Por Óscar Domínguez Giraldo
Nunca supe que era tan buena gente hasta cuando respondí las preguntas contenidas en el formulario de solicitud de visa de no-inmigrante para ingresar a USA que hoy 4 de julio está cumpliendo 250 años del aniversario de su independencia. Comparto los noes que dí y, entre paréntesis y subrayadas las justificaciones que les oculté a los sabuesos del dueto CIA-DEA:
– ¿Ha sufrido alguna vez una enfermedad contagiosa de alto riesgo para la salud pública, o un desorden mental o físico peligroso, o ha sido adicto, o ha abusado de las drogas?
No . (Las preguntas poco tienen que ver unas con otras. Es como si le preguntaran a uno al mismo tiempo si es ateo y creyente. En cuanto a mi salud, es tan buena queme declaro candidato a morir aliviado. La enajenaciónmental tampoco ha sido mi fuerte pero compadezco a quien no tenga una mínima cuota de locura para sobrevivir. Confieso que por prescripción médica llevo mi dosis personal… de acetaminofén a todas partes para espantar posibles maluqueras).
– ¿Ha sido arrestado o convicto por cualquier delito o crimen aun cuando se beneficie por un perdón, amnistía u otra acción legal?
- No. (Nunca he pagado cana. Siempre he tenido la libertad por cárcel. Como no me gusta robarle a pobres que lo único que tienen es plata, no me robé ningún cenicero la vez que visité la Casa Blanca y Blair House, el desnucadero que tienen los presidentes norteamericanos para impresionar a sus visitantes. Mi cara de gil debe estar en los archivos de la DEA y la CIA. No entré por el sótano, no señores, lo hice por la entrada principal que da a la Avenida Pensilvania. Como enviado especial de Todelar, cubrí la firma de los tratados Torrijos-Carter. En cuanto a perdones, siempre he creído que mentimos impunemente en esa parte del Padrenuestro que dice “…así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…». Si de verdad perdonáramos, y lo que es más difícil, olvidáramos, viviríamos en paz. Dicho de otra forma: hay que perdonar y encimar olvido).

– ¿Ha sido alguna vez traficante de substancias controladas (drogas), prostituta o proxeneta?
- No. (He sido traficante de sueños. A mis hijos les pagaba por sueño contado, copiándome de mi taita que nos pagaba por diversos menesteres. Soñé con ser interior derecho del Atlético Nacional cuando esta plaza existía dentro de la burocracia balompédica. De niño quería ser bombero o policía de la esquina. Nunca he sido prostituta pero no sólo por motivos fisiológicos. Soy periodista -otro antiguo oficio-. En cuanto a lo de proxeneta, sería incapaz de ejercer un oficio que suena tan mal al oído).
– ¿Ha tratado de obtener visa … de ingreso a Estados Unidos mediante fraude o tergiversación voluntaria?
– No. ( Revalidé el documento para seguir de cerca el sueño americano. Quiero aprender a trabajar con la plata del mister. O sea, hacer lo mismo que ellos han hecho, pero al revés).
– ¿Ha sido deportado de Estados Unidos en los últimos cinco años?
No. (Varias veces he estado en Usa. Recuerdo la vez que salí de Miami por mis propios medios, arriando first class en un avión lechero de Avianca cuya tripulación fue ruidosamente aplaudida por colombianos nostálgicos y estrepitosos cuando “una voz varonil dijo que pronto” que “pisábamos” cielo colombiano. En Nueva York escuché jazz en Blue Note y me dormí en una obra de teatro en Broadway. Me habría gustado almorzar en el desaparecido restaurante El 21 pero ni con los viáticos de todos mis viajes habría podido pagar la entrada).
– ¿Intenta ingresar a los Estados Unidos para participar en la violación del control de exportación, actividades subversivas, terroristas, o cualquier otro propósito ilegal?
No. (Tranquilos, hermanos gringos. Con el roquero español Joaquín Sabina, les aseguro que soy un anarquista que respeta el semáforo).
– La pregunta siguiente es más larga que una semana sin parque. Indaga si el aspirante ha tenido que ver con el régimen nazi o si ha participado en algún genocidio.
La respuesta es otro rotundo NO.
(Cuando yo nací, años 45, Hitler salía rumbo al basurero de la historia, desprestigiando todos los basureros. O sea, nada que ver. En cuanto a la segunda parte, en mi condición de único varón domado que habita mi casa, me corresponde cometer «genocidio» … pero de zancudos cuando están en cosecha, procurando no despertar a mi bella durmiente de al lado).
– ¿Es usted miembro o representante de una organización terrorista?
No. (Siempre me faltarán ropita, hígado e ideología para ser terrorista. No quiero que por dentro de mí asusten. Soy marxista línea Groucho, no Carlos. No les quito más tiempo).
Ñapa 1
COLA PARA LA VISA
Hacer cola y protestar son dos de los grandes pasatiempos colombianos. Aquí hay que hacer cola hasta para morir. Cómo será de jarto hacer cola que hay personas y empresas que se dedican a hacerla por otros. En Japón diseñaron una silla que hace cola por su propietario.

Llueva, truene, relampaguee o con mucho sol son las largas filas para obtener visa USA en la embajada de los Estados Unidos en Bogotá. Foto Voz de los Estados Unidos/Google
Solo hay un sitio donde nadie protesta cuando hace fila. Ese lugar único es la embajada de Estados Unidos, en Bogotá. Todos allí somos mansas palomas. A nadie se le ocurrirá pegarle el grito al gringo -o al paisano- de la ventanilla para que apure. Ni modo de decirle que trabaje que para eso le paga el Tío Sam.
No, el que va a pedir la visa hace cursillo para santo Job y espera sin chistar. Inclina la dura cerviz. Humildad, mi negro. El sueño americano se merece esa y todas las esperas.
¿Que no se puede tener activo el celular? Haberlo dicho antes. El cachivache permanecerá silenciado el tiempo que sea. El que manda manda aunque mande mal.

Todo está perfectamente organizado por la embajada. La congestión de gente en la fila no importa, es por la visa USA. Foto Google
¿Qué lo convocan a una hora determinada y lo están llamando horas después? De malas. ¿Que la foto que llevó no deja al aire sus espléndidas orejas de conejo para que la CIA o la DEA lo rastreen por esos apéndices? Pues a repetir fotos. Las orejas como que contienen información privilegiada. Los hermanos pudientes del norte como los llamaba el general Torrijos, siempre tienen la razón de la sinrazón.
Nadie se atreve a moverse de su sitio ni espantar una mosca que se amañó en el pescuezo; tampoco, pensar mal del inquilino de turno en la Casa Blanca, por temor a que lo llamen y se pierdan chicha, calabaza y miel.

Ya casi. En la carpa le dirán como ingresar al edificio de la embajada para llegar al lugar de espera a ser llamado a una de ls ventanillas. Foto Google
El colombiano que aspira a largarse solo tiene ojos y oídos para el tirano de la siniestra ventanilla. Sabe que en su casa, la primera línea de sus afectos espera la llamada cuando abandone la embajada. Por la cara que exhiben los que abandonan la embajada se adivina fácilmente si podrán o no tomarse selfis con Mickey Mouse o el Pato Donald.
Ñapa 2
Testimonio de una familia
Comparto el testimonio de una madre de quince hijos (son menos, pero es para despistar a la CIA) que anduvo por la embajada gringa sacando visa:
Los nervios – cuenta- empiezan desde la noche anterior. Sueña uno con la entrevista, si logra dormir. Si no duerme, sueña despierto.
Los nervios te hacen llenar mal el formulario. Mi Adalberto Epaminondas (su nombre ha sido ligeramente alterado) escribió donde le preguntan por el sexo: femenino. Esto me hizo doler la cabeza porque de pronto niegan la visa por incoherencias.
Cuando uno llega a la embajada, en la mañana, bien desayunado, todo organizado, con los mejores chiros (que no se vea la pobreza), empiezan más fuertes los nervios porque te reciben muchachas colombianas, aceleradas, que revisan los formularios. Te dicen a uno en letra pegada lo que debes corregir.
No me atreví a pedirle que me repitiera las instrucciones porque de pronto me colocaba alguna señal para que los gringos me negaran la visa.
Preguntan cuáles vienen por convenio, o recomendados por una empresa. Nos tocó una fila pequeña. Nos colocaron unos papelitos color azul en la camisa, a otros color verde, a otros, amarillo.
Empiezan las filas. La primera, en la ventanilla 14 para los de convenio. Nos hicieron parar ahí como hora y media con la ventanilla cerrada. La gente ni se atrevía a sentarse.

Luego de que se abre la ventanilla revisan los pasaportes, registro civil de matrimonio, registros de los niños, verifican las firmas de la carta de la empresa y las fotos.
A mi me hicieron salir a repetir la foto porque tenía mucho pelo en las orejas. De nuevo a entregar el pasaporte. Y a esperar otra media hora para hacer fila en la ventanilla 15 para tomar la huella digital.
Siéntese otra vez. No nos atrevíamos a ir al baño ni a la cafetería. Entonces quietecitos unas dos horas más para la entrevista con la cónsul en la ventanilla 18.
Habló mi marido. Yo a su lado, cómplice, mostrándole seguridad a la doña. Le preguntó a mi adorado Epaminonadas si había tenido problemas con la justicia americana o colombiana. Fue muy insistente. Lo miraba a los ojos. Quería ver si se ponía nervioso. Pero no, mi Epami estuvo muy seguro. Lo amo.
La doña se ponía los dedos en la boca y miraba a la pantalla, buscaba y miraba a Epami y qué nervios. Por un momento pensamos: hasta aquí nos trajo el río.
Al final nos dijeron: todo está listo, pasen a Domesa (la empresa de correos que también hace su agosto).

Con la cuota inicial del «sueño americano» en las manos. ¡Qué alegría!
Sale uno con el corazón henchido de la emoción. Con una sonrisa que no le cabe en la cara. Y ahí termina la odisea, pero gracias a Dios no se perdió el tiempo ni los casi cinco melones (millones) invertidos. ¡Mamá, triunfamos!

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