Hoy en la Fiesta del Libro de Medellín. Guillermo Angulo: el hombre-jardín

Por Óscar Domínguez Giraldo

Si volviera a nacer, el maestro Guillermo Angulo reencarnaría en jardinero. ¿Será por eso que la Biblioteca Nacional  le editó “El Jardín de Thanatos” que será presentado este miércoles 16 a las cinco en punto de la tarde en el auditorio del Parque Explora?

Tanto las fotos como los “textículos”, como los llamaría León de Greiff, son de Angulo, nacido en Anorí, Antioquia, hace 98 años. “Es la historia de mi jardín que, como yo, se está muriendo. Ya no celebro sino que hago cuenta regresiva. La mayoría de esas flores ya murieron. O sea, solo viven, como nuestros abuelos, gracias a la fotografía”.

Le pregunté cómo se siente ennieteciendo. Respondió que llegó tarde a su destino de abuelo. De su nieto Martín, de 8 años, hijo de Alessanda y Diana, aprendió que en Europa no hay colibríes.

El bromista insigne no es egoísta y comparte la receta de su larga vida: “Cuando tenía 14 años leí en un orinal de Medellín esta frase y la seguí al pie de la letra: Si quieres conservarte fuerte y sano, no des a la mujer lo que tienes en la mano.”

En su ocaso, los médicos le quitaron  “una presa que no sirve para nada, porque no me la reemplazaron con medicinas: la vesícula biliar”. Y hace un doble reconocimiento: “Mi doctora y mi oftalmólogo me han agregado vida”.

A sus hijos Alessandro, cineasta, y Paolo, editor, les enseñó a leer en la revista Play Boy. A los once años, el menor le preguntó al mayor: «Hermano ¿por qué el piano trae teclas blancas y negras?». La respuesta llegó rápido: «Las teclas negras solo se tocan en los entierros».

Anguleto, chapa que le colgó García Márquez, le confesó a la revista Soho que si hubiera escrito sus memorias, las habría titulado Memorias del Alzheimer, con esta dedicatoria: «A don Alois, sin cuya abnegada ayuda estas memorias hubieran quedado plagadas de recuerdos de verdad».

MIS AMIGOS, SÍ HAY A AMIGOS

Su hijo el gatólogo Paolo diseñó la carátula de su penúltimo libro “Gabo + ocho” dedicado “A Vanna en su laberinto”. Al momento de morir, tanto su mujer como Gabo estaban bajo el paraguas del alzhéimer. Cuenta Ángulo que cuando  García Márquez termino de leer “Cien años de soledad” con la enfermedad del olvido a bordo, comentó: “Este man sabe escribir”.

   

MIS AMIGOS, SÍ HAY A AMIGOS           

En “Gabo +8”, editado por Planeta, narra su estrecha relación con el Nobel y con sus mejores amigos.  En esas memorias está consignada buena parte de la historia cultural del país desde su óptica de exquisito escritor.

Desde 1948, le dicen Maestro (la mayúscula nunca le quedó grande). Lo pusieron así sus colegas de grupo Manuel Mejía Vallejo, Alberto Aguirre, Carlos Castro Saavedra y otros. Le tomó las mejores fotos a su paisano el filósofo envigadeño Fernando González quien comentó sobre su arte fotográfico: “Pero…, menos pude pensar que Guillermo…, con su chiverita inocente…, su candor infantil… y su bondad de pan…,  tuviera tan delicada y noble sensibilidad de artista… Y que fuera capaz de comunicarle tanto movimiento y expresión a su arte…”.

También ha sido cinematografista, diplomático, periodista, cronista, orquideólogo, gocetas, traductor, conversador insigne, aventurero, mamagallista de oficio, fan del biólogo fancés Bon Pland, editor. Todo lo ha hecho bien. Dios no es imparcial.

Las Farc lo secuestraron y casi se quedan con él porque les enseñaba a vivir, cocinar, pensar, cultivar; les encimaba clases magistrales de idiomas.  Tiene la sospecha de que el rescate de dos millones de dólares que exigían sus secuestradores – nada de captores- los pagó García Márquez.   En cautiverio descubrió una nueva orquídea, la cereza en la copa de su hoja de vida. 

Fue encargado por el presidente Belisario Betancur de escoger a los doce mejores amigos de García Márquez para que lo acompañaran a recibir el Nobel de Literatura a Estocolmo.

Gabo buscando recuerdos en su jardín. Foto Guillermo Angulo

De don García escuchó esta cartilla: “Ser buen escritor consiste en escribir una línea y obligar al lector a leer la siguiente”.   (Líneas pasadas por latonería y pintura. Fueron publicadas en El Colombiano y en El Tiempo)

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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