Por Óscar Domínguez Giraldo
Deje todo botado -incluido el gato- y véngase ya con su tribu : lo esperan en la Bella Villa de Medellín. Desde hoy 31 de julio hasta el 9 de agosto “habemus” Feria de las Flores con 200 eventos. Buses a todos los barrios. Damas no pagan. Nadie paga por asistir a esos espectáculos
Cualquier policía le cuenta que la “tacita de plata”, uno de los alias de Medellín, tomado de la ciudad de Cádiz, en España, fue fundada el 2 de noviembre de 1675, por Miguel de Aguinaga y que el primer censo sumó “doscientos ochenta cabezas de familia, con más de tres mil personas entre chicos y grandes”. Esos tres mil tomaron muy a pecho el mandato bíblico de crecer y multiplicarse.
Hoy sueñan en sus predios 2.526.795habitantes, dato oficial, gracias a tasas de natalidad que empiezan a bajar por culpa de ese televisor de pared llamado preservativo. Y por el televisor en sí. Si incluye toda el área metropolitana del Valle del Aburrá póngale cuatro millones de hiperbólicos y amables moradores.
En sus inicios, Medellín tenía ocho cuadras de largo por ocho de ancho. Hace tiempos, la ciudad se salió del cuero y ahora llega hasta Ríonegro (para hablar solo del oriente). El fallecido gobernador e historiador Jaime Sierra García cuenta en su “Diccionario Folklórico de Antioquia” que a la villa se le dio ese nombre en honor don Pedro Portocarrero y Luna, conde de Medellín, España.
Entrados en gastos digamos que Medellín deriva su gracia (nombre) del romano Metello, fundador de Medellín, en Extremadura, España, y olé. Para continuar alardeando con la etimología, Metello viene de Misthios, asalariado, y éste de Misthós (jornal), o sea que Medallo, como le dicen coquetamente sus habitantes, sería la ciudad de los asalariados, del desarrollo industrial. (Tal vez por lo anterior, en una charla con cualquier paisa, va la madre si no le plantea un negocio. Incluido un lote en la luna. Ojo.).
No es exageración de tahúr: en 1825, el cronista sueco Carl August Gosselman, de paso por el poblado medellinense, se amañó tanto que hizo este comercial gratuito para la posteridad: “Aquí debió quedar el paraíso”. Y regresó al frío Estocolmo.
VERBOS DE TODO EL MAIZ
Tranquilo: no crea que en Medellín todo el mundo se despeluca por conjugar el verbo trabajar, trabajar y trabajar. Desde siempre, trabajar ha sido virtud y tara del pueblo antioqueño. Como los paisas de hoy prefieren vivir, diría que los verbos que consumen prioritariamente son: trabajar, rumbear y rezar, en ese desorden.
Alístese para disfrutar de un clima tan bueno que él solito sirve para demostrar la existencia de Dios porque para reventar camándula los paisas están solos en el patio. Los aguarda la ciudad de la Eterna Primavera. En Medallo la amabilidad es un estado del alma, un tic. (Otro infame epíteto que nadie debe pronunciar, es Metrallo, residuo de la nefasta época del narcotráfico que hizo hasta pa vender).
La hospitalidad es la otra religión del pueblo de la “dura cerviz” que lleva “el hierro entre las manos porque en el cuello me pesa”, como reza el Himno Antioqueño que tiene letra del “Loco” Epifanio Mejía, yarumaleño, y música del maestro payanés Gonzalo Vidal. No hay montañero que desde sus primeros teterados ideológicos y patrioteros no haya aprendido a desafinar cantando el himno.

Medellín es toda una feria de flores, hospitalidad y amistad. Foto Colombia/Google
En Medellín, un saludo, una sonrisa, un aguardiente, un juego de cartas, un bambuco, no se le niega ni al peor amigo.
Para recargar las pilas de la buena suerte, lo espera Doña Bastante, la gorda de Fernando Botero situada en el mismísmo Parque de Berrío. Doña Bastante es sitio ideal como punto de encuentro, y para emparentarse con la buena suerte: rásquele el ombligo y cómprese así sea un quintico (fracción) de la más que septuagenaria Lotería de Medellín. ¿Aunque para qué más plata de la que uno se puede gastar?, se preguntan las pragmáticas abuelas. A una jaculatoria de la Gorda están la avenida Junín y la Plaza Botero. Imperdibles.
La consigna de los negociantes maiceros es: diviértase mientras lo dejamos sin un peso. Al comprar, no olvide conjugar el verbo barequiar, un deporte antioqueño que consiste en pedir rebaja hasta por dar un beso o atravesar una calle.
UNA MUJER LLAMADA MEDELLIN
Las mujeres medellinenses son bellas por inercia, casi por vicio. Hay solteros perpetuos que vienen aquí a hacerse leer alguna epístola. No es por lamber, como se dice por estos pagos con las cinco letras, pero además de sexapilosa y perturbadora la mujer paisa es firme, amorosa, leal, romántica, celosa, brava y camelladora. Acompaña a sus parientes y amigos hasta el patíbulo. Se ahorca con ellos.
Dese su rodadita por el viejo Guayaquil – Guayaco para los íntimos- , adonde solía ir el país paisa masculino a escuchar tangos, empinar el codo, perder la virginidad, o a pecar por fuera de la propia circunscripción matrimonial. Al taxista dígale que lo lleve al centro administrativo de La Alpujarra, la reencarnación de Guayaco. En el camino, el taxista le contará un cuento mejor que el que yo les estoy echando. Lo juro por esta cruz bendita.
Como los antioqueños tienen la nostalgia por cárcel, en el Cerro Nutibara construyeron su propio pueblito paisa. Allí van a desatrasarse de saudades terrígenas. A muchos nos tocó salir pitados de nuestros pueblos por causa de la violencia.

Medellín florece en agosto. Foto RCN
Si en Medellín se dan todas las formas de locha y lucha para buscarle la caída al billete, también se dan todas las formas de transporte. Prohibido NO montar en el metro, ese “ascensor acostao” como lo definió certeramente un usuario de la llanura. Los antioqueños chicanean a morir con la “cultura metro” ya que a las demás ciudades apenas les alcanzó para Transmilenio y similares. Bueno, Bogotá ya se puso las pilas.
En Medellín también hay metro con cargaderas o calzonarias: el metrocable que llega a las zonas empinadas de la ciudad. Que no falten las escaleras eléctricas – en la famosa Comuna Trece- que trastean a los habitantes hasta las alturas del barrio san Javier donde no se atreven las águilas. El expresidente Clinton anduvo por esos pagos. (Foto Alcaldía de MedellínI).
PROHIBIDO PROHIBIR
Por unos días, mande pa’ l carajo todas las dietas. Cuando venga a Medellín dele de comer a sus ganas con esa “segunda trinidad bendita” que cantó el poeta de La Ceja, Gregorio Gutiérrez González: “… salve, frisoles, mazamorra, arepa, con nombraros no más se siente hambre, no muera yo sin que otra vez os vea”. El turista siempre tiene licencia para andar de pipí cogido con el calumniado colesterol.
Si pide una dirección no sólo se la dan sino que corre el peligro de que le encimen una invitación a almorzar, o a tomar el “algo” que son las mismas once bogotanas, un alimento de menor cuantía antes de los grandes “golpes” gastronómicos, desayuno, almuerzo y comida.
Los paisas hiperbólicos dicen que, por ley, debería ser obligatorio para todo colombiano visitar la capital maicera siquiera una vez al año. Cárcel para quien no lo haga.
Por estos días, prepare el alma y el ojo para ver pasar silleteros que son Gandhis sin taparrabos que hacen la revolución a punta de flores. Nunca faltan los paseos turísticos a Santa Helena para ver armar las silletas.
Llegue a Medallo ligero de equipaje. En los centros comerciales puede comprar ropa buena, bonita y barata pa’ todo el año. Por todo el valle encontrará ventas de fábrica.
¿Prefiere el turismo filosófico? Visite la casa-museo Otraparte, de Fernando González, en Envigado, la tierra del amor, de la morcilla, también llamada rellena o “tubería negra”. En Envigado lo espera La Calle de la Buena Mesa con restaurantes para despachar todos los antojos.
En Envigado, llamado el Mónaco colombiano, le contarán que el filósofo y escritor francés, Jean Paul Sartre, candidatizó al Brujo González para el Nobel de Literatura, en la década del cincuenta. Aproveche para pasar frente a la casa de la pintora Débora Arango y aterrice en el andén más famoso del mundo: el de Envigado, donde en menos de cinco segundos el mesero que lo atiende le conoce hasta el ADN.
En el exclusivo Parque Lleras del barrio El Poblado existe el único “fashion show”, diario y gratiniano, ideal para juntar ganas y quitarlas en casa. Si viene a hacer turismo sexual vuélvase por donde vino.
Si va a Medellín y no da la vuelta a Oriente (Ríonegro, El Retiro, La Ceja e intermedias) simplemente no estuvo del todo en Antioquia. ¿Hay un tango en su pasado? En la calle 45 de Manrique, Vaticano de la canción ciudadana, le alivian esa nostalgia musical. Pásese por el Café Alaska, atendido por el che Gustavo Rojas. Cerca está la Casa Gardeliana.
Cualquier parroquiano le cuenta con pelos y señales cómo fue la muerte de Carlos Gardel en un accidente de aviación en junio de 1935. Miles de personas tienen “restos” de la guitarra y del avión en que se mató Carlitos, como le decimos sus fans.
Un aguardiente estampillado o una tapetusa – trago hechizo- que se niega a aportar al fisco, no se le niega a nadie. Si le quiere arrancar al tute, dado, dominó, parqués, póquer, apuntado, fierro, o la 31, no lo busque más: En Medallo y alrededores le alivian esa angustia de tahúr que todos llevamos dentro.
De Medellín se puede decir lo que el Dr. Johnson dijo de Londres: El que se aburre de Medellín se aburre de la vida.
OTRAS OPCIONES
Otras sugerencias varias (aparte de los «esenciales» Metro, Metrocables, Metroplus y, ojalá no domingo, Parque Arví).

El grafitur, comuna 13. Este tour lo hizo Bill Clinton (foto).
+ El anárquico centro de la ciudad sigue siendo muy importante, y dependiendo del día se pueden visitar el Museo Botero, la Plaza Botero, el Palacio de la Cultura, la Catedral, la Alpujarra, el parque San Antonio, el Salón Málaga, el Parque Bicentenario con la Casa de la Memoria, la zona del norte (Parque de los Deseos, Planetario y museo, Parque Explora, Jardín Botánico y la sede de la Universidad de Antioquia.
En el centro hay dos restaurantes emblemáticos para almorzar: El Salón Versalles, cerca de la Plaza de Bolívar que tiene al fondo la Catedral Metropolitana, la estructura en ladrillo más grande del mundo (y no es exageración). El otro lugar para almorzar o tomar el algo es El Astor
En Manrique, el vaticano del tango, se pueden visitar la Casa Gardeliana, y el Café Alaska, que tiene 85 años en el mismo sitio. Un ícono del tango en Medellín. (Atendido por su propietario Gustavo Rojas, un magnífico anfitrión y sabe todo sobre su barrio). Ideal para llegar en Metroplus. Tiene todos los tangos. Y cuando digo todos, es todos.
+ No sobre un buen recorrido por todo El Poblado. Caminar, preferiblemente en la tarde-noche, por el parque Lleras y sus alrededores. Opciones gastronómicas para todos los bolsillos. Y a todas horas. Muy recomendado el restaurante La tienda del vino, abajo del parque principal donde se fundó Medellín.
+ Laureles, tan agradable y caminable, y con tantas opciones para «mecatear», tomarse un café o comer en forma.
+ La carrera 70, con llegada al Estadio y la unidad deportiva (visibles también en la Línea B del Metro).
+ Envigado con la calle de la buena mesa y Sabaneta. En Envigado muy recomendable también el Café Otraparte.
+ El cerro de El Volador es un mirador muy especial, mejor que el mismo Nutibara.
- No olvidar la vuelta a Oriente, con visitas a Rionegro, La Ceja y el retiro. Santa Fe de Antioquia y Ciudad Jardín son otras opciones. Buses a todas horas desde de los terminales norte y sur.
+ El aeropuerto Olaya Herrera, con su Plaza Gardel. Cerca falleció el Zorzal en un choque de dos aviones que estaban … en tierra.
