Por Óscar Domínguez Giraldo
Las cometas toman la forma del recipiente de tiempo que las contiene: agosto. Si del cuero salen las correas, de agosto salen las cometas que chulunguean “desde la comba altura”. O en el éter, dicho sea en la jerga los crucigramistas.
Las cometas son editoriales de viento y papel, grafitis que se despelucan al aire como esas muchachas coquetas que nos venden un champú por la televisora. Un mes para dejar salir al niño que llevamos por dentro.
Los cosmetólogos, perdón, los cometólogos que tienen el viento como materia prima de su trabajo, aclaran que enero, febrero, marzo, son más propicios para elevar cometas. Por esos días, una cometa en el cielo es tan exótica como un buñuelo en marzo. O un preservativo en una clausura religiosa.
“Novias del cielo”, las llamó el poeta John Sosa. Las cometas andan por las calles de agosto con el tumbao que tiene el viento al caminar. Una nieta le dijo a Gloria Zea: Abuela, las cometas demuestran la existencia del viento. Cito de memoria a Pessoa: Valió la pena vivir solo por ver pasar el viento.
En su libro “Corre que te pillo, juegos y juguetes”, de SM, Pilar Posada, mamá, pedagoga musical, escritora, compositora, cantante, bloguera, mujer de Esteban, el terrible, nos recuerda que las cometas “aparecieron por primera vez en China, hechas de bambú y seda. Servían para medir distancias, estudiar el viento y enviar señales militares”. Este último oficio se los han dado a las palomas mensajeras en las guerras. Mal hecho, porque ellas encarnan la paz con plumas.
Hay cometas que cada 75 años hacen visita de médico. El más celebre es el cometa Halley que ojalá nunca nos vaya a caer en el dedo gordo del pie. Se tiraría el pedicure.
El maestro Germán Arciniega reclamaba la paternidad irresponsable del invento de poner cuchillas en la cola de las cometas para tirarse la del vecino.

Las cometas – botellas arrojadas al mar del aire- viven con la vida pendiente de un hilo que es el cordón umbilical que las ata al viento. Las cometas son alegrías de papel. Debussy, Maupassant, Tolstoi, Goethe, Lavoisier, Hegel, Berstein, mi bella nieta Sofía, carioquita, de 14 años, son cometas de carne y hueso nacidos en agosto.
Mi primera gran pérdida fue un papagayo-cometa cuya pita reventó un &%$#” ventarrón. Setenta años después sigo en busca de mi papagayo hecho por estas manos que ahora teclean.

Dejar una contestacion