Blanco y Negro. Las delirantes reformas

El Congreso sepultó las reformas pretendidas por el gobierno de Gustavo Petro. Foto Congreso de la República

Por Gabriel Ortíz

Pasada la tormenta llega una calma, irregular e intermite en Colombia, porque nuestros líderes nunca paran sus improperios para frenar las acciones al gobierno de turno. Esto es histórico. 

Hace diez meses Petro consideró que su cambio era la única fórmula para alcanzar el éxito y llevar a nuestra patria a la cima, mientras los otros dirigentes, no admiten que haya pauta, patrón o modelo que iguale sus métodos, prescripciones y preceptos. 

Las reformas que se presentaron como salvación, llegaron a la opinión pública y al congreso como fórmulas únicas para salvar al país, cuando habían ventilado a los cuatro vientos que se debatirían con toda amplitud.

Durante foros, seminarios, debates, coloquios y mesas, llegaban a acuerdos, que nunca se tuvieron en cuenta por parte de la ministra de entonces y los voceros del gobierno. Todo quedaba entre burlas, farsas y artimañas, que se depositaban en archivos o canecas, más no en los textos a debatir. Total: nada de nada. 

No hubo grupos, ni del gobierno, ni de los opositores que ingresaran a las “colas” que soportan los usuarios de la salud, para comprobar la calidad de los servicios y las necesarias modificaciones. 

Todo, desde un principio, estuvo orientado a acabar con las EPS, sin comprobar su eficiencia. Es claro que la corrupción reinante en Colombia, hizo que una mayoría conformada por empresas en las que metieron la mano los políticos, exalcaldes, el exgobernadores y hasta entidades financieras, fueron desastrosas, al punto que quebraron. 

Las que entendieron su razón de ser, se mantienen y hasta resisten los permanentes incumplimientos gubernamentales, producto del corrupto despilfarro.

No se tomó en cuenta el caso de las Prepagadas, que son entidades que ofrecen mayor calidad, aunque a unos precios exagerados. Existe en este sistema un doble pago: el 12% del salario que ordena la ley a todos los asalariados, y el alto costo a las prepagadas. Estas entidades ofrecen un excelente servicio, oportuno y de calidad indiscutible. El pero está en el incremento anual y las limitaciones que se ajustan en la medida en que los usuarios avanzan en edad. Poco las utilizan durante su juventud, pero el peso de los años los obliga a demandarlas, hasta un punto que las pensiones no alcanzan a costearlas. La reforma no contempla reconocimiento alguno para quienes obligatoriamente tienen los dos servicios, liberando al estado de uno de ellos.  

La reforma no tuvo doliente, por falta de diálogos francos y categóricos, sin trampas ni triquiñuelas, que permitan al proyecto de ley ser discutido con rigor y orientado al beneficio de una población que espera el tal cambio. Por ello la gente inunda las calles. 

Necesitamos una patria unida que con metas comunes, nos permitan evitar y controlar la desaceleración que nos amenaza, sacar a media población del desempleo y la informalidad, reactivar el campo y eliminar de una vez por todas la guerra, que ahora nos piden subsidiar. 

BLANCO: Nuestros pueblos abandonados se merecen un paseo del gobierno.  

NEGRO: Nuestros exmandatarios merecen respeto. Por ello es infame que un supuesto periodista haya insultado en plena vía pública al expresidente Iván Duque.   

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