Desvertebrada. Sillas vacías

Los reporteros y Carlos Pizarro León-Gomez en entrevista previa al acuerdo de paz gobierno-M 19

Por Óscar Domínguez Giraldo

Jaime Bateman Cayón, fundador del M19,  habría tenido puesto en ring side  durante la posesión de su pupilo, Gustavo Petro. En póstumo homenaje, Bateman merecía silla vacía en la Plaza de Bolívar. También la merecía  quien firmó la paz con Barco, Carlos Pizarro Leongómez, asesinado en plena campaña por la presidencia. 

Jaime Bateman y Carlos Pizarro. Foto Al Poniente

Pizarro estuvo representado por sus hijas la senadora María José, de tranquila y perturbadora belleza,  y por María Paz,  representante a la Cámara.

También hizo acto de presencia la espada de Bolívar traída a marchas forzadas desde Palacio. Violando la urbanidad de Carreño, y los códigos, la espada había sido robada años atrás por el M19 de la Quinta de Bolívar.

Fue el primer acto de gobierno del nuevo mandamás. Nadie contaba con su astucia de ordenar que compareciera el histórico “fierro”. Donde el expresidente Duque no autorice el trasteo, todavía tendríamos a decenas de ilustres visitantes pagando hangares en el aeropuerto. Y a sus mujeres preguntando dónde diablos andaban sus mariditos.

La que sería la última entrevista que concedió en la clandestinidad el fundador del M-19, el 26 abril de 1983, se hizo en vísperas de su viaje Panamá donde iniciaría diálogos de paz con el gobierno del presidente Betancur. 

Ese diálogo tenía el silencioso aval del más ilustre paisano de Bateman, el Nobel García Márquez. La paz total está en el menú del nuevo gobierno.

La postrer charla de este reportero con el fundador del M19 se realizó en un apartamento de El Rodadero, en Santa Marta. Por cuenta de las finanzas del Eme despachamos severo sancocho de sábalo. Les quedó “sabroso”, dicho sea en la jerga de la vicepresidenta Francia.

“Hacer bien la política es como hacer bien el sancocho”, solía predicar el chef  Bateman. Su forma de hacer el sancocho consistió en regresar a sus “guerrillos” a la civilidad en tiempos de Virgilio Barco. A Pizarro le tocó a echar la bancaria para firmar la paz.

Eso explica con creces que su hija Maria José fuera le encargada de imponer la banda presidencial al presidente Petro que había hecho la primaria, el bachillerato y la Universidad en las nacientes filas del Eme. Una que otra lágrima rodó por los cachetes de María José.

“Que la lucha por la paz no nos cueste la vida”. Esta frase de su asesinado taita la llevaba María Paz impresa en el traje que lució durante la posesión. También llevaba la imagen de Pizarro quien le dice en una de sus cartas:

“Que nunca existan lágrimas en tus ojos, búscame cuando estés triste en el sol y las estrellas, en el aire, en todo lo que hay bello en la vida. Yo no pude acompañarte en la vida pero te di la vida y no me arrepentiré jamás. A ti te corresponde hacerla luminosa, trabaja y juega; juega y trabaja, y serás feliz….”.

“… Desgárrate siempre que ames. Ama con todo el amor de la vida cuando el amor te asalte. Sé apasionada. Haz de cada época de tu vida una leyenda”. (Hasta aquí la columna para El Colombiano).

LA CARTA COMPLETA DE PIZARRO A MARIA JOSÉ

Hace unos años el canal Señal Colombia transmitió un documental que recorre parte de la vida del comandante del M-19 a través de los ojos de su hija María José.

Uno de los momentos más emocionantes del documental Pizarro es cuando María José lee la carta que su padre le envió en 1983, cuando ella tenía cinco años. La profundidad, el cariño y la fuerza de sus sueños se reflejan en esta íntima comunicación. 

El libro,De su puño y letra(Ed. Debate), contiene esta y muchas otras cartas a familiares y personalidades. María José se tomó el trabajo de compilarlas y publicarlas. 

Esta es la carta de Carlos Pizarro a su hija, fechada el 23 de octubre de 1983:


Mi niñita:

Tengo en mi alma para ti un montón de sonrisas y mariposas. Algún día juntaremos los soles que tú pintas con los soles que yo hago nacer y tendremos para los dos, para los tres y para  todos, unas caras felices. La gente nos mirará y van a querer nuestras sonrisas. Ese día llegará; por ahora, que nos toca continuar lejos el uno del otro, recuerda siempre que no importa dónde estés y lo que hagas, yo te amé antes de que nacieras y te amo más hoy que te conozco, hoy que no te sienten rara ni mis ojos, ni mis manos, ni mis sueños. 

En este tiempo que yo esté lejos, no me olvides. No dejes que yo me muera en tu corazón y para tu vida. Cuando estés triste, cuando te sientas infeliz en tu vida, piensa en todo lo que tienes y nunca en lo que te falta; piensa en la cantidad de gente que te quiere, las abuelitas, los tíos, los primos y, sobre todo, tu mamá, Claudia, y yo que te amamos sin fronteras. Piensa en que la felicidad está al alcance de tus manos, alégrate de tu belleza y cultívala, y sobre todo, cuida tu inteligencia, cuida la belleza que está dentro de ti, la belleza que sólo tú puedes hacer crecer conociendo al mundo y a los hombres, leyendo apasionadamente y estudiando, que tus ojos brillen porque dentro de ti mantienes encendido y cálido el fuego. Sé sabia, amor mío. Ser sabio es conocer en cada época todo lo que ella nos depara, vivir apasionadamente cada camino y cada extravío, saber siempre que el saber es un árbol infinito donde siempre se escala, ser sabia, mi niñita, es saber gozar de las cosas pequeñas de la vida y saber estar siempre al lado de los ideales justos. Y sé buena, también, niña mía, que tu alma siempre esté vestida de fiesta para recibir al amor y para hacer brotar amor. Nadie se resiste a un alma que va de fiesta por la vida. La risa convoca la risa. El amor llama al amor. Odia, mi niña, la injusticia y a los injustos, odia el dolor que provocan unos hombres en otros, rebélate contra toda injusticia que veas cometer a tu lado. No importa si sufres un poco por ello, con el tiempo tu estatura se habrá agigantado y te regocijarás con el orgullo en tu propio valor personal, un orgullo sano, dulce y humano.

Mi niña, yo no te he podido dar toda la ternura que mi vida había acumulado para alimentarte y recrearme. Tengo atrasadas un sinfín de caricias que sólo tú, mi hija, podrías despertar y debías recibir. Las guardo en mí. De pronto algún día podrán florecer en tus manos o en las de tus hijos. 

Que nunca existan lágrimas en tus ojos, búscame cuando estés triste en el sol y las estrellas, en el aire, en todo lo que hay bello en la vida. Yo no pude acompañarte en la vida pero te di la vida y no me arrepentiré jamás. A ti te corresponde hacerla luminosa, trabaja y juega; juega y trabaja, y serás feliz.

Espero, mi amor, que tu vida se agigante con tus propios desafíos y sea lo que el destino te tenga trazado. Convoca para tu alma y tu cuerpo el amor del hombre o los hombres que te sean entregados por la vida. Sé generosa en el amor, no cuentes en tiempo, ni te reserves nunca para el futuro en cosas del amor. Desgárrate siempre que ames. Ama con todo el amor de la vida cuando el amor te asalte. Sé apasionada. Haz de cada época de tu vida una leyenda.

Mi niña, dejaré dormir todas mis angustias el día que podamos sentarnos en un sitio cualquiera a reírnos de esta vida que nos ha tocado en suerte a cada uno. Sé feliz, mi amor. 

Tu papá y tu amigo por la vida

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