Por Jairo Cala Otero / Cultor del español y corrector de textos
No hay mejor soporte lingüístico a la hora de redactar que el diccionario. El de la Real Academia Española (DRAE) es el recomendado, pues está completamente documentado sobre las novedades en neologismos (palabras nuevas) y las muchas alternativas existentes para aplicar cada vocablo. Lamentablemente, esa herramienta tan valiosa no es usada por todos los hispanohablantes; de tal omisión se derivan deslices notorios en la composición de textos de diverso género. Quizás no sea adrede la intención de asumir ese desdén frente al diccionario, sino ignorancia supina sobre su valor léxico y su modo de usarlo.
Un solo ejemplo ilustrará bien lo que sucede cuando se menosprecia el diccionario. Con ocasión de la conmemoración de los 40 años del sangriento asalto que guerrilleros del M-19 perpetraron al Palacio de Justicia, en Bogotá, salió a «relucir» un vocablo impreciso, semánticamente, para referirse a la labor que cumplió el Ejército colombiano frente a aquella acción terrorista. Muchos periodistas restregaron una y mil veces la palabra «retoma» al indicar lo que los soldados hicieron para lograr que, después de 28 horas de fuego cruzado, finalmente la sede de la Justicia fuera recuperada por las tropas regulares.
Primero es preciso escudriñar detenidamente el verbo tomar, pues tiene 38 significados, por ende, 38 aplicaciones diferentes; cada significado se usa de acuerdo con lo que se quiera decir en una frase. La definición número 14 del verbo tomar indica: «Ocupar un sitio cualquiera para cerrar el paso o interceptar la entrada o salida». Por tal razón, las autoridades y la prensa hablan de tomas cuando se refieren a los asaltos de grupos armados o de gente alzada en protesta social. Ejemplos: «Hombres armados se tomaron el caserío Miralindo y ejecutaron a tiros a tres personas»; «La Embajada de Venezuela en Argentina fue tomada por un grupo armado». No queda duda de que una toma es: «Conquista u ocupación por la fuerza de una plaza o ciudad». (DRAE).
Si un lugar ya había sido tomado por gente en determinadas circunstancias, y vuelve a ser ocupado en una acción similar por el mismo grupo, significará que ha sido retomado. La acción se repite por los mismos autores de la primera vez (la toma). Para despejar dudas o interpretaciones personales (así no funciona la semántica) es necesario leer la definición del verbo retomar: «Volver a tomar, reanudar algo que se había interrumpido», indica el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Ocurre que muchos verbos que tienen el prefijo -re señalan que se duplica aquello que se cita en el sustantivo que lo acompaña: repetir, reincidir, restablecer, reiterar, etcétera; cada vez que se usan, se está señalando que hay repetición de un hecho o situación.
En el caso antes citado (la toma sangrienta del Palacio de Justicia, el 6 de noviembre de 1985) no hubo retoma, que hubiera sido una segunda ocupación de ese edificio por guerrilleros del M-19. No necesitaban hacerlo por cuanto ya lo habían ocupado, lo habían tomado. Retoma sí hubiese habido si, supongamos, en una fecha posterior el mismo grupo hubiese perpetrado otro asalto semejante al primero. Recordemos lo que significa retomar: «Volver a tomar, reanudar algo que se había interrumpido».
¿Qué ocurrió, realmente? Todo el mundo lo sabe, empezando por los periodistas que repiten como loros el vocablo retoma: que soldados del Ejército, al mando del coronel Alfonso Plazas Vega, se enfrentaron a tiros con los terroristas que ejecutaron el asalto, la toma. Después de 28 horas de combate a sangre y fuego, las unidades militares recuperaron el Palacio de Justicia. Del verbo recuperar dice el diccionario: «Dicho de una persona o de una cosa: Volver a un estado de normalidad después de haber pasado por una situación difícil». ¡Clarísimo! Recuperación, no retoma, es la palabra que se ajusta para lo que los periodistas describen, equivocadamente, en sus informaciones.
Reforcemos este aspecto con lo dicho varias veces por el coronel Alfonso Plazas Vega: «El término ‘retoma’ lo acuñó el M-19 para restarle importancia a la gravedad de su acto terrorista. En realidad, lo que hizo el Ejército fue recuperar, liberar, el Palacio de Justicia, asaltado por esos bandidos».
Por respeto a la majestad de la semántica, ojalá los periodistas no retomen aquella imprecisa palabra para referirse a ese y otros casos similares.
