras tres detenciones en Austria y una en Alemania el 24 de diciembre. Al parecer, las cuatro personas actuaban en apoyo del ISIS-K.

Funcionarios antiterroristas estadounidenses y de otros países occidentales afirman que estos complots fueron organizados por operativos de bajo nivel que fueron detectados y desbaratados con relativa rapidez.

“Hasta ahora, el EI de Jorasán ha recurrido principalmente a agentes sin experiencia en Europa para intentar cometer atentados en su nombre”, dijo Christine Abizaid, directora del Centro Nacional Antiterrorista, ante una comisión de la Cámara de Representantes en noviembre.

Pero hay indicios preocupantes de que el ISIS-K está aprendiendo de sus errores. En enero, asaltantes enmascarados atacaron una iglesia católica en Estambul, matando a una persona. Poco después, el Estado Islámico, a través de Amaq, su agencia oficial de noticias, reivindicó el atentado. Las fuerzas del orden turcas detuvieron a 47 personas, en su mayoría ciudadanos de países de Asia Central.

Desde entonces, las fuerzas de seguridad turcas han lanzado operaciones masivas dirigidas a sospechosos de pertenecer al EI en Turquía, Siria e Irak. Varias investigaciones europeas arrojaron luz sobre la naturaleza global e interconectada de las finanzas del EI, según un informe de Naciones Unidas de enero, que identificaba a Turquía como centro logístico de las operaciones del ISIS-K en Europa.

Los atentados en Moscú e Irán demostraron una mayor sofisticación, según funcionarios de la lucha antiterrorista, lo que sugiere un mayor nivel de planificación y la capacidad de valerse de las redes extremistas locales.

“El ISIS-K ha estado obsesionado con Rusia durante los dos últimos años”, criticando con frecuencia al presidente Vladimir Putin en su propaganda, dijo Colin Clarke, analista antiterrorista del Soufan Group, una consultora de seguridad con sede en Nueva York. “ISIS-K acusa al Kremlin de tener sangre musulmana en sus manos, haciendo referencia a las intervenciones de Moscú en Afganistán, Chechenia y Siria”.

Una parte significativa de los integrantes de ISIS-K son de origen centroasiático, y hay un gran contingente de cetroasiáticos que viven y trabajan en Rusia. Algunos de estos individuos pueden haberse radicalizado y estar en condiciones de desempeñar una función logística, almacenando armas, dijo Clarke.

Daniel Byman, especialista en antiterrorismo de la Universidad de Georgetown, dijo que “ISIS-K ha reunido a combatientes de Asia Central y el Cáucaso bajo su ala, y pueden ser responsables del atentado de Moscú, directamente o a través de sus propias redes”.

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Dolientes de una víctima de un atentado de ISIS-K se reunieron en su funeral en Teherán en enero. Foto Arash Khamooshi para The New York Times

Al parecer, las autoridades rusas e iraníes no se tomaron suficientemente en serio las advertencias públicas y privadas más detalladas de Estados Unidos sobre la inminente trama de atentados del ISIS-K, o se distrajeron con otros problemas de seguridad.

“A principios de marzo, el gobierno de Estados Unidos compartió información con Rusia sobre un ataque terrorista planeado en Moscú”, dijo el sábado Adrienne Watson, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional. “También emitimos un aviso público a los estadounidenses en Rusia el 7 de marzo. El EI es el único responsable de este ataque. No hubo participación ucraniana en absoluto”.

Las autoridades rusas anunciaron el sábado la detención de varios sospechosos del atentado del viernes. Pero altos funcionarios estadounidenses dijeron el domingo que seguían investigando los antecedentes de los atacantes y tratando de determinar si habían sido desplegados desde el sur o el centro de Asia para este ataque en particular o si ya estaban en el país como parte de la red de simpatizantes que el ISIS-K luego contrató e incitó.

Especialistas en antiterrorismo expresaron el domingo su preocupación por la posibilidad de que los atentados de Moscú e Irán envalentonen al ISIS-K para redoblar sus esfuerzos por atentar en Europa, especialmente en Francia, Bélgica, Gran Bretaña y otros países que han sufrido ataques intermitentes durante la última década.

El informe de la ONU, que utiliza un nombre diferente para Estado Islámico de Jorasán, afirma que “algunos individuos de origen norcaucásico y centroasiático que viajan desde Afganistán o Ucrania hacia Europa representan una oportunidad para ISIL-K, que busca proyectar ataques violentos en Occidente”. El informe concluía que había pruebas de “complots operativos actuales e inacabados en suelo europeo dirigidos por ISIL-K”.

Un alto funcionario de los servicios de inteligencia occidentales identificó tres factores principales que podrían inspirar a los operativos del ISIS-K a llevar a cabo atentados: la existencia de células latentes en Europa, las imágenes de la guerra en Gaza y el apoyo de personas de habla rusa que viven en Europa.

Un acontecimiento importante de este verano tiene en vilo a muchos responsables de la lucha antiterrorista.

“Me preocupan los Juegos Olímpicos de París”, dijo Edmund Fitton-Brown, ex alto funcionario de la ONU en materia antiterrorista y ahora asesor principal del Counter Extremism Project. “Serían un objetivo terrorista de primer orden”.

Eric Schmitt es corresponsal de seguridad nacional para el Times y se centra en asuntos militares estadounidenses y antiterrorismo en el extranjero, temas sobre los que ha informado durante más de tres décadas. 

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