Por Elizabeth Mora-Mass
Al mismo tiempo que el balón rueda a lo largo y ancho de México, Estados Unidos y Canadá, las fiscales de Nueva York y Nueva Jersey se preparan no sólo para poner a la FIFA, la suprema entidad rectora del fútbol mundial en el banquillo de los acusados, “por engañar a los aficionados, manipular para inflar los precios de las entradas, corrupción y abusar a los consumidores”, sino para multarla y obligarla a pagarle a los fanáticos del balompié “por los precios dinámicos impuestos sin previo aviso”.
Jennifer Davenport – Fiscal New Jersey Letitia James – Fiscal New York
Leticia James, fiscal del estado de Nueva York y Jennifer Davenport, fiscal de Nueva Jersey se refieren a que la FIFA hizo subir el valor de las entradas al máximo para los partidos de demanda alta y los bajó para los de demanda baja.
Si las cortes federales de Estados Unidos aceptan el caso, sería el segundo gran juicio que enfrentaría la FIFA en tierras del Tío Sam por corrupción y abuso de poder, con la fuerza de un huracán categoría 5 que sacudiría toda la estructura del balompié mundial.
El primer juicio contra la FIFA fue en mayo de 2015, en la Corte Criminal de Brooklyn, cuando nueve oficiales de la entidad, incluyendo dos vicepresidentes, junto con cinco ejecutivos del balompié mundial fueron acusados y encontrados culpables de soborno, manipulación y control irregular de torneos internacionales como la Copa Mundo, en beneficio propio. Esta reportera cubrió el juicio para una agencia internacional.
Aunque los voceros de la entidad permanecieron callados por varios días, la avalancha de críticas por parte de los políticos demócratas de Estados Unidos, así como diversos reportajes acerca de lo que está pasando, sobre todo en la prensa europea, hizo que Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, saliera a defender el precio récord de las entradas y argumentando a su favor de que
su organización obtenga beneficios por la reventa de entradas, aunque sin especificar qué hará la rectora del fútbol global con la fabulosa suma de dinero que, algunos calculan estaría llegando a los 15 mil millones de dólares en ganancias, cifra que no es rechazada en forma rotunda, por nadie en la FIFA.
«Si las vendes (las entradas de los principales partidos) a un precio más bajo, terminarían en mercados secundarios a precios muchísimo, muchísimo, muchísimo más altos, ¿y adónde iría entonces el dinero?. Bueno, a quienes organizan mercados secundarios o actividades de mercado negro y no al fútbol», afirmó Infantino frente a las cámaras.
Por su parte, otro directivo de la FIFA explicaba en un canal económico que es un sistema totalmente legal. “Eso es, en una sola línea, el sistema de precios dinámicos utilizado para determinar el valor de las entradas de conciertos, pasajes de avión, hoteles, Uber y muchos otros servicios. Más de alguna vez nos habrá pasado que al hacer una compra en internet pagaste un determinado precio y al día siguiente -o unas horas más tarde- ya no es el mismo”, afirmó el ejecutivo tratando de explicar que el fútbol es un negocio y que la FIFA es una entidad con ánimo de lucro.
El delegado de FIFA tampoco mentía o exageraba. El sistema de precios dinámicos se usa en transporte, aerolíneas y hoteles y eventos masivos en vivo. “Recordemos aquello de alta temporada y baja temporada en las aerolíneas y en los hoteles”, señalaba un periodista económico de Fox, explicando el comportamiento corporativo de la FIFA.
Quizá lo que más ha enojado a los fanáticos de Nueva York y Nueva Jersey, una de las sedes más afectadas por los “precios dinámicos”, es que la FIFA haya asumido el control directo de la venta de los boletos de entrada, sacando a los organizadores locales y no sólo impuso el sistema de precios dinámicos, sino que subió el precio de los tiquetes a “cifras inverosímiles”, además de cobrarle una comisión tanto al comprador como al vendedor.
A lo que hay que sumarle que en Estados Unidos, “todos los equipos son locales, debido a que en la Unión Americana viven habitantes de 184 estados soberanos, motivo por el cual, toda selección nacional tiene su propia fanaticada”.
Los medios europeos claman a viva voz que las entradas para esta Copa Mundo van a sumar más del triple de las de Qatar 2022.
A voz en coro, los analistas económicos afirman que las mejores entradas para la final del 19 de julio en Nueva Jersey llegaron a venderse hasta por más de US$32.000. Por estos días, en la reventa de tickets que se realiza en la misma página oficial de la FIFA, hay algunas que se
ofrecen por más de US$80.000 o más. Hay entradas que se ofrecen por dos millones de dólares, según The New York Times.
Quizá el tema más candente de todo este asunto es que lo que para las fiscales de Nueva York y Nueva Jersey es “discriminación”, para la FIFA y sus aliados es simplemente la ley de la oferta y la demanda que opera en todo tipo de mercados y eso incluye a todos los deportes, entre ellos, el fútbol, el deporte más popular de la Tierra, del cual los aficionados comunes y corrientes parecen haber sido sacados para siempre del espectáculo.
Según The Economist, “los precios dinámicos de las entradas no son fijos; los regula la demanda según la importancia del partido. Como resultado, los precios juegan al yo-yo: suben de manera ostentosa en los partidos más atractivos. Es decir, que los de billetera más abultada serán los que tendrán la capacidad para acceder a esos partidos y convierten el espectáculo en juegos de élite.
“Lo que desde siempre se consideró un deporte de masas ahora se ha transformado en un espectáculo reservado para billeteras abultadas«, comentan enfurecidas James y Davenport.
Los aficionados de pecho al aire y grito herido, es decir, la clase popular, tendrán que limitarse a los partidos por la televisión. En definitiva, el Mundial se ha convertido en un espectáculo de lujo donde predomina el negocio y ha dejado por fuera «la fiesta popular».
Las denuncias también alegan que el sistema de precios dinámicos aplicado en distintas fases permitió a la FIFA incrementar el costo de aproximadamente 90 de los 104 partidos en un promedio de 34%.
La investigación examinará de qué manera el calendario de venta de entradas, las declaraciones públicas y otras actuaciones de la FIFA pudieron contribuir a ese aumento de precios.
