
CATALINA OQUENDO B.
Dos semanas después de las elecciones presidenciales, Colombia sigue en tono y ambiente de campaña. Los políticos tensan la cuerda mientras los colombianos intentan acomodarse a la nueva realidad después de la división existencial que supusieron las elecciones en muchas familias. Gustavo Petro sigue alentando su denuncia de fraude, sin presentar pruebas; Abelardo De La Espriella dice, también sin pruebas, que el de Petro es el “gobierno más corrupto de la historia” y que promueve un golpe de Estado.
El empalme, que usualmente era una serie de reuniones aburridas que ni registraban los medios y que a nadie le importaban mucho, se volvió un espectáculo. En un discurso de tipo religioso llamado El Arca de Noé, Carlos Alonso Lucío, que fue guerrillero del M19, asesor de paramilitares y ahora del presidente Abelardo de La Espriella, dijo que llevaban 6 meses preparando la transición y la presentó como una auditoría “anticorrupción”. A pesar de la molestia que generó en el gabinete de Gustavo Petro, las reuniones comenzaron con desconfianza y amabilidad forzada.
El presidente Gustavo Petro seguía escribiendo en su X como jefe de la oposición- en medio del silencio de Iván Cepeda- advirtiendo un supuesto fraude del que no ha presentado soportes y anunciando movilización para el 20 de julio. “El ciudadano estadounidense (por Abelardo de La Espriella) no ganó las elecciones en Colombia, lo hicieron desde un servidor con una IP en Los Ángeles, California, E.E. U.U. de los hermanos Bautista”, dijo Petro. Días atrás, el senador Cepeda anunció una “desobediencia civil pacífica” si De La Espriella no renuncia a su nacionalidad estadounidense y no cesa su persecución judicial a Petro. Todavía no es claro cómo aplicaría esa desobediencia en la práctica.
Sin embargo, un tuit de Lucio tras una entrevista el domingo terminó por dinamitar los puentes ya frágiles. “Gustavo Petro debe ser juzgado”, escribió el político en su cuenta de X. Lo dijo también en referencia a la promesa de campaña de De La Espriella de que el mandatario enfrente un proceso judicial e incluso sea extraditado a Estados Unidos. Horas antes de una reunión de empalme, Petro aseguró que no reconoce la legitimidad del gobierno entrante. “Abelardo no ganó las elecciones”. El presidente de Colombia acepta de acuerdo a (sic) la decisión de los colombianos es el filósofo Iván Cepeda”, dijo Petro.
La transición saltó por el aire y se convirtió en guerra abierta. El presidente electo Abelardo de La Espriella decidió suspender el empalme con el que llama el gobierno más corrupto de la historia y habló de “golpe de Estado”. “Le pido como presidente electo a las fuerzas armadas que cumplan con su juramento proteger la Constitución y la democracia y no obedecer ninguna orden que Petro les esté dando en ese sentido”. “No podemos estar sentados a la mesa con una banda de golpistas y corruptos”, agregó.
Mientras el país se preparaba para el partido de Colombia en el Mundial, en redes sociales parecía decidirse el futuro democrático. Petro confirmaba que, como lo exige la Constitución, entregará el poder el 7 de agosto y De La Espriella anunciaba más ministros. Todos nombres conocidos de siempre en la política colombiana: la exalcaldesa de Barranquilla Elsa Noguera en Transporte; el exsenador y aliado de la casa Char Mauricio Gómez Amín en Comercio; el exalcalde de Bucaramanga Jaime Andrés Beltrán en Vivienda; el abogado Iván Cancino en Justicia; Juliana Gutiérrez, hermana del alcalde de Medellín, en Deporte; y la exfiscal Viviane Morales en Educación.
Días atrás presentó al general retirado Jorge Eduardo Mora como ministro de Defensa, anunció que quiere tomar posesión en una guarnición militar y la creación de un “bloque de defensa para la seguridad ciudadana”. Sin mayores detalles sobre quiénes lo integrarán, la sola palabra “bloque” que usaban las autodefensas unidas de Colombia, cuyo asesor fue el hoy presidente electo fue asesor, activó en la memoria el fantasma del paramilitarismo.

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