Desvertebrada. Con el perdón de Celia

Celia Cruz Foto Times

Por Óscar Domínguez Giraldo

“Un poco muy mucho” tarde me disculpo con la guarachera Celia Cruz por haberla ignorado en su último concierto en Colombia. (Aprovecho este primer párrafo para felicitar al anacobero Daniel Santos quien cumplía años el 5 de febrero. Nació en 1916).

Hace poco le presenté disculpas a Celia por la ninguniada. Lo hice en el Museo de Coral Gables, en Miami, donde se le rinde homenaje con motivo de los cien años de su nacimiento en el barrio Suárez de La Habana. ¡Azúcar!, su mantra de rumbera, se lee en unos de los salones del Museo.

Este pecho en el museo de Coral Gables donde le rinden homenaje a Celia. (Foto de Andrea Domínguez Duque)

Me apena  con Santos pero debo decir que tiene la culpa de que hace 38 años un grupo de periodistas negriáramos  a la maestra de escuela, hija de Simón, fogonero de los ferrocarriles y de Catalina, ama de casa. El señor Alzheimer me recordó que el episodio ocurrió el 15 de septiembre de 1988 en el Coliseo Cubierto El Campín de Bogotá.

Esa noche el Jefe Daniel era el telonero de su colega de la Sonora Matancera dirigida por Rogelio Martínez quien se erizó “amparogrisalesmente” la primera vez que la escuchó. “De inmediato la puse en mi programa de Radio Progreso”, contó.

La noche del concierto, la voz de Santos empezaba a convertirse en ocaso. Pero  sudó bien sus honorarios sentado gran parte de su intervención. Se empacó algunos sorbos de whisky seco.

En esta gráfica del Gota Menéndez, de Colprensa, acompañamos al Anacobero, a partir de la derecha,  Vargas, Bicenty, el Jefe Daniel y Domínguez. Le pedí al fotógrafo que nos tomara hartas vistas  con el boricua o que fuera pasando hojas de vida…

Cuatro reporteros le montamos la perseguidora a Daniel cuando se bajó de la tarima: Roberto Vargas, el Gota Miguel Menéndez, fotógrafo, los dos rolos, ala, el caribe Ricardo Bicenty, y este escriba paisa, todos de la agencia de noticias Colprensa. Hicimos moñona porque de una vez conocimos a Daniel y a Celia, y a la orquesta que le puso banda sonora a mi niñez. Si se me hubiera aparecido la Virgen no me habría puesto tan güete.

De niño quería saber tres cosas: “de dónde son los cantantes”, como en la canción del Trio Matamoros, averiguar por dónde  se metía la gente que hablaba por radio y conocer al boricua a quien mi primo Humberto Villegas y yo imitábamos mejor que Charles Figueroa.

Fue una entrevista con música de fondo interpretada por Celia. Mientras avanzaba la charla en un camerino del Coliseo se oían canciones como El yerbero moderno, La sopa en botella, Goza, negra, Guede zaina, entre otras. Suelo escucharlas en el MP3 “Historiando” grabado bajo la gerencia en Discos Fuente de mi pariente, paisano y colega viudo, Conrado Domínguez.

El fotógrafo Gota recordaba hace poco mi reacción al conocer a Santos: “La cara de niño que puso viendo en vivo y en directo a su Supermán de la vida, lo valió todo. Fue como si el tiempo se detuviera allí. Óscar estaba pasmado, se le notaba, no dejaba de mirar a Santos como si nada más existiera. Esa emoción que le ví nunca se me ha olvidado”. No rectificaré al Gota y menos el día del cumpleaños del Jefe.

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