Cuando una noticia ahoga a la otra

Un integrante de la Policía vigila junto a una casa destruida frente a la estación de policía que fue hostigada en Morales (Cauca)./ EFE

CATALINA OQUENDO B.

Parece cantaleta, pero en Colombia pasan tantas cosas que las semanas noticiosas se sienten como meses y años. La que acaba de terminar es una de esas. ¡Qué semanita!

‌Lo grave es que en medio del alud de información se suele olvidar lo que hay detrás, las vidas que se pierden. Normalizamos el caos y la muerte. Veamos:

‌¿Alguien recuerda el nombre del niño de 12 años asesinado por la estructura Dagoberto Ramos de las disidencias el viernes pasado?

¿Tienen claro los nombres de los policías asesinados también por las disidencias de las Farc en esa misma región el lunes? ¿Y los de los presos que estaban en la estación atacada y también terminaron muertos?

‌¿Conocen los detalles de por qué un director de una de las cárceles más peligrosas del país no tenía seguridad y fue asesinado con facilidad por sicarios?

‌¿Saben uno, al menos uno de los nombres de los 800.000 maestros que esperan angustiados los medicamentos en medio del caos del piloto de reforma al régimen especial de salud?

Una historia, lamentablemente, ahoga a la otra.

La guerra en el Cauca

‌Esteban Villafañe. Así se llamaba el niño de 12 años que fue asesinado en Corinto (Cauca) por un explosivo que pusieron los guerrilleros de la estructura Dagoberto Ramos, que hace parte de la disidencia del Estado Mayor Central (EMC). Por esa bomba puesta en una moto también murieron Luis Ovidio Rodríguez Velázquez, de 67 años y la mamá de Esteban, Emma Mercedes Ipuján, de 47 años, resultó gravemente herida. La mujer no pudo asistir al funeral de su hijo. Ahora, por una amiguita del niño, compañera de curso, quien estuvo en el sepelio, sabemos que Esteban cursaba quinto de primaria y que “no pudo cumplir sus sueños”, aunque no conocimos cuáles eran.

No se saben tampoco los de los policías Diego López y Jaime Calderón, ni los de los presos en la estación de policía de Morales (Cauca). De estos últimos ni ha trascendido su nombre, como si a nadie le importaran. Otra vez, guerrilleros de ese mismo grupo armado atacaron la estación hasta matarlos. El hecho recordó las traumáticas tomas guerrilleras de décadas atrás. El Ejército sin poder llegar, las explosiones, la sensación de retroceso. Como han apuntado analistas del conflicto, el autodenominado EMC o, más en detalle, esas estructuras armadas, le declararon “la guerra al Cauca, sus habitantes y sus instituciones”.

‌Aunque el Gobierno de Gustavo Petro mantiene una mesa de negociacionescon el EMC, canceló el cese al fuego en esa región del suroccidente del país. “La ofensiva contra el EMC será total”, escribió Petro en X. La referencia recuerda su propuesta de “paz total” que se ve hasta ahora como una suma tropiezos y varias mesas con dificultades, como las que atraviesa actualmente con el ELN en Caracas.

La guerra contra los pobladores del Cauca ha sido una de las noticias más importantes de la semana y generó, además, el cambio del comandante del Ejército. El presidente retiró al general Luis Mauricio Ospina y nombró a Luis Emilio Cardozo.  Pero no fue la única que sacudió a los colombianos. El jueves sicarios asesinaron al coronel en retiro Élmer Fernández, director de la cárcel La Modelo de Bogotá. La palidez del ministro de Justicia, Néstor Osuna, anunciando la noticia, la sorpresa que causó saber que Fernández había recibido amenazas y a pesar de eso no tenía esquema de seguridad. El estupor y, después, la retahíla de dimes y diretes entre quienes no exigieron a tiempo el esquema de protección para el coronel.

En medio de todo esto, los maestros siguen esperando sus medicamentos.Después del caos en el programa piloto del Gobierno para reformar el régimen especial de salud de los profesores, el ministro de Salud Guillermo Jaramillo le lanzó la responsabilidad al presidente de la Fiduprevisora, Mauricio Marín, quien asegura que va lento el software. Mientras eso ocurre, Clarice Sabogal, una maestra de matemáticas de 77 años, jubilada y enferma de Alzheimer, sigue esperando para acceder a lo que ya tenía: medicamentos y visitas de terapeutas que le ayudaban a sobrellevar su enfermedad.

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