El anecdotario de Luis Enrique Rodríguez

Luis Enrique Rodríguez (Q.E.P.D.) con su esposa y sus hijas en algún lugar de la sabana. Foto del album familiar

Por Claudia Figueroa

N.D.R. Con motivo del homenaje que la Universidad de La Sabana le brindó a Luis Enrique Rodríguez por sus 40 años de vida profesional, Claudia Figueroa, su esposa rememoró algunas de sus anécdotas. El 5 de marzo de 2024 se conoció la noticia del fallecimiento del periodista, pero este documento resulta valioso para el Periodismo Nacional por el coraje y profesionalismo que él demostró.

Llevamos 38 años de nuestras vidas juntos (dos de novios) y desde siempre he visto a Luis Enrique ejercer con pasión, criterio, honestidad, entrega, ética y un enorme amor su profesión.

Durante su carrera han sido muchas las exigencias y las «chivas” que ha tenido que transmitir.

Éramos novios cuando él ejercía como periodista novato en Todelar y hubo una constante para ese entonces y era que cuando llegaban periodistas veteranos a dirigir el noticiero Todelar de Colombia (como Juan Guillermo Ríos, Edgar Artunduaga, entre otros) y lo veían con su carita de niño y principiante lo enviaban al turno de noche.

Lo que ellos nunca imaginaron es que la libertad de estar en ese horario le permitió aprender hacer autónomo para elegir las noticias que se emitían cada hora en el “punto 55” que lo afianzaron en su criterio periodístico, en emitir las chivas nocturnas que despertaban al país y que posteriormente lo proyectará como el jefe de redacción del noticiero y años después como director encargado del Noticiero Todelar de Colombia.

Una anécdota muy especial se produjo con la toma del Palacio de Justicia, llegó con el radioguía de Todelar de primeras a la Plaza de Bolívar y allí estuvo apostado en la esquina de la Casa del Florero tres días, transmitiendo en cada boletín y noticias de lo que aconteció, esto implicaba que comer algo o incluso ir al baño fuese complicado porque no se podía salir de la zona. Fueron momentos de cierto estrés porque no teníamos retroalimentación en la comunicación con él y todos los enlaces se hacían con conexión al máster, solo lo escuchábamos, pero él a nosotros no, así que cuando el ejército encabezado por el Coronel Plazas entró al Palacio justo estábamos hablando y él decía que todo estaba bien y de repente se escuchó el estallido y la comunicación se cortó. Fueron momentos de angustia sin saber de él durante largo tiempo, pero luego al escucharlo por la radio sobre la situación, la tensa calma volvió a reinar.

En un principio su padre, también llamado Luis Enrique Rodríguez, quiso que su hijo fuera el ingeniero de la familia y no estuvo de acuerdo cuando él cambió la profesión. Pero al ver el tesón, la madera, la fuerza y el amor que tenía un día lo aceptó de la manera más sencilla, colocó el radio a todo volumen cuando Luis E. estaba transmitiendo el desastre de Armero y desde entonces se convirtió en su seguidor y padre más ferviente orgulloso hasta el día de su muerte porque el señor Rodríguez también tenía alma de periodista.

Quizá una de las experiencias más fuertes y que le dio la fuerza para afianzarse como reportero, amar el periodismo y la sensibilidad para informar siendo la voz de los desvalidos, fue la tragedia de Armero.

Allí también como joven lideró para Todelar la transmisión del desastre. Estuvo allí casi dos semanas en donde enfrentó el dolor humano desde varias perspectivas, su impacto fue tan grande que el primer periodista en comenzar la transmisión en vivo para darle voz a los damnificados fue Luis Enrique y así logró que familiares, amigos, hombres, niños y mujeres se reencontraran en medio del drama. La fila de parientes que buscaban a sus seres queridos era interminable, pero pasaron por los micrófonos de Todelar cientos de personas que en muchos casos encontraron a sus familiares y enviaron una voz de aliento a sus paisanos que estaban en otras ciudades de Colombia de cómo se encontraban. Al igual leyó listas interminables de fallecidos que ya luego fueron incontables.

Una de las transmisiones más relevantes de su carrera fue en 1989 cuando Luis Enrique transmitió sobre la muerte de Luis Carlos Galán. 

Esa noche estaba por terminar el turno de viernes y en la redacción del noticiero no había periodistas. Recibió la información de un practicante que estaba en la concentración en Soacha. Luis Enrique comenzó a indagar y a confirmar los hechos. En esa época no había Internet, grupos de WhatsApp o adelantos tecnológicos que lo apoyaran, luego de cotejar fuentes se lanzó a dar la noticia. 

Una de las transmisiones que recuerda con especial cariño fue el atentado al Club el Nogal en 2003.  Que, si bien fue un episodio muy doloroso para la historia del país, la lideró con periodistas muy jóvenes y algunos practicantes que estaban de turno a esa hora de la noche y a algunos de ellos los envió al lugar de la noticia y a pesar de su poca experiencia en la reportaría, con sus indicaciones sacaron adelante una transmisión muy profesional y que significó un momento muy importante para la carrera de esas jóvenes promesas.

Fue el primer periodista en contarle a Colombia sobre la muerte de Pablo Escobar, la importancia en su carrera radica porque llevaba muy pocos días como editor en Caracol radio y porque lideró la transmisión con el apoyo de sus colegas en la ciudad de Medellín, ese audio hace parte de la memoria radiofónica del país por su carácter histórico y ha sido utilizado posteriormente en radio y programas de televisión.

Fue el cierre de una etapa en la que Luis Enrique cubrió los atentados perpetrados por Pablo Escobar en Bogotá y en que estuvo en primera línea haciendo reportería.

Otra de las transmisiones más relevantes fue la del Pozzeto. En ese entonces trabajaba en dos medios: Todelar y el desaparecido diario Cinco PM.

Desde la calle del frente del lugar y con un teléfono público de monedas de $100 lanzó un extra de la situación vivida dentro del restaurante, pidiéndole al control máster que colocará cuñas mientras él iba a recopilar información para seguir al aire.

Esa noche no durmió porque terminó la transmisión de radio y luego llenó la portada y las páginas centrales del Diario 5 PM con información exclusiva del reportero que había estado en la noticia.

Siempre las chivas lo han seguido, unas por la confianza que las fuentes le tenían o sencillamente porque su olfato periodístico lo llevaba al lugar indicado.

En el tiempo más reciente, tuve el privilegio de ser su productora en el programa Caracol Al Campo y admiré el amor con que hacía cada emisión (presentaba y realizaba cada emisión) o cuando salíamos a hacer trabajo de campo, siempre tenía ideas nuevas para llegar a los productores que tanto admira. 

Nunca se limitó a los comunicados de prensa porque la concepción del programa desde que él lo creó, era » es para los campesinos, para actualizarlos en aspectos tecnológicos, de manejo de tierras, para resaltar su labor sin olvidar la parte ecológica» y así lo hizo cientos de productores y campesinos, profesionales en las áreas fueron entrevistados y se convirtió en el programa número uno de la franja de la madrugada los fines de semana.

En el ámbito familiar hubo ausencias, sobre todo cuando fue reportero (su gran pasión) porque su trabajo requería de tiempo y así lo entendimos. Pero siempre se las arregló para compartir en familia, con sus hijas y ser el papá más amoroso, entregado y amigo de ellas.

Con el paso del tiempo, con trabajos extras y en la medida que su trabajo lo permitía lo hacía en casa y el mundo periodístico se traslada allí con ediciones, entrevistas o escribiendo para alguna agencia, así llevó a sus hijas por el camino de la comunicación, con su testimonio. Camino que siguió Luisa María y aunque Laura Alejandra es gastrónoma lleva un periodista en la sangre.

Nunca buscó ser estrella y ahí estuvo su éxito profesional, él prefirió estar de bajo perfil, aunque tuviera cargos directivos.

Enseñar, ser docente (su otra pasión), crear, producir y no perder la esencia del periodista al ir a la fuente fue su razón de ser.

Su trabajo en especial el programa Al Campo fue su gran terapia en la época de quimioterapia, que aún bajo la adversidad disfrutó porque lo alejaba del incómodo momento que vivía en su parte física.

Siempre dijo antes de salir pensionado «yo voy a trabajar hasta el último” y así lo hizo hasta el 31 de mayo anterior

Hoy está descansando del ajetreo periodístico pero preparado para algún nuevo reto profesional que la vida proponga.

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: [email protected]