Cuando Volkswagen tiembla

La marca industrial del automóvil europeo

El plan para reducir 100.000 empleos en el mundo es una señal para Alemania y Europa ante las nuevas revoluciones industriales

Editorial

Solía decirse que cuando General Motors iba bien, Estados Unidos también iba bien, y lo mismo podría afirmarse de Volkswagen respecto a Alemania. Empresas de estas dimensiones son un termómetro de todo un país, y esto explica la inquietud por la noticia de que el fabricante de automóviles con sede en Wolfsburgo prepara un recorte de 100.000 empleos en su plantilla de más de 650.000 empleos en todo el mundo. 

La incapacidad de Volkswagen y otras marcas europeas para adaptarse a las nuevas realidades del coche eléctrico y la feroz competencia de China son un reflejo de los problemas de fondo que aquejan a este sector y de errores que son fruto de la imprevisión y de décadas de complacencia de industriales y políticos alemanes. El impacto va más allá del automóvil, porque el posible cierre de fábricas, sumado a un crecimiento anémico desde hace años, es un campo fértil para la inestabilidad política y para el populismo.

Los recortes son el resultado de una transformación industrial a la que Alemania ha llegado tarde. Ya no es solo que Volkswagen haya retrocedido en China; es que las marcas chinas, con BYD a la cabeza, entran con fuerza en Alemania, donde otras enseñas como Mercedes y BMW también afrontan planes de recortes y reestructuración. Para un país exportador, la ola proteccionista en el mundo resulta letal y los aranceles de Trump no han ayudado en nada, pero hay algo más. En el caso de VW, es un cúmulo de errores que incluyen desde el fraude del diésel al desprecio del coche eléctrico y desembocan en una sucesión de anuncios de reducciones de empleo. En 2024 el sindicato IG-Metall y la compañía acordaron que serían 35.000 hasta 2030 solo para Alemania; en 2025 aumentaron a 50.000; ahora son el doble para todo el mundo. En España el consorcio cuenta con las factorías de Landaben y Martorell, donde produce coches eléctricos. El consejero delegado, Oliver Blume, las ha elogiado como “un ejemplo para Europa”, y su preservación y ampliación merecen el apoyo de todas las administraciones y agentes sociales españoles.

‌Los riesgos se concentran en Alemania y en las cuatro plantas amenazadas de cierre, una de ellas en el territorio de la antigua RDA, feudo de la extrema derecha. No es ninguna sorpresa que AfD, favorita para ganar las elecciones en dos estados federados del Este en septiembre y cada vez más con más apoyos entre los trabajadores, agite la crisis como eficaz reclamo electoral. Las dificultades para relanzar el motor económico europeo son un lastre para el canciller democristiano Friedrich Merz y su coalición con los socialdemócratas, y, si se concretan, los planes para recortar empleos le complicarán más las cosas. Las inversiones masivas en la industria militar y la reconversión de algunas fábricas de automóviles en fábricas de armamento no bastarán para suplir la automoción y otros sectores tradicionales, pero el drama real es que la industria del pasado, la que sostuvo el milagro económico después de la II Guerra Mundial, está dejando de ser competitiva, y al mismo tiempo este país ha quedado descolgado de las nuevas revoluciones industriales.

‌Volkswagen es una señal de alerta, no solo para Alemania sino para Europa: una industria sólida e innovadora es la condición irrenunciable para su soberanía y su estabilidad.

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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