Viernes de los perfiles: El avivato

Avivado como marioneta. Foto ODG

Por Óscar Domínguez Giraldo

Este otro espécimen del zoológico colombiano es el eslabón pedido entre el lagarto y el sapo. El eslabón encontrado entre el arribista y el sacamicas. Todos ponen en la hechura de este espécimen del parque jurásico criollo. Con ninguno -y con todos- se identifica.

Nada en todas las aguas. Vive como corcho en remolino. Nunca se sabe si va o viene. En las campañas políticas se encienden las alarmas cuando irrumpe. No logran descifrarlo. 

Si hay que cambiar de candidato, lo hace con tan exquisita sutileza que ni él mismo se da cuenta. Los tránsfugas de hoy bebieron en su extensa biografía. ¿O será al contrario?

Nunca pierde. Tampoco arrebata. No le interesa hacer ruido. Sus golpes son incoloros, inodoros, indoloros. Actúa desde el silencio. Como con anestesia. Eso garantiza el éxito del golpe. También así  minimiza algún posible revés. No está hecho para la derrota. Si hay que traicionar, saca el Judas que lo habita.

Foto ODG

El avivato es el rey de las colombianadas: se cuela en la fila, si tiene una oportunidad entre un millón de pasarse el semáforo en rojo, lo hace. Es manirroto con lo ajeno.  Aprovecha cualquier papayazo. No da papaya.

Tiene moral elástica, de acróbata circense. Eso le permite venderse al mejor postor. O impostor. Cambia de principios, según el estado del tiempo. “Si no le gustan mis principios se los cambio por otros”, dice con Marx (Groucho, no el barbuchas del Carlos).

Bordea el código penal. No necesariamente lo viola. Casi es inteligente. Elogia sin empalagar. Mide los adjetivos. Tiene claro que adjetivo que no mata, engorda.  

Es un espléndido vividor. También lo retratan voquibles como vivo, vivaz, vivaracho. De pronto reencarna en “gigoló” en su acepción de mantenido. Así mejora su currículo.  Asume que se lo merece todo. No necesita plata. Le basta la que tienen los demás. O las demás, porque la mujer, además de musa, es óptima fuente de “ingresos”. Su gallinita de los huevos de oro.

Colabora en la corrida de un catre. Hasta en eso ve una magnífica posibilidad de sacar partido. No deja para mañana el tumbao que puede hacer hoy. Colombia, “país de avivatos”, sintetizó Alberto Lleras en demoledor ensayo.

Si es necesario manda flores. Lo hace por negocio. La coquetería no es su fuerte.  No da puntada sin dedal. No tiene amigos sino intereses.

No se excede en el licor. Su lengua  podría traicionarlo, desmontar la tramoya. Correveidile, lleva y trae.

Procura ahorrarse enemigos. Así no se compromete. Es autosuficiente. Por si acaso,  desconfía de sí mismo. Miente  por accidente. O por azar. Tiene claro que el mentiroso debe tener muy buena memoria.  Maneja múltiples discursos. Los sopla de acuerdo con el interlocutor. Lo aprendió de sus pares, los políticos.

Nuestro personajete detesta la voz avivato. Le parece displicente. No le hace justicia. La vida no es fácil, piensa. Y vuelve a las andadas.

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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