
El académico, profesor emérito de la Universidad Nacional, comenta el fracaso de la paz total de Gustavo Petro y evalúa las medidas de Abelardo de la Espriella para resolver la crisis de seguridad
Bogotá –
Abelardo de la Espriella, que cumple sus primeras tres semanas como presidente de Colombia, va a terminar pareciéndose al salvadoreño Nayib Bukele, desliza Eduardo Pizarro Leongómez, profesor emérito de la Universidad Nacional, exdiplomático y reconocido analista en asuntos militares y de seguridad. Pero no lleva demasiado lejos esa comparación. Son países “radicalmente distintos” y el modelo Bukele es “inapropiado para el desafío de Colombia”, advierte en esta entrevista, concedida en un café del norte de Bogotá. El académico acaba de publicar El fracaso de la paz total (Debate), donde disecciona la marchitada política bandera con la que el ahora expresidente Gustavo Petropretendía negociar en simultaneo con todos los grupos armados.
Pregunta. ¿Cómo califica el arranque del Gobierno de Abelardo de la Espriella, que llegó al poder con la promesa de mano de hierro en seguridad?
Repuesta. Me parece interesante que sustituye a un antiguo jefe guerrillero, lo mismo que [Nayib] Bukele en El Salvador, que sustituyó a un dirigente del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional [FMLN]. Y en ambos casos, gobiernos de mala calidad que le abrieron el paso a gobiernos situados al otro extremo del espectro ideológico. Hay una similitud enorme en términos del fenómeno electoral de pasar el péndulo político de un exguerrillero a un líder situado a la extrema derecha. Y la segunda coincidencia, dos malos gobiernos de izquierda que abrieron esa posibilidad. El orden público se deterioró tanto en El Salvador, que el discurso de Bukele de orden y autoridad fue miel en los oídos de los salvadoreños. De la Espriella llega con un discurso igualmente de seguridad, tras un presidente que no dio resultados efectivos. En buena medida, los temas de seguridad fueron los determinantes para el triunfo de uno y otro, y lo más preocupante es que van a terminar pareciéndose.
P. Usted ha planteado que el modelo Bukele no es la respuesta para la seguridad en Colombia.
R. Fundamentalmente porque en el caso de El Salvador, un país del tamaño del Valle del Cauca, con solamente acceso al Océano Pacífico, con dos fronteras muy seguras con Guatemala y Honduras, el control del orden público con el modelo implantado con Bukele fue eficaz. Las maras habían exasperado a la opinión pública y el modelo permitió su control.

Pero Colombia es radicalmente distinto. El único país bioceánico Atlántico-Pacífico en América del Sur –a pesar de lo que digan chilenos y argentinos–, con cinco fronteras terrestres con Panamá, Venezuela, Brasil, Perú y Ecuador, de enorme complejidad. Con unas fuerzas militares envueltas en el conflicto armado interno que han abandonado completamente el control de las fronteras marítimas y terrestres. Entonces, tenemos un país relativamente seguro en el centro y enclaves criminales en las fronteras más vulnerables. Tenemos un tema de control del territorio –y sobre todo de la frontera marítima– que no estamos satisfaciendo. El modelo Bukele es inapropiado para el desafío de Colombia.
P. También está el ejemplo de Ecuador.
R. Ese es el otro argumento importante. Ecuador implementó el modelo Bukele de las megacárceles, de la militarización del orden público, de las detenciones con pocas garantías jurídicas para los detenidos, etc. Y hoy, el que fuera el país más pacífico de América Latina 10 o 15 años atrás, es el más violento de la región. Su tasa de homicidios, alrededor de 40 por cada 100.000 habitantes por año, supera a Venezuela, que es el segundo, y a Colombia, que es el tercero. Es decir, el modelo Bukele disparó la criminalidad en el Ecuador.
P. ¿Por qué fracasó la política de paz total de Gustavo Petro, que es el título de su último libro?
R. El fracaso se dio por una multiplicidad de factores, pero pondría el acento en tres. Colombia requiere una presencia integral del Estado en todo el territorio nacional y lo que tenemos es, insisto, mucho Estado en el centro del país y poco en las fronteras. No es lo mismo nacer en Chocó o en La Guajira que en Cundinamarca. Colombia requiere repensar cuál va a ser el modelo de presencia en el territorio nacional, que no se logró bajo la Administración Petro. Segundo, necesitamos una redefinición del modelo de las Fuerzas Militares. No solamente se han debilitado, tenemos un tema muy preocupante y es que su vocación histórica, que es la protección de las fronteras y la seguridad nacional, se perdió por haberse volcado en el conflicto armado interno. Y la tercera condición que no se dio bajo la Administración Petro es debilitar las rentas ilegales. Es increíble que, ante nuestros ojos, delante de todos, estemos luchando contra la hoja de coca, contra el oro, y ahora esté surgiendo una tercera fuente de financiamiento, los minerales raros, que va a ser incluso más rica que las dos anteriores. Entonces, control del territorio, fortalecimiento de las fuerzas militares y control de las fronteras y debilitamiento de las rentas ilegales son tres ejes para lograr avanzar en la paz en Colombia.
P. ¿Cómo evalúa las medidas que plantea De la Espriella para resolver la crisis de seguridad?
R. El modelo De La Espriella de acabar totalmente con los procesos de paz, de cerrar esa puerta y poner todo el acento en la solución militar tiene varios problemas. El primero es que la recomposición de las Fuerzas Militares va a tomar un tiempo prolongado. Hoy tenemos serios problemas con la Fuerza Aérea, los aviones Kafir o los helicópteros, tanto los rusos como los Black Hawk norteamericanos, que están en tierra en su inmensa mayoría. Problemas con los sistemas de comunicación, con el fusil Galil… tenemos un debilitamiento de las Fuerzas Militares muy fuerte. Eso no se cambia de la noche a la mañana, porque el mercado de armas está copado. Siempre hay que tener una puerta abierta para los grupos que tomen la decisión de reincorporarse a la vida civil. La negativa total me parece un mensaje negativo.

P. ¿Romper los puentes con Cuba, cerrar la embajada en La Habana, como se propone De la Espriella, es contraproducente para buscar salidas al conflicto colombiano?
R. Fidel Castro, en un libro que se llama La Paz en Colombia, publicado por allá en 2010, después de haber apoyado durante años y años a las guerrillas colombianas, plantea que no tienen ninguna opción de acceder al poder. Cuba ha jugado un rol fundamental en las negociaciones de paz. M parece que Colombia tiene que multiplicar los aliados, no debilitarlos. Un ejemplo, el reconocimiento de los Altos del Golán, va a llevar simple y llanamente a que Colombia no encuentre el apoyo de Naciones Unidas cuando lo requiera. Perdimos el apoyo de todos los países árabes y musulmanes, el de buena parte de los africanos o de los países progresistas de Europa Occidental, por este reconocimiento innecesario, que además había sido condenado por las propias Naciones Unidas. Si Colombia continúa con la política exterior como se vislumbra, va a terminar siendo un país profundamente aislado en Naciones Unidas. Creo que nos estamos equivocando.
P. Se abre paso una estrecha alianza con Israel en temas de seguridad.
R. Me parece un gravísimo error. Primero, es posible que [Donald] Trump pierda las próximas elecciones para Senado y Cámara en noviembre. Abrazarnos con un Trump que está perdiendo además peso y reconocimiento en las encuestas puede ser una jugada estratégica débil. Segundo, aliarnos con Israel, cuyo primer ministro [Benjamín] Netanyahu está solicitado por crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional, tampoco parece una buena jugada diplomática. Colombia hubiera podido perfectamente trasladar la embajada a Jerusalén, que ya era un gesto que generaba tensiones internacionales, pero sin ir hasta el punto de reconocer los Altos del Golán en detrimento de Siria. Son dos alianzas precarias, costosas y que se nos pueden devolver en contra a muy corto plazo.
P. De regreso a las fronteras, los grupos armados han encontrado refugio en Venezuela en los últimos años. ¿Qué hay que hacer para arrebatarles esa retaguardia estratégica?
R. Es interesante que Cuba le pidió a la cúpula del ELN salir de su territorio para que la retiraran de la lista de países que colaboran con el terrorismo. A mi modo de ver, muy pronto los Estados Unidos le van a exigir a Venezuela la salida de los grupos armados colombianos de su territorio. Mi argumento es que todo grupo armado requiere de una retaguardia estratégica, como la que ETA tenía en las provincias vasco-francesas para armas, municiones, lavado de activos. Cuando el Gobierno [de Álvaro] Uribe en el 2008 bombardeó el campamento de Raúl Reyes y el presidente de Ecuador en ese momento, Rafael Correa, decide pedirle a las FARC que se retire de su territorio, comenzó el declive de las FARC. Tengo la sensación de que si mañana Venezuela le pide al ELN que salga de su territorio será el principio del fin del ELN.

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