La coalición diversa que eligió a Abelardo de la Espriella y que la mano dura puede romper

Segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, en Bogotá, Colombia. CARLOS ORTEGA (EFE)

Un estudio académico identifica cinco grupos de votantes del presidente; dos rechazan las políticas punitivas y uno defendió el paro de 2021

JUAN ESTEBAN LEWIN

Bogotá – 

Cuando se habla de quienes votaron por el presidente Abelardo de la Espriella, no es muy fácil saber a quiénes se refiere esa expresión. Para entender mejor quiénes fueron esos casi 13 millones de personas que el 21 de junio le dieron la estrecha mayoría sobre el izquierdista Iván Cepeda, tres académicos que participan en una investigación más grande sobre el auge de gobiernos de ultraderecha en Sudamérica estudiaron los resultados de dos encuestas contratadas especialmente para ello en el periodo electoral.

Lo que encontraron Cristóbal Rovira Kaltwasser, de la Universidad Católica de Chile, y Laura Wills-Otero y Jorge Andrés Manrique-Celis, de la Universidad de los Andes, es que ese electorado está conformado por cinco grupos claramente diferenciados. El estudio, financiado por la Fundación Friedrich Ebert (FES) en Chile y publicado este viernes, encuentra que la diversidad entre esos grupos es una amenaza para el proyecto político de De la Espriella, pues ante ciertas decisiones concretas pueden tener posturas o intereses contrarios: cada uno representa deseos, anhelos y motivaciones particulares.

Abelardo de la Espriella en Bogotá el 31 de mayo. MARIANO VIMOS

Ese equipo contrató dos encuestas a la multinacional Ipsos, que las aplicó a 3.000 personas antes de la primera vuelta del 31 de mayo y entre esta y el balotaje final. De ellas, 599 personas que votarían por el hoy presidente revelaron sus características —la edad, la situación económica— y sus posturas frente a cuestiones como el derecho al aborto en cualquier circunstancia, la flexibilización de la tenencia de armas o su preferencia por la democracia frente a un gobierno autoritario.

La imagen general es la de un país que, en su conjunto, se inclina a la derecha. En una escala de 1 a 10, en la que 1 es la izquierda y 10 la derecha, los colombianos se ubican en promedio en 7,47. Quienes estaban dispuestos a votar por De la Espriella llegan a 9,14, muy cerca del extremo, y quienes lo rechazaban se sitúan en 5,79, ligeramente del lado derecho de la escala. Y el estudio no encuentra un trasvase significativo de votantes de izquierda hacia la ultraderecha: más que un realineamiento entre bloques, los datos sugieren un reordenamiento, o incluso una radicalización, dentro del propio electorado de derecha.

Con esos resultados, encontraron que la porción más grande del electorado de De la Espriella, un 30,1%, es lo que llaman una “derecha convencional politizada”. Se trata de votantes conservadores, de perfil tradicional, que rechazan el aborto, prefieren la mano dura o repudian el paro nacional de 2021. En términos colombianos, son personas que en las últimas décadas han apoyado al uribismo; de todos los grupos, es el que tiende a estar conformado por personas de mayor edad y de mayor nivel educativo.

El segundo grupo en tamaño, con un 22,2%, es uno que De la Espriella capturó en la campaña, pero que puede chocar con el primero. La “juventud popular contestataria” coincide con ese grupo conservador en sus posturas frente al aborto, es más moderada frente al uso de la mano dura y, sobre todo, apoya el paro contra la administración del uribista Iván Duque. Más joven en promedio, con muy poco interés en la política, y de estratos más bajos que los demás sectores, este podría alejarse del Gobierno si hay casos de violencia policial contra manifestantes, por ejemplo.

El tercer grupo, el “conservadurismo moral punitivo”, es otro 19,6%, y corresponde a la derecha más dura. Similar a la convencional, se define por su rechazo al aborto y su apoyo a la mano dura. Acá se encuentran quienes han apoyado a figuras como la exsenadora María Fernanda Cabal, y es el grupo en el que están más presentes quienes, en 2022, apoyaron al derechista Federico Gutiérrez antes que al populista Rodolfo Hernández. El estudio encuentra que, de todos los sectores, es al que menos tienden a pertenecer los miembros de iglesias evangélicas.

El cuarto grupo, con 14,5%, es el “tolerante en seguridad, conservador en moral”. Se trata de personas que rechazan el aborto, pero no están de acuerdo con la mano dura en seguridad, lo que los convierte en un sector “difícil de clasificar en los ejes convencionales izquierda-derecha”, según el estudio. Semejante a la juventud contestataria en su postura frente a la criminalidad, se diferencia en que da poca legitimidad al paro nacional, aunque es menos extremo en ello que la derecha convencional o el conservadurismo moral.

Abelardo de la Espriella y sus seguidores en Barranquilla, el 21 de junio de 2026.MARIANO VIMOS

Por último, el 13,6% restante son “mujeres expetristas anti mano dura”, un grupo que comparte con los tolerantes el rechazo a la mano dura y el aborto, pero suma una mayor desconfianza hacia la “ideología de género” y una tendencia a defender el gasto estatal frente a posturas más liberales en lo económico. Es el único grupo con un perfil de género claro, pues en los restantes hay un equilibrio entre mujeres y hombres, y también es el que menos tiende a provenir de los estratos bajos. La otra particularidad es que en este sector es donde hay más votantes de Petro en 2022: aunque no haya un trasvase masivo desde la izquierda, sí hay votantes que se deslizaron hacia la ultraderecha en los últimos cuatro años.

La mano dura es, justamente, la línea que más separa a los votantes de De la Espriella de sus detractores, y una de las que más divide a sus propias bases. Antes de la primera vuelta, el 61,6% de quienes estaban dispuestos a votar por él creía que la delincuencia se resuelve con más orden y mano dura, frente al 47,4% del promedio nacional y el 37,1% de quienes lo rechazaban; solo el 26,8% de sus simpatizantes prefería apostar por educación y trabajo. 

El punitivismo, sin embargo, no es exclusivo de su electorado: el 74,7% de sus votantes cree que la pena de muerte es la sentencia más apropiada para algunos delitos, pero también lo piensa el 72,5% de todos los colombianos. Dentro de su coalición, en cambio, dos de los cinco grupos, los tolerantes en seguridad y las mujeres expetristas, que suman cerca del 28%, rechazan la mano dura, y la juventud contestataria se muestra moderada frente a ella.

La pregunta es qué tan fácil es que De la Espriella mantenga el apoyo de todos sus electores. Políticas punitivas fuertes pueden cohesionar a su alrededor a los votantes tradicionales de derecha, y reforzar el apego de los que responden al conservadurismo moral punitivo, pero alejar a los demás grupos, un riesgo que se exacerba con los jóvenes en el manejo de la protesta social.

Además, el estudio muestra que no todas las iniciativas del presidente encajan con sus votantes. Todos los grupos se muestran tibios frente a la flexibilización de la tenencia de armas, una propuesta que ha deslizado el presidente. También se muestran reacios a políticas libertarias extremas, pues tienden a preferir el aumento del gasto social sobre su recorte. De la Espriella ha dicho que aumentará algunos subsidios, pero ha recortado el dinero para otros. La definición del salario mínimo dará una señal más fuerte de hasta dónde se mantiene esa sintonía.

Hay, al menos, un terreno en el que esa coalición diversa no se divide. El 83,1% de quienes estaban dispuestos a votar por De la Espriella cree que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, más que el 79% del promedio nacional y el 79,2% de sus detractores, en uno de los pocos temas en los que el estudio no encuentra polarización. Pero ese consenso no es un cheque en blanco: para los autores, una victoria electoral no debe interpretarse como un mandato homogéneo a favor de todas las posiciones del candidato. Que su mayoría se mantenga, se transforme o se fragmente dependerá, en buena parte, de cuánta habilidad tenga para atender a la vez a votantes que quieren cosas distintas.

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