Como anillo al dedo

Imagen mensajería instántanea. Club de Ciencias Forenses

Por Carlos Alberto Ospina M.

En alguna manera, la apropiación de las tecnologías convierte a diferentes personas en esclavos de lo que mandan a todos lados e interpretan desde su perspectiva sentimental, física y moral. En el caso de la mensajería instantánea ciertos hábitos adquiridos por los usuarios son considerados reprochables, mala acción o distraídos.

Se supone que la aplicación crea vínculos expeditos de comunicación de doble vía y facilita la interrelación.  La conducta hiperactiva o el manejo mesurado corresponde al fuero interno de cada cual. De esta forma, unos van por su lado enviando y recibiendo audios, videos, textos, documentos, contactos, GIF, ubicaciones, etc. ¿Qué tanto de ello tiene un valor destacado? Esto depende de las expectativas, miedos, ansiedades e inquietudes del otro.

Las denominadas capas de seguridad y privacidad ofrecen un nivel de tranquilidad en la conexión dado que el usuario toma el control de la experiencia y decide quién puede ser su contacto o bloquearlo. Hasta ahí nada de lo descrito es novedoso. No obstante, a varios individuos les cae como anillo al dedo estos servicios para tener vidas secretas, ocultar ‘arrocitos en bajo’, desahogar su cólera, coquetear, practicar sexting, realizar grooming o acoso sexual a menores de edad y llevar a cabo distintos delitos, aprovechando las conversaciones cifradas en el plano digital.

El programa informático para teléfonos móviles trajo consigo innegables ventajas prácticas, reducción de esfuerzos, respuestas inmediatas, diálogos diversos e integración global a un precio muy bajo. A pesar de eso, el aislamiento y la incomunicación es algo frecuente, sea o no sea, a consecuencia de la modernidad.

La mayoría de usuarios atienden solo a sus propios intereses. De por ahí que la herramienta permite golpear con rudeza a modo de desprecio, actitud agresiva, desinterés o solapada deslealtad. La condición virtual, la inexpresividad del contenido escrito y la eliminación de la verificación de la lectura o ‘En línea’, le dan un aire de suficiencia a quien actúa a su antojo. Al respecto, no siempre el motivo obedece al derecho a la privacidad, al grado de ocupación y la selección natural de sustituir por nuevas personas; tan solo es el primer mecanismo de represalia y de efímero poder brindado por el sistema informático. Pues bien, alguien que no debe, no teme obrar con transparencia.

La mensajería instantánea afecta los sentidos corporales a medida del deseo de ‘salirse del clóset’, advertir seguros vacíos emocionales, disminuir la soledad y mantener el control bajo cuerda. El arrepentimiento se expresa en el procedimiento de borrar el historial del chat para que no quede evidencia de haberse desordenado y para no sentir marcada la propensión natural a falsear la llave de su interior. Así saltan unas cuantas razones concluyentes, por ejemplo, ‘no por mucho pintarse estará más guapa’.

Disímiles almas pasan el tiempo de ocio reenviando Salmos, dañinos mensajes ideológicos, videos sobre aberraciones sexuales, memes con errores ortográficos, burdos montajes que lesionan la dignidad ajena y en especial, muchas cosas intranscendentes. A veces, suena el ringtone con el recado deseable de un hijo que está lejos, la sorpresa de ver la antigua foto de la mamá, la aprobación de un proyecto, la invitación a una reunión familiar y el mensaje de voz en tono de poesía que saca una sonrisa de plena satisfacción.

La herramienta por sí misma no es el leviatán, quizá, demuestra la incapacidad del ser humano a tocar francamente el corazón, en vez de poner la utilidad como principio de la moral de todo proceder.

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